Particularidades del desarrollo de 0 a 3 años

Agetna 6 junio, 2017

El desarrollo de 0 a 3 años se vive con cambios trascendentales tanto a nivel físico como cognoscitivo. El ser humano llega al mundo sin conocerlo, pero desde los primeros meses logra captar las mayores particularidades de su entorno y las personas con las que convive. Poco a poco adquiere habilidades y aprende a valerse por sí solo.

Desarrollo y aprendizajes en las primeras semanas de vida

Cuando un niño nace, una de las primeras cosas que aprende, por no decir, la primera, es a succionar la leche del seno de su madre.

Lo que comienza por un instinto de supervivencia se convierte en la asimilación temprana de una habilidad que lo mantendrá vivo.

En esta etapa, los movimientos que el bebé realiza con sus brazos y sus débiles piernas solo son reflejos. Todavía no levanta su cabeza y apenas si tiene fuerza para moverla hacia un lado y otro.

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Él no busca los objetos ni hace por alcanzarlos; se queda mirándolos cuando se los ponen delante y los sujeta si lo ayudan a hacerlo.

Responde a estímulos relacionados con su bienestar: si tiene frío llora, si se siente bien se calla.

Los patrones de sueño son variables y por más que se intente enseñarle una rutina de sueño a esta edad es imposible. El niño duerme y despierta, sea de día o de noche, según lo requiera.

A pesar de que puede quedarse mirando al rostro de sus adultos es incapaz de devolverle un gesto afectivo. En las primeras semanas de vida nada más se interesa por el pecho de su mamá y hacer que le sacien sus necesidades.

Del segundo mes y hasta los 6 meses

A partir del segundo mes ya el niño se mantiene más despierto a todo lo que sucede a su alrededor.

Cuando le hablan de cerca se queda muy quieto observando los ojos, la boca y cada detalle del rostro de quien tiene frente a él.

Sus movimientos motores dejan de ser reflejos y comienzan a ser parte de su respuesta a determinados estímulos, sobre todo, los que tienen que ver con el afecto: mamá le habla animadamente y él le responde agitando con velocidad brazos y piernas.

La relación con el resto de los humanos es muy diferente a la que tiene con su progenitora. A pesar de que ya reconoce quién es quién y se siente más a gusto con personas de su familia que cuando es cargado por desconocidos, siempre muestra cierta preferencia por estar con su mamá.

Aunque sus habilidades de agarre todavía son irregulares es capaz de sostener un objeto ligero algunos segundos y llevárselo al pecho y a la boca para “conocerlo” mejor. Juega con lo que encuentra a su alrededor cogiendo y soltando los juguetes. Esto llega a ser posible por la coordinación óculo manual que ha logrado.

En toda esta asimilación descubre sus manos y aprende a conocer el resto de su cuerpo para coordinar mejor los movimientos que realiza. Se esfuerza cuando desea algo en específico y se emociona cuando está cerca de obtenerlo.

Sus caderas y tórax están fortalecidos y puede voltearse solito para cambiar de posición.

Por la imitación de los seres con los que convive aprende a proyectar diversas expresiones faciales y a emitir sonidos en secuencia tal y como si estuviera conversando. Sonríe, incluso con los desconocidos. Todo esto lo usa para obtener la atención de los demás.

Los niños entre los 7 meses y el primer año de vida

Entre los 7 meses y el primer año de vida se producen cambios mágicos. El bebé logra sentarse y gatear por sí solo.

Por lo general, cambia su alimentación de líquidos a sólidos, aprende a balbucear sonidos hasta lograr decir algunas palabras y se muestra más atento al movimiento y el comportamiento de los seres humanos.

El juego pasa a ser el protagonista de su vida, olvidando y dejando todo, incluso la comida, por jugar. Juega mediante movimientos de repetición y desarrolla cierta preferencia por trasladar sus juguetes de un lado a otro arrastrándose sobre sus pompis.

Le gustan los objetos ya no solo que se muevan, sino los que emiten sonidos cuando son manipulados. El agarre se ha “especializado” tanto, que dentro de las habilidades psicomotoras fina el niño comienza a hacer suya la habilidad de agarrar los objetos en forma de pinzas. También sabe aplaudir, decir adiós y tirar besos llevando la mano a la boca.

Si tiene bloques de construcción llega a ser capaz de poner uno sobre otro.

El niño odia que lo ignoren por ello hace todo por mantener la atención de su familia. Rechaza lo que no le gusta diciendo no con la cabeza o empujándolo hacia adelante.

Comienza a interesarse por ponerse de pie sujetándose de los muebles de la casa e, incluso, antes del primer año de vida puede aprender a dar pasitos y a caminar.

Particularidades del desarrollo entre el primero y el tercer año

Luego de haber cumplido el primer año de vida el niño, si no lo ha hecho hasta el momento, aprende a caminar solo y a correr.

Es capaz de dar a conocer lo que le gusta y lo que no, y cómo se siente ante determinada situación.

Se hace más independiente. Aprende a comer, vestirse y hasta bañarse solo (aunque siempre bajo la supervisión de mamá).

Sus juegos son reproducciones de su vida. Ella o él se convierten en los padres de sus muñecos dándoles el alimento, llevándolos al médico cuando se enferman y hasta regañándolos cuando se portan mal.

Durante esta etapa el niño se vuelve consciente de las rutinas que tiene en su vida (hay que bañarse por las tardes, hay que irse a dormir a una hora determinada…) y da muestras de la deficiente o la buena educación que recibe en casa.

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