Siembra semillas de paciencia y perseverancia en tu hijo. ¡Dará los mejores frutos!

¿Notaste que tus hijos tienen una noción del tiempo difusa? Fíjate que no pueden calcular el tiempo transcurrido, no entienden el significado de las palabras “luego” o “más tarde” y emplean mal frases como “mañana” o “el próximo mes”. Menos aún dominan nociones como “paciencia y perseverancia”.

Estos son conceptos cuyo aprendizaje lleva años para los niños, por lo que suelen ser impacientes e inconstantes. Afortunadamente, es posible fomentar en ellos paciencia y perseverancia, aunque las nociones relacionadas a la constancia y el esfuerzo no son una lección fácil de aprender.

Según la Asociación Mundial de Educadores Infantiles, actualmente es necesario motivar en los niños la capacidad de autocontrol que puedan soportar los esfuerzos propios de la vida en sociedad. Paciencia y perseverancia, dos claves para alcanzar lo que uno se propone y solucionar dificultades cotidianas.

Descubre en este artículo cómo sembrar semillas de paciencia y perseverancia en el niño para lograr un esfuerzo continuo capaz de dar los frutos más dulces y hacer florecer el éxito personal de tu hijo en su vida adulta. Estos valores lo dotarán de fortaleza, estabilidad y confianza en sí mismos.

Ganar en paciencia y perseverancia

Es regla general la intención de inculcar en tu hijo paciencia y perseverancia no escapa a esta norma: “predicar con el ejemplo”. Entonces, los padres o formadores del chico deben transmitir estos valores mediante sus propias acciones: sé constante en tus actividades y mantén firmeza frente a las dificultades.

La idea es que el niño vea en nosotros cierto compromiso y decisión con nuestras tareas y metas, enfrentando cualquier reto sin miedos. Pues la fuerza de voluntad y el esfuerzo se entrenan diariamente, convirtiendo nuestro comportamiento frente a la vida en el mejor de nuestros hábitos.

Por eso, se dice que cuando el menor llega a comprender los motivos por los cuales debe hacer algo y siente motivación para hacerlo, el hábito del trabajo y el esfuerzo se convierte en un valor capaz de dirigir su conducta y las decisiones que tome para su vida.

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Y aquí es donde aparecen en juego un dúo fundamental en la vida de toda criatura o adulto: paciencia y perseverancia. Es menester una motivación y constancia que predisponga al chico a esforzarse en pos de alcanzar los objetivos previamente fijados.

Los expertos señalan que a través de una exigencia y firmeza adecuadas, los padres pueden desarrollar la capacidad de trabajo y esfuerzo en niños, mientras estimulan valores fuerza de voluntad, resistencia a la frustración, constancia, responsabilidad, paciencia y perseverancia, entre otros.

Comprensión mata imposición

Resulta vital que el niño comprenda el sentido y los beneficios que conlleva ser paciente y perseverante, no que obedezca órdenes e imposiciones sin siquiera cuestionarlas y reflexionar sobre sus ventajas. Por eso el niño debe evaluar si la exigencia del adulto responde a sus intereses y si cree poder cumplirla.

Contrariamente, cuando no hay comprensión, se cae en la imposición de una exigencia impartida por el adulto, manifestada en forma de amenazas o de consecuencias por incumplimiento. Esta técnica nunca generará motivación en el niño, por lo que no promoverán su esfuerzo, paciencia y perseverancia.

Como estos valores se desarrollan al interior del ceno familiar, los mayores tienen que acompañar y ayudar al niño facilitando un hogar seguro, afectivo, motivador y alegre donde no se perciban quejas, excusas y lamentaciones ante las obligaciones y responsabilidades.

Ámbitos en los que mi hijo puede aprender a ser paciente y perseverante

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Existen diversos ámbitos y lugares donde el niño puede aprender a ser paciente y perseverante, así como también existen determinadas actividades que fomentan estos dones y valores en los más chicos. Algunos de ellos son:

  • Los deberes y el estudio.
  • Los problemas y dificultades.
  • Jugando, ya sea perdiendo o ganando.
  • Fijando metas y alimentando ilusiones.
  • Contando con el incondicional apoyo de sus sus padres.
  • Aprendiendo de las experiencias buenas y malas.
  • Comprendiendo que la única batalla que se pierde es la que se abandona y que, quien abandona, no tendrá premio. Pues vale la pena luchar por lo que uno quiere.
  • Considerando éxitos y triunfos como la mayor fuerza motora.
  • Recibiendo la valoración y el reconocimiento adecuados por sus buenas acciones y logros.
  • Identificando errores y fallos a fin de no repetirlos.
  • Realizando algún deporte y mediante tareas en equipo.
  • Con la motivación, el impulso y estímulo de sus mayores.
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