No hay mayor enamoramiento que ver la cara de tu bebé al nacer

Valeria · 26 mayo, 2017

Hay un enamoramiento que no tiene fecha de caducidad, es un amor a primera vista instantáneo, fulminante a la vez que maravilloso del que no te librarás nunca: tu hijo y ese momento en el que lo ves por primera vez. Esa historia, la de tu bebé y tú se escribe con tinta invisible y permanente, grabada con cariño, ahí, en lo más hondo, en las profundidades más íntimas de tu corazón.

Ahora bien, no importa tampoco que hayas llevado 9 meses a ese pequeño en tu interior o que venga de otro vientre, de otro país y de otro mapa donde tu niño aguardaba una nueva familia. A los hijos se les ama tengan o no tengan nuestro código genético, porque son criaturas deseadas y porque sus rostros, sean como sean, aparecen ante nosotros como lo más bello, lo más perfecto a la vez que mágico.

Un bebé es algo que llevas dentro de ti nueve meses, en tus brazos tres años y en tu corazón hasta que mueres.

-Mary Mason.

Estamos seguros de que a lo largo de tu vida te has enamorado dos, tres, diez o veinte veces. Es muy posible también que en la actualidad tengas contigo a la persona perfecta, esa con la que construir una vida y un proyecto. Sin embargo, el amor por un hijo es algo distinto, algo incomparable que tanto mamá como papá experimentan con gran intensidad preguntándose a veces aquello de “¿cómo un ser tan pequeño puede hacerme sentir algo tan grande?”…

Mi bebé es mi mundo, la criatura más perfecta y a la ya que amaba antes de nacer

Antes de que tu bebé estuviera en tus brazos tú ya lo querías, ya lo soñabas y perfilabas en tu mente cómo sería su rostro, cómo la forma de su nariz, el color de su cabello, la forma de su mentón o el sonido de su voz. Te hiciste una imagen de él o ella, pero fue al nacer, fue sin duda, cuando te lo pusieron por primera vez en brazos cuando sentiste algo mucho más profundo y embriagador: antes ya lo querías pero en ese momento lo adoraste y te enamoraste casi perdidamente de tu niño o de tu niña.

Tu hijo es perfecto y siempre lo será

Un niño, solo por nacer y formar parte de este mundo, ya es perfecto por sí mismo. No importará jamás el color de su piel, su procedencia, si tiene alguna deficiencia o algún problema del desarrollo: esa criatura es perfecta porque es amada y porque el cariño de una madre o un padre jamás ve defectos en aquello que es suyo, en aquello que es patrimonio del corazón.

Las joyas más preciosas que jamás tendrás alrededor de tu cuello son los brazos de tu bebe

Todos nosotros deberíamos verlo así, deberíamos ver la infancia y a todos los pequeños como criaturas perfectas que merecen a su vez una vida perfecta, ahí donde no les falte la protección, el cariño, el sustento, el sentimiento de protección, de valoración y de una crianza basada en el amor.

Tu preciosa carita cuando llegaste al mundo…

Hay niños que nacen tranquilos, otros llegan al mundo entre lágrimas y asustados, protestando quizá por haberse apartado de ese entorno perfecto y cálido que es el útero materno. Sea como sea, si hay algo que recuerda toda mamá y todo papá es ese momento en que por fin pudieron ver la cara de sus bebés, ahí, envueltos aún en sangre y en esa capa de grasa blancogrisácea, la vérnix caseosa y con el cordón umbilical aún pendiendo de su abdomen.

Pocos instantes son tan maravillosos, ahí donde el dolor por el parto, el agotamiento, el miedo y las lágrimas se relajan por un momento para hacer nuestro a ese cuerpecito asustado que tanto necesita desde ese mismo segundo a sus papás.

La nuestra es una historia de amor sin final, eterna y sin condiciones

Habrá momentos difíciles, lo sabes. Habrá días en que te enfades con él o ella, en que te decepcione en que te agote o te desespere… Sin embargo, no habrá momento en que ese amor por tu hijo se debilite, y aún en las horas más complejas y cuando saque tu mal genio, lo seguirás queriendo, porque en eso consiste ser madre o ser padre: en ofrecerle un amor incondicional que le sirva de guía para ser mejor cada día, para que sepa dónde estará siempre su hogar.

Un bebé llega al mundo ligero de equipaje, pero lo que encierra cada partícula de su ser es algo que siempre lo mantendrá vinculado a ti. Es una historia de amor sin final, es un un libro de infinitos capítulos donde aprender en cada uno de ellos, pero donde el hilo conductor siempre será el mismo: tu deseo por hacerlo feliz, por protegerlo y desearle siempre lo mejor.