Qué hacer si el que acosa es tu hijo

Amanda · 15 diciembre, 2015

Tanto el acosado como el acosador pueden verse afectados en sus vidas futuras por el mismo hecho; pero por lo general nos preocupamos por atender a las víctimas, sin considerar que el agresor también es un niño que necesita atención. No obstante, los padres de los niños acosadores, son quienes cargan con esta responsabilidad casi en solitario.

Es común entre los padres del niño acosador negar de antemano la posibilidad de que esto sea cierto. Resulta bastante difícil aceptar que tu hijo tiene un problema y ha generado problemas a otros. En gran medida los acosadores manifiestan esta conducta debido a inestabilidad familiar, por eso también es frecuente que se encuentre desatendida la situación.

Podemos hablar de niños agresivos en sus casas, donde casi nadie se interesa en tratar este problema, por lo cual lo trasladan a la escuela. Pero también existen casos, donde el niño sufre una crianza estricta, es maltratado en casa y no tiene oportunidad para expresar sus sentimientos; entonces lleva esta frustración a otros lugares, pero de una manera violenta.

En estos casos la intervención es responsabilidad paterna, son los progenitores quienes deben confrontar esta situación, pero lo principal es aceptar el problema con sus consecuencias. Es preciso señalar que un niño acosador, seguramente puede sufrir secuelas en su vida adulta al igual que su víctima; por ejemplo se puede enfrentar a los siguientes problemas:

  • Tener una conducta criminal
  • Causar peleas y participar en ellas
  • Es propenso al consumo de alcohol, fumar cigarrillo y utilizar otras sustancias
  • Tener bajo rendimiento académico
  • Sufrir inestabilidad emocional, social y laboral

¿Cómo actuar si es tu hijo el que acosa?

El comportamiento agresivo se evidencia fácilmente, por lo general comienza desde los primeros años, aunque al principio puede parecer algo normal. Es importante enseñarles desde la infancia, que todos nuestros actos tienen consecuencias, especialmente cuando se trata de lastimar a otras personas, por eso, pese a que cierta conducta no parezca grave, debe corregirse oportunamente.

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Para determinar el patrón agresivo, podemos observar su manera de expresarse sobre otros niños, por ejemplo si se refiere a sus compañeros con remoquetes o insultos. También debemos estar atentos a que tenga en su posesión objetos que no son suyos o quizá dinero; de igual manera, es probable que sea excluyente con algunos niños.

En tal sentido, si de hecho sospechamos o estamos enterados de que nuestro hijo es en realidad el “buller”; podemos comenzar por atender estos consejos.

  • Activar una comunicación efectiva, por medio de la cual pueda dilucidarse gran parte del problema. Es fundamental hablar con el niño para conocer sus sentimientos y también para orientarlo adecuadamente.
  • Es aconsejable dejarle claro al niño que lo que hace no está bien y que deben trabajar en conjunto para superarlo, pues es una actitud que se debe cambiar obligatoriamente.
  • Estar en contacto permanente con la escuela, con el fin de monitorear su conducta y así poder saber si ha evolucionado o para no dejar pasar ninguna agresión.
  • Enseñarle a respetar a todos, hacerle ver que todos tenemos los mismos derechos y que valore el bienestar del prójimo.
  • Ayudarlo a canalizar su energía; si es un niño que se enoja con facilidad, es preciso contribuir a que su enojo sea auto controlado y dirigido positivamente.
  • Fomentar la buena relación con otros niños, ayudarlo a hacer amigos y compartir intereses comunes.
  • Disciplinarlo por medio de la designación de responsabilidades en casa, con el propósito de que se sienta útil y que pueda valorar el trabajo de los demás.
  • Vigilar que no se halle dentro de camarillas que estén influyendo negativamente en él; muchas veces los niños ceden a la presión de grupo y terminan actuando de manera poco independiente.
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  • Dar el ejemplo; si tuviéramos un hijo agresivo, debemos evitar a toda costa mostrar un comportamiento similar.
  • Ayudarlo a mejorar su humor, tratar de que se divierta de manera sana; promover la risa y el disfrute, para que su actitud ante la vida mejore.
  • Estimular su comportamiento positivo y corregir cualquier atisbo de agresividad, por ejemplo la eliminación de malas palabras en el hogar y el correcto uso de los modales.
  • Si a caso llegásemos a notar cierta resistencia en su comportamiento o que no ha evolucionado favorablemente; es preciso considerar la intervención de los especialistas.