¿Qué hago si mi hijo tiene angiomas en la piel?

Francisco María García · 22 septiembre, 2017

El angioma o hemangioma es una lesión rojiza, superficial o profunda, que usualmente se presenta como un bulto rojo sobre la piel. Algunos niños nacen con ella y es muy raro que aparezca en adultos. Generalmente se localiza en los ojos, nariz o boca, pero en realidad los angiomas pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo.

Se estima que entre un 8% y un 10% de los niños lo padecen, pero no hay cifras exactas al respecto. En todo caso, un gran porcentaje de niños que tienen angioma en el primer año de vida se curan espontáneamente durante los siguientes años de su infancia.

En términos más técnicos, el angioma es un tumor benigno. Se piensa que es un defecto del desarrollo y que pueden incidir los factores hereditarios en su formación. El tumor está conformado por un grupo de vasos sanguíneos, ya sean capilares, venas o arterias. Todo ello en conjunto forma una especie de ovillo sobre la piel. El angioma no se convierte nunca en un tumor maligno.

Algunos estudios han establecido que los angiomas son más habituales en los niños prematuros o en bebés que registran muy bajo peso al nacer. También se sabe que por cada niño varón que lo padece, hay tres niñas que tienen angioma.

La mayoría de los angiomas desaparecen de forma natural

Tipos de angiomas

El angioma puede ser superficial o profundo. Siempre que creas que tu hijo puede tener un angioma que le cause daños, es mejor que consultes a un especialista para que diagnostique el problema de una forma más precisa y determine su nivel de gravedad.

De acuerdo a su localización y a la forma en que evoluciona con el tiempo, los angiomas se clasifican en dos tipos:

  • Tumores vasculares. Este tipo de angiomas posee relieve. Inicialmente tienen un rápido desarrollo, pero luego desaparecen paulatinamente sin ningún tratamiento, es decir, de forma espontánea.
  • Malformaciones vasculares. Se presentan como manchas en la piel sin relieve. Con la edad se vuelven más oscuras y no desaparecen por sí solas. Casi siempre aparecen en la cara y se corresponden con malformaciones capilares.

El angioma típico es el tumor vascular. Este tiene una fase proliferativa y una involutiva. En la primera se da el proceso de crecimiento del tumor; es rápida y normalmente se produce durante los primeros nueve meses de vida.

La fase involutiva corresponde a la etapa en la que el angioma va desapareciendo. Se ha establecido que se diluye en distintas proporciones según la edad, de esta manera:

  • A los 3 años, hasta el 30% de los niños ya no lo tienen.
  • En los 5 años, hasta el 50%.
  • Niños de 7 años, hasta el 70%.
  • Al cumplir 9 años, hasta el 90%.

 Tratamiento del angioma infantil

Cuando se trata del tumor vascular típico, no se suele aplicar ningún tratamiento, ya que tiende a desaparecer por sí solo. Por lo general este tipo de tumores no representan ningún riesgo para la salud, por eso simplemente se aconseja dejar pasar el tiempo, aunque manteniendo una actitud vigilante.

Sin embargo, en algunos casos el angioma sí requiere de tratamiento médico. Básicamente cuando se produce en las siguientes circunstancias:

  • Si el angioma es muy agresivo y ocasiona dificultades psicológicas en el niño.
  • Cuando crea problemas en otro órgano, como por ejemplo aquellos que están cerca del ojo.
  • Cuando se localiza en la zona del pañal, ya que podría originar ulceraciones complicadas.
La mayoría de los angiomas no presentan ningún riesgo para la salud

En caso de que el angioma se localice cerca del ojo, podría ocasionar problemas de visión. Si se ubica junto a la boca, suele dar lugar a dificultades en la deglución. Cuando está cerca de la zona del pañal, causa ulceraciones que son sumamente dolorosas y difíciles de erradicar.

El tratamiento clásico es la administración de glucocorticoides en distintas cantidades. Lo usual es que se receten dosis altas durante algunas semanas. Este tipo de medicamentos tienen efectos secundarios, como dificultades para conciliar el sueño o trastornos gastrointestinales.

Complicaciones

Los angiomas superficiales son los más fáciles de tratar y también los más habituales. Sin embargo, como ya hemos mencionado, a veces son profundos y pueden manifestarse como manchas que ocultan protuberancias bajo la piel. En esos casos, debe consultarse al especialista para que precise el diagnóstico y señale los pasos a seguir.

Lo habitual es que esas malformaciones vasculares-capilares se traten mediante terapias con láser. Son procedimientos muy seguros y casi siempre indoloros. Además, tienen la ventaja de que rara vez dejan una cicatriz en la piel.

Por su parte, solo en el 1% de los casos los tumores vasculares originan complicaciones severas. Ese porcentaje se corresponde con quienes mueren a causa de efectos secundarios provocados por un angioma típico.