¿Se deben premiar las notas de los niños?

Francisco María García · 28 noviembre, 2018
Aunque para los padres es una verdadera alegría que los hijos saquen buenas notas en clase, no es una técnica aconsejable establecer una relación de causa-efecto entre notas y regalos. Lo realmente importante es saber potenciar el hábito de la responsabilidad en ellos.

El hecho de que los hijos se esmeren en sus tareas escolares y saquen buenas notas es una alegría para todo padre. De hecho, los éxitos de los hijos son, en parte, logros de quienes diariamente los cuidan y les ofrecen posibilidades de estudio y aprendizaje. ¿Cómo expresar ese orgullo, esa satisfacción? ¿Se hace bien al premiar las notas de los niños?

En este dilema, no se puede dejar de lado que cada persona posee más un tipo de inteligencia —emocional, espacial, lingüística, musical, etc—. De modo que las buenas o malas calificaciones se enmarcarían como una parte dentro de la amplia gama de potencialidades que configuran a una persona.

Esto quiere decir que una ‘mala nota’ en un área de estudio no debería preocupar a nadie, en tanto se desarrollen las demás potencialidades del niño.

Sin embargo, aún la nota parece definir a los niños, como si cuanto más alta es, mejor será la persona que las obtiene. ¿Qué decisión tomar con respecto a las calificaciones de los hijos, en una sociedad meritócrata?

Como se puede vislumbrar, la cuestión de premiar las notas de los niños tiene de base profundas implicancias éticas y políticas. Se trata de pensar qué tipo de sociedad se desea y qué modelo de ciudadanía se proyecta al criar a los hijos.

Premiar las notas de los niños: posiciones a favor

Cuando un padre da un premio al hijo que obtuvo buenas notas en la escuela, lo que intenta decirle es que el esfuerzo, la perseverancia y el trabajo duro dan sus frutos. Es evidente que a cualquier persona le agrada recibir un reconocimiento por un trabajo bien hecho: desde premios para artistas hasta bonos para ejecutivos.

En estos casos, el premio es una motivación, un incentivo. Incluso hay quienes planifican el regalo junto con los hijos, eligiendo cuidadosamente durante todo el año aquello que realmente el niño disfrutará.

De esta manera, se produce un intercambio positivo y se estimula el pensamiento a largo plazo. Sin embargo, habría que ver qué pasa si el niño se esfuerza y, aun así, no lo consigue.

El síndrome postvacacional en niños es algo que afecta a un número muy elevado de alumnos al reanudar los horarios habituales.

¿Por qué no habría que premiar las notas de los niños?

Cada caso es particular; cada niño, cada esfuerzo y cada padre. Quizá no se trata de dar respuestas tajantes, sino de buscar alternativas. La de acompañar el proceso de aprendizaje de los hijos de manera constante es una opción más que válida. El niño o joven que sabe que tiene un respaldo, ganará confianza a la hora de sentarse con los libros.

De manera puntual, un argumento contrario a premiar las notas de los niños es que, con el regalo, se les quita sentido de responsabilidad. Hay casos extremos de padres que dan dinero a sus hijos por cada vez que completan sus tareas. Estas acciones, que a simple vista parecen amorosas y preocupadas, parecen tener en realidad un trasfondo diferente.

“Aún la nota parece definir a los niños, como si cuanto más alta es, mejor será la persona que las obtiene”

Si un padre desea que su hijo adquiera conocimientos y rinda adecuadamente en el colegio, ¿no debería estar sentado junto a él? ¿De qué manera se le ayuda si solo recibe dinero o juguetes por su esfuerzo?

Aquí aparece otra cuestión importante a la hora de tomar la decisión sobre si premiar la nota de los niños: se subestima la necesidad humana de demostrar, a sí mismo y a su entorno, que sí se puede.

El objetivo de sacar buenas notas

El hábito de premiar las notas de los niños periódicamente puede ser, además, un poco confuso. Por un lado, el niño llegará a sentir que los padres son una suerte de deudores morosos que tienen que obedecer sus caprichos. De modo que el dulce y tierno estudiante acabaría siendo el principal tirano de la casa.

Los premios funcionan como las amenazas: no se hacen las cosas bien por gusto, sino para no ser castigados.

Otro motivo en contra de los premios es que estos acaban volviéndose un fin en sí mismos. El niño no estudiará para conocer y aprender cosas nuevas, sino para recibir su regalo o sorpresa.

El esfuerzo pierde su valor, el niño pierde su autonomía. En este sentido, los premios funcionan como las amenazas: no se hacen las cosas bien por gusto, sino para no ser castigados.

En conclusión, la responsabilidad sobre la educación es de los padres. Mandar un hijo a la escuela no implica desentenderse de su formación. Al contrario, diariamente padres e hijos deben sentarse, repasar lo dado en clases, conversar sobre distintos puntos de vista acerca de un tema, y lo que surja cada día.