No “ayudo” a mi esposa, comparto obligaciones

Macarena · 17 septiembre, 2017

Debo admitirlo, aunque muchos y muchas no lo comprendan. Yo no “ayudo” a mi esposa en casa, ni pienso hacerlo jamás. No al menos como mero invitado, aguardando en todo momento ser atendido y complacido. No como simple espectador, observando sentado cómo mi mujer corre de un lado a otro cada día, llevando ella todo el peso sobre sus espaldas. Desde el día uno comprendí la responsabilidad que asumía como pareja y como padre.

Entendí desde el primer momento que soy el compañero de la mujer que amo y elegí el camino maravilloso de formar una familia. Con todo lo que ello implica, disfrutando lo bueno y aceptando lo malo.

Supe desde ese día que compartir obligaciones era la clave. Como padre que soy, como parte del hogar y, por qué no, como responsable también del desorden propio de la actividad del hogar, lavo los platos, plancho, cambio pañales y cocino, y por nada de esto me avergüenzo o se me caen los anillos.

Eso, a mi criterio, es ser más hombre que muchos de los que se burlan. A pesar del tiempo en el que vivimos y tristemente, la realidad de muchas casas sigue siendo otra. La mujer es la que lleva las riendas y los “machos” son simples espectadores que se dedican a otras cosas. Pero si pensamos en nuestros hijos, el mejor ejemplo que podemos darles es el de una familia que colabora y realiza por igual las labores domésticas.

No “ayudo” a mi mujer, comparto responsabilidades

Es cierto que el debate de siempre no pasa nunca de moda. ¿Qué vale más, el trabajo fuera de casa o el de dentro? Pero la pregunta que yo me hago cuando estoy con mis amigos es la siguiente: ¿nosotros valoramos la labor de nuestras mujeres, fuera y dentro de la casa? 

Las tareas del hogar competen tanto al padre como a la madre

El otro día lavé los platos y mi mujer no me lo agradeció”frase que todos hemos escuchado alguna vez. Porque, pensándolo bien, ¿por qué debería mi mujer agradecerme algo que es contribuye a mejorar la vida en el hogar? ¿Por qué darme las gracias por algo que ella misma realiza incontables veces y que, sin embargo, nadie ve?

Por esto mismo, yo considero que no “ayudo” a mi esposa. Ella no necesita ayuda de nadie, es autosuficiente y sumamente capaz de lo que se proponga en casa y en su trabajo. Pero lo que necesita ella, como yo, es un compañero. Un complemento, aunque ella misma en caso necesario se valga por sí sola.

No es que yo “ayude” a mi mujer a limpiar la casa. Solo me limito a adecentar el espacio en que vivimos juntos. Desinfecto y ordeno por la sencilla razón de que yo también vivo aquí, bajo el mismo techo. No ayudo a cocinar, sino que simplemente colaboro y comparto esta obligación porque yo también consumo.

Y no solo como, sino que con esta acción, ensucio platos y cubiertos. Entonces, por este simple motivo, siento que me corresponde -como padre de familia- trabajar en este quehacer. Tampoco ayudo a mi esposa con sus hijos, los cuido porque -en realidad- también son míos. Nuestros.

 No “colaboro” en casa, ocupo mi posición en el hogar

Lavar, tender, doblar la ropa sucia de toda la familia, recoger juguetes, enseñar matemáticas a los niños o arreglar el jardín. Sea lo que sea lo que haya que hacer, tengo claro que no soy una mera ayuda en casa, sino parte de ella, y por eso actúo en consecuencia.

Yo no ayudo a mi mujer, realizo las tareas que me corresponden en la casa

Jamás pensé que ese fuera un trabajo exclusivo de la mujer de mi vida. Y no importa lo que haya visto mientras crecía, lo que me enseñaron mis padres o lo que aprendí en el colegio. Me siento afortunado por la familia que tengo y tengo claro que quiero ser un ejemplo positivo para mis hijos.

Quiero comportarme con mi mujer como un compañero y no como un invitado más. Y quiero hacerlo porque valoro a mi esposa y todo lo que hace por nuestra familia. Porque la respeto tal y como es, con sus virtudes sus y defectos. Pues, en definitiva, es esto mismo lo que ella hace conmigo.