Los niños nos necesitan para conectar con sus emociones

Macarena46 13 agosto, 2017

Todos lo sabemos y al menos, tácitamente, lo asumimos: los niños nos necesitan. Por cientos de motivos, somos su mundo. Nos precisan para crecer y desarrollarse, pero no solo físicamente, sino también a nivel interno, en el campo emocional.

Los valores, la inteligencia emocional y los rasgos de la personalidad que cada niño forja no son gratuitos. Como adultos responsables, predicamos con el ejemplo. Sin darnos cuenta, enseñamos con nuestras acciones diarias. Nuestros hijos nos observan, aprenden y copian de los padres.

Por eso, es absolutamente contraproducente ignorar a tu hijo en plena pataleta. Seguramente te estés preguntando por qué. Para que tengas una idea, consolar al pequeño que atraviesa esa rabieta es más importante de lo que imaginas.

¿Qué puedo hacer?

Con extrema calma e infinita paciencia, neutraliza el berrinche. Todo, con el objetivo último de que el menor al fin y al cabo logre conectar con aquello que siente. Un sentimiento que, claramente, lo excede. No lo sabe controlar, le resulta imposible gestionarlo. Por eso, para él es imposible comunicarlo adecuadamente.

No hay forma de exteriorizar esa emoción de forma correcta. No hay reacción capaz de manifestarla lógicamente. Una vez más a lo largo de su vida, los niños nos necesitan en esta nueva oportunidad para conectar con sus emociones.

Nino llorando con capucha marron

 

Olvidarán lo que dijiste, olvidarán lo que hiciste, pero siempre recordarán lo que les hiciste sentir

-Maya Angelou-

 

Los niños nos necesitan, en las buenas y en las malas

Los niños nos necesitan en las buenas pero especialmente en las malas. En las buenas nuestro rol no es más que reconocer logros, aciertos y victorias. De este modo, contribuimos a un refuerzo más que positivo de su personalidad.

Una buena autoestima, seguridad y confianza en sí mismo son sus consecuencias. De este modo, el niño tenderá a ganar en autonomía e independencia. Eso significa, ni más ni menos, que dotas de alas a tu hijo, pero que él solo deberá aprender a volar tan alto como pueda y quiera.

No obstante, los niños nos necesitan también en las malas. Ahí incluso es cuando más precisan de nuestra presencia, acompañamiento y apoyo. Por eso, resulta fundamental como padres actuar de manera positiva ante berrinches y rabietas.

Se trata de ayudar al niño en el proceso. Enseñar a gestionar aquella emoción enorme que no puede controlar. Mostrarle el camino correcto para no solo canalizarla, sino también para manifestarla. Entender lo que siente y ayudarlo a descubrir qué sentimientos lo sofocan.

Esto supone básicamente fomentar su inteligencia emocional. Educar desde el corazón, de modo positivo. Criar con asertividad, en la empatía y el respeto. Con límites, pero sobre todo con mucha paciencia y amor, que es todo lo que un menor necesita para ser una persona de bien el día de mañana.

Niños “difíciles”: un trasfondo hormonal

Nino sufriendo una pataleta

Una de las peores cosas que podemos hacer los padres es dejar de lado a un niño en plena pataleta. Aunque la situación te moleste y te cueste creerlo, hay una realidad infranqueable e innegable. Cuando ese niño se muestra tan disgustado, en el fondo hay un ser que realmente está sufriendo y se siente abatido.

Durante estos procesos tan molestos y comunes durante la infancia, el Cortisol cumple un rol central. Se trata de la hormona del estrés que, en este caso específico, circula por todo el cuerpo del menor y llega a bañar su cerebro.

¿Cuál es el resultado de todo ello? Lejos de las erróneas teorías de la manipulación infantil, el niño percibe su absoluta falta de control sobre sus emociones e impulsos. No solo lo invaden, sino que además lo dominan aún contra su voluntad. Perder esa batalla lo termina frustrando por partida doble.

¿Cómo actuar durante el proceso?

Tu hijo sentirá con cierta impotencia su incapacidad a la hora de calmarse o de expresar aquello que le inquieta. Sufre profundamente, la rabia reina su cuerpo y su mente. Es justo ahí donde comienza a ser más que evidente que los niños nos necesitan, y mucho.

Después de todo, ocurre lo mismo que cuando sufren algún tipo de daño físico tras un accidente típico de la niñez. Los niños nos quieren a su lado, pretenden sencillamente que estemos con ellos. ¿Nuestro fin como padres? Principalmente se trata de procurarles tranquilidad y consuelo.

Y es que cuando se se trata de un dolor emocional, también los niños buscan ayuda. Porque, en definitiva, requieren esa calma y seguridad que podemos trasmitir solo los padres y las madres. El amor, afecto, cariño, estímulo y motivación que podemos darles se torna en elemento fundamental.

Ciertamente, esos pequeños nos necesitan para poder conectar con aquellas emociones y sentimientos. Para entender qué les sucede, controlar aquello que los excede y, finalmente, manifestar sus necesidades. De gestionar y comunicar lo que siente internamente se trata.

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