Por qué no hay que etiquetar a los hijos

María José · 11 febrero, 2016

Muchos padres sin darse cuenta tienden a etiquetar a sus hijos, pero existen diferentes tipos de etiquetas. Un padre o una madre nunca deseará el mal a sus hijos, pero si los etiquetan les estarán haciendo bastante daño en su autoestima y en su desarrollo. Pero las personas estamos acostumbradas a etiquetar a otros: “nervioso”, “perdedor”, “inquieto”, “travieso”, “malo”, “ansioso”, “triste”… son muchas las etiquetas que desafortunadamente los adultos dicen a los niños cada día.

Etiquetas negativas

Las etiquetas negativas son aquellas que señalan una parte negativa del comportamiento del niño o que remarcan algún trastorno y se cataloga como algo que está mal en el pequeño. Los niños que reciben etiquetas negativas acaban creyendo que ellos son así y empiezan a comportarse del modo en que los demás les dicen que son.

Si a un niño lo etiquetas de “pesado” o de “malo”, lo más probable es que acabe creyéndose que es así realmente, porque lo que dice el adulto debe ser cierto. Entonces se retroalimenta esta conducta y el niño acaba siendo “malo” o “pesado” porque así es cómo cree que debe comportarse.

Etiquetas positivas

Las etiquetas positivas son las etiquetas que tienden a resaltar las partes positivas del niño. Hay padres que por miedo a que su hijo se sienta mal consigo mismo, los etiquetan positivamente para que suban un poco su autoestima. Pero etiquetar de forma positiva puede ser contraproducente, sobre todo cuando son etiquetas exageradas o poco reales.

Por ejemplo, si un padre le dice a su hijo “eres muy inteligente”, es probable que ocurran dos cosas: que el niño desconfíe de su padre porque sabe que lo que está diciendo no es cierto y se sienta aún peor consigo mismo o que por el contrario, crea realmente que es inteligente y se frustre al darse cuenta que no lo es realmente.

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Etiquetas especiales

En nuestra sociedad también existen otro tipo de etiquetas que son necesarias para poder diagnosticar a los niños con diferentes trastornos como por ejemplo: TDAH, Déficit de atención con o sin hiperactividad, depresión, Trastorno de Ansiedad Generalizada, Trastorno Obsesivo Compulsivo, etc.

Estas etiquetas confirman a los padres que algo no marcha bien y pueden sentirse aliviados al encontrarle una respuesta. Este tipo de etiquetado es necesario para poder acceder a recursos necesarios para potenciar el buen desarrollo de los niños. Pero en ningún caso deberá ser una excusa para resaltar los aspectos negativos de los niños, no hay que ver los inconvenientes, sino las posibilidades de mejora.

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El uso con las etiquetas especiales

Hay que tener mucho cuidado con las etiquetas especiales porque los niños pueden sentir que están sentenciados a cadena perpetua con esa etiqueta. Si se etiqueta a un niño de “impulsivo” o de tener “déficit de atención” se le está adjudicando una condición a algo que se puede trabajar y conseguir buenos resultados siempre que se refuerce de forma positivas.

Las etiquetas si no se utilizan bien pueden limitar a los niños en lugar de darles la oportunidad de mejorar según sus capacidades, sus necesidades y sus intereses personales. Todas las etiquetas son comportamientos y siempre se puede escoger qué comportamiento quieren tener.

Por qué no hay que etiquetar

Los padres deben encontrar la forma correcta de hablar a los hijos y de no etiquetarlos de forma equivocada. Por ejemplo, en lugar de decirle a un niño: “Qué malo eres que pegas a tu hermano”, lo correcto sería guiarle para que aprendiera qué es lo que se espera de él, para de este modo poder reconducir su conducta: “Deja de pegar a tu hermano que le estás haciendo daño”.

Además, los padres necesitan ser persistentes para que los niños sepan que ven lo bueno en ellos, que cada día ven lo mejor de él y que lo negativo solo es algo que se puede trabajar para mejorar. Es necesario ser positivo y buscar el lado bueno de las cosas. Por ejemplo, si un niño ha tenido miedo de una pesadilla, en lugar de llamarlo “miedica”, es necesario entender sus emociones y hacerle ver que el mal ya pasó y que es muy valiente por enfrentarse a sus miedos e intentar dormir de nuevo.

Los niños necesitan escuchar cosas buenas de ellos cada día (etiquetas positivas que sean coherentes con las capacidades y la personalidad del niño) porque así es como realmente lo podrán construir en su personalidad, si se les etiqueta con cosas negativas… también se lo creerán.