¿Rivalidad entre hermanos? Consejos para manejarla

Podemos hacer mucho cuando se trata de actuar ante las peleas entre hermanos, como también existen maneras de prevenirlo; pero por lo general, los padres no sabemos cómo manejar esta situación. Antes que todo es fundamental aprender a ser justos, porque la rivalidad entre hermanos puede ser normal, pero muchas veces nosotros mismos la promovemos con nuestra actitud.

Por mucho tiempo las familias se acostumbran a convivir con las riñas entre los hijos, lo cual es más o menos lo mismo en muchos hogares; sin embargo existen dos razones principales para estar atentos en estos casos. Una es que las cosas se hayan puesto imposibles de controlar y la otra es que la tranquilidad no tiene precio.
El no saber cómo manejar la rivalidad entre hermanos, también es uno de los motivos por el cual se deja a los niños pelear sin intervenir. No obstante, sabemos que son los padres quienes deciden cómo actuar en estos casos, nadie mejor que ellos para conocer los métodos a utilizar para solucionar estos inconvenientes, aunque a veces es posible que con ignorarlos sea suficiente.

Principales causas de la rivalidad entre hermanos

Como ya lo hemos dicho, estas riñas pueden ser normales; son más frecuentes en aquellos hermanos cuya diferencia de edad es corta, pero es muy común también cuando se trata de un niño entre los tres y los cinco años con respecto al bebé recién nacido. No obstante, la etapa más difícil de sortear viene siendo cuando se trata de adolescentes.

Las causas de esta rivalidad son múltiples, pero básicamente se concentran en la necesidad de atención y/o preferencia de los padres para con ellos. También podrían ser motivas por la manera en que los padres están actuando o tan solo por un problema de personalidad.

Disputarse la autoridad es un motivo relevante cuando se trata de niños con cualidades de líder, esto empeora si ambos tienen este rasgo. Pero en general las disputas surgen a partir de cualquier elemento de uso común: un juguete, la ropa o el televisor; pero la raíz del problema siempre es de tipo personal.

 

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Esta situación puede mantenerse por mucho tiempo o puede pasar rápido, pero se acentúa cuando los padres enfocan su atención a un hijo más que al otro, aunque sea por una razón comprensible, como que está recién nacido, porque está enfermo o tiene algún problema.

Las consecuencias de la rivalidad entre hermanos

Cuando los enfrentamientos son inofensivos, no habrá consecuencias graves; al contrario favorecen el desarrollo de la personalidad y les proveen herramientas para relacionarse mejor con otras personas. En estos pequeños pleitos, pueden aprender a negociar y fortalecer sus mecanismos de defensa.

No obstante, es preciso tratar de detenerlas, evitarlas e intermediar todo lo que sea posible, pues no sabemos hasta qué nivel puede llegar el conflicto. Los niños deben saber que son familia, que siempre serán hermanos y deben respetarse.

¿Cómo manejar la rivalidad entre hermanos?

Recordando lo antes dicho, aunque las peleas no son totalmente dañinas, se hace necesaria una convivencia saludable, por eso los padres debemos ser la guía para mejorar esta situación. En tal sentido, aún cuando los problemas no nos parezcan del todo graves, no quiere decir que sean sanas o que podemos actuar de manera poco prudente.
Entre las recomendaciones que podemos tomar se encuentran las siguientes:

  • Las reglas deben estar claras. Además es muy valioso que sean justas para todos los miembros de la familia por igual, mientras que sea posible.
  • Estar vigilantes ante las peleas, para poder intervenir oportunamente si acaso llegaran al maltrato físico o verbal. Pero lo mejor es dejarlos resolver sus desacuerdos por sí mismos.
  • Si por casualidad ya se han enfrentado físicamente, es recomendable separarlos calmadamente, sin gritos y sin sermones hasta que no se tranquilicen. Luego de que estén calmados, podemos invitarlos a resolver su discrepancia.
  • Evitar en todo lo posible tomar partido por alguno de ellos, aún cuando notemos que alguien ha sido el perjudicado, pues esto implica que se acentúen la rivalidad, sobre todo sabiendo que la atención de los padres es algo que siempre reclaman.
  • Es una prioridad dar el ejemplo a los niños, esto implica que la corrección que estamos aplicando no favorezca su actitud. Es decir si ellos se han agredido físicamente o han gritado, no deberíamos hacer lo mismo al corregirlos.
  • Es útil promover el trabajo en conjunto, planificar actividades que los obliguen a unirse por su propia voluntad. Un juego familiar donde ellos sean miembros del mismo equipo, los puede ayudar a buscar intereses comunes.

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  • Lo principal en estos casos es que exista la justicia, muchos problemas los podemos solucionar e incluso evitar si actuamos adecuadamente en este aspecto.
  • Para mantener el equilibrio, evitemos caer en comparaciones y preferencias; conseguir elogios acertados para cada uno y no por obligación o para no hacer sentir mal al otro.
  • Explicar a los niños que no son buenas las peleas y elogiarlos cuando tengan una buena actitud.
  • La paciencia, el respeto y la tolerancia deben ser valores prioritarios tanto para ser enseñados a los niños, como para que sean practicados por los padres.
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