La personalidad de los niños influye al comer

Francisco María García 14 septiembre, 2017

Enojos y caprichos infantiles a la hora de comer, son imágenes que vemos en la mayoría de los hogares. Incluso, muchas veces la mesa se transforma en una batalla campal. El no querer probar determinado alimento o disfrutar mucho de otro, no sólo tiene que ver con una costumbre o gusto individual sino con la personalidad de los niños.

Está demostrado que la personalidad de los niños influye a la hora de comer. Veamos en qué sentido.

Cada niño tiene características y rasgos particulares que lo diferencian del resto, es decir le otorgan una personalidad. El hecho de que sean reacios a aceptar la comida o que se comporten de una manera frente a un plato de alimento, es algo bastante habitual en cierto momento de su crecimiento.

No obstante, estas formas no se dan porque son niños sin más. Sino que tienen relación con los rasgos que lo definen: con la personalidad de los niños. Lo bueno de saberlo, es que puede ayudar a tomar decisiones al respecto y saber cómo enfrentarse a estas situaciones.

Hay niños que juegan mucho con la comida al principio

La personalidad del niño a la hora de comer

El niño se ve expuesto a la comida de diferentes maneras conforme avanza su crecimiento. Si al inicio de su vida el alimento básico es la leche, esto se modifica y es importante que incorpore nuevos sabores y hábitos alimentarios.

La relación que establece el pequeño con los alimentos, es lo que denominamos conducta alimentaria. Y tiene que ver con varias cuestiones: con cómo experimentan la relación con la comida en el entorno familiar, con la disponibilidad de alimentos y el estatus social, con los afectos y con las tradiciones. No es, entonces, un comportamiento aislado o que ocurre porque sí.

Tipos de personalidad de los niños

Veamos los diferentes tipos de personalidad y carácter:

  • El niño que se adapta a las diversas situaciones y a los cambios que le acontecen. Es una persona feliz, que tiene hábitos regulares y pueden predecirse. Tiene facilidad para relacionarse con los demás y su nivel de atención es bueno.
  • El niño que es muy activo y distraído. Se retrae ante las situaciones de cambio y muchas veces prima su mal humor. Es más difícil generar hábitos regulares y son comunes las rabietas al dormir o comer. Decimos que estamos ante un niño “difícil”.
  • Por último, el niño que tiene un nivel de actividad bajo y le cuesta adaptarse a las situaciones nuevas y a los cambios. Son personas sociables y buscan siempre la aceptación de los padres.

¿Cuál es la influencia entre personalidad y comida?

Existen estudios que prueban que tanto la personalidad como las emociones influyen en la comida de los niños.

El enfado, generalmente en los niños difíciles, influye en que en la mesa sea más exigente a la hora de probar alimentos.

La tristeza o ansiedad causan inapetencia. Por otra parte, la alegría y tranquilidad propias de los niños “fáciles”, hacen que el pequeño se adapte mejor a la diversidad de comidas.

La tristeza y la ansiedad son factores a tener en cuenta

En general los problemas de falta de apetito se relacionan a experiencias asociadas a las interacciones sociales y familiares. Algún problema que experimente en su relación con los padres o en su entorno, influirá en el hambre.

Si bien esto tiene que ver con lo emocional, el grado de sensibilidad del niño está vinculado a su personalidad. Es decir, una cosa lleva a la otra.

El negarse a probar bocado, por su parte, se asocia a situaciones de sobreprotección y a las personalidades dominantes. De esto último, los padres seguramente tienen experiencia.

Los niños que rechazan la comida, se identifican según rasgos de personalidad:

  • Aquellos que se niegan a comer por la textura o color del alimento, los niños sensoriales.
  • Aquellos que tienen rasgos perfeccionistas, a la hora de comer tienen exigencias extras. Es el caso de que un alimento no se mezcle con los demás.

¿Y ahora qué?

Lo bueno de conocer esta relación, es poder identificar las conductas de los niños sabiendo que no se dan sólo por ser pequeños. La personalidad influye a la hora de comer. La edad también tiene su papel, ya que hace que su relación con la comida se relaje o exagere.

En función de la interacción entre personalidad de los niños y la comida, así será la solución. Puede que la opción sea acompañar al pequeño de otra manera en su crecimiento. O también cambiar algunos hábitos alimentarios. En cualquier caso, la paciencia es imprescindible.

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