6 mitos sobre la educación en positivo

La educación en positivo se basa en la asertividad y en el respeto. Y así, se opone al abuso de autoridad y al maltrato. ¿Quieres conocer más al respecto? Te contamos todo.
6 mitos sobre la educación en positivo
Maria Fátima Seppi Vinuales

Escrito y verificado por la psicóloga Maria Fátima Seppi Vinuales.

Última actualización: 10 marzo, 2022

“Con este tipo de educación, al paso que vamos, los niños acabarán por decirles a sus padres qué hacer”. Este es uno de los mitos sobre la educación en positivo, que iguala a esta forma de educar con el libertinaje, la falta de límites y la pérdida de autoridad.

Sin embargo, la disciplina positiva es todo lo contrario: se trata de una enseñanza basada en el respeto y no en el poder; en la toma de decisiones y el autocontrol y no en el miedo y las amenazas.

Veamos de qué se trata la educación en positivo y cómo aplicarla en casa.



La educación en positivo y sus mitos más comunes

¿Te has preguntado si existe una forma de criar niños independientes, que a su vez sean apegados y empáticos con quienes los rodean? Estás de suerte, porque la crianza respetuosa y la educación en positivo son todo eso y un poco más.

A continuación, vamos a compartirte alguno de los mitos que con mayor frecuencia circulan en torno a esta forma de educar.

1. No pone límites

Esto es absolutamente falso, ya que la crianza positiva aconseja el uso de los límites para procurar el bienestar de los infantes. Sin embargo, no consiente con el uso arbitrario de límites (“porque lo digo yo”), que apela a la autoridad por la diferencia de edad.

Por el contrario, la disciplina positiva está a favor de los límites con sentido, esos que promueven valores y que explican el por qué de determinadas conductas.

Muchas personas entienden al límite como un sinónimo de abuso de autoridad, de humillaciones, de castigo físico. El límite no es eso y la educación en positivo tampoco avala este tipo de prácticas.

En la educación positiva, los límites son claros y son consistentes en el tiempo, de modo tal que los niños aprecien cierta coherencia y sepan qué esperar.

Madre e hija hablando sobre las habilidades de resolución de problemas que hay que adquirir durante la infancia.
Poner límites no es sinónimo de retar. Es brindarle un marco de seguridad y contención al accionar de los infantes.

2. Convierte a los niños en personas caprichosas y malcriadas, porque no existe un “no”

Este es otro de los mitos sobre la educación en positivo. El “no” sí existe y sí se emplea. La única diferencia con respecto al modelo de crianza autoritario es que la primera trata de promover un uso inteligente del término y no un sobreuso. Es decir, es necesario que los progenitores aprendan a usar el “no” como un recurso puntual y no de un modo indiferenciado o en cualquier ocasión.

Malcriar no tiene nada que ver con la entrega, con la proximidad ni con el afecto que se le brinda a los hijos. Tiene que ver con hacerles pensar que pueden obtener lo que quieren, cuando quieren y como quieren. Y esta es la dirección opuesta a la de la educación en positivo.

La disciplina positiva se vale también del conocimiento que aportan las neurociencias, las cuales especifican que se logra un mejor aprendizaje cuando se explica la conducta deseada. Es decir, cuando decimos “deseo que hagas esto” en lugar de decir “no hagas esto”.

3. Termina por convertir a las infancias en frágiles o “de cristal”

Educar desde el respeto y desde el reconocimiento jamás puede dar como resultado una personalidad débil, sino todo lo contrario. Cuando ponemos en práctica este modelo, actuamos en favor de los niños, validamos sus sentimientos y les enseñamos a reconocer que sus emociones y las de los demás son importantes.

Esto no hace a los pequeños más frágiles, sino dueños de sí mismos, porque les permite entender qué les sucede y pensar qué hacer al respecto.

Muchas personas creen que educar en positivo implica adoptar buenos modos. De hecho, en parte esto es así. Pues la violencia solo genera más violencia y la humillación y el maltrato se traducen en ansiedad, en problemas de comportamiento y un sinfín de consecuencias negativas más.

Luego, vemos todo esto trasladado a la escuela, a las relaciones personales y a los ámbitos laborales. La “mano dura” que muchos dicen que hay aplicar en el hogar es lo que los niños ponen en práctica con sus compañeros.

4. Solo pueden educar en positivo quienes conocen del tema

No, la educación en positivo puede ser practicada por cualquier persona, desde progenitores, hasta familiares y educadores.

Sí hace falta leer sobre el tema para poder entender cómo funciona y cómo implementarla. Sobre todo, para captar el sentido de este tipo de educación y evitar caer en los mitos en torno a ella.

Por último, es cierto que llevar la educación positiva a la práctica requiere de mucha introspección, del cuestionamiento de la propia crianza y de las propias creencias. Es necesario salirse de los argumentos costumbristas del tipo “a mi me criaron así y no salí tan mal”.

También, se necesita mucha paciencia para criar a un hijo de esta forma, ya que muchas veces, la salida más rápida parece ser gritar. Sin embargo, aquello que aparenta funcionar en el corto plazo, no se sostiene en el tiempo: solo opera por la reacción y no por el aprendizaje y el sentido.

5. Es una forma de criticar lo que hicieron nuestros padres

No, el espíritu de la crianza positiva no consiste en ser jueces de nuestros progenitores o adultos de referencia. Lo que busca es mejorar lo que ellos hicieron y animarse a abandonar ciertos patrones viciosos e ineficaces. Hoy, los estudios nos enseñan cosas nuevas y de lo que se trata es de poder incorporar estos aprendizajes a la educación.

6. Como no hay castigos, no hay aprendizajes

Muchos adultos creen que la única forma de que un niño aprenda es por medio del castigo. Sin embargo, ¿realmente beneficia a alguien que un niño se quede sin jugar con su vecino por su mal comportamiento?

Los castigos carecen de una enseñanza y solo se enfocan en lo que quitan. Los niños deben aprender que existen consecuencias esperables o naturales a sus actos y que las mismas no tienen que ver con perderse de hacer algo que desean ni con sentir malestar.

Los castigos tienen más consecuencias negativas de las que imaginamos y solo provocan sufrimiento en el niño. Y desde allí, nada bueno puede construirse. No funcionan ni para promover el aprendizaje, ni para lograr las conductas esperadas.

Por otro lado, tal como señala Álvaro Bilbao, la evidencia nos indica la inutilidad del castigo. Si este fuera efectivo, los niños que mejor se comportan, serían aquellos que más castigos reciben y sabemos que esto no es así.

mama ensena a nino pequeno a ordenar sus juguetes
Las enseñanzas que se brindan en un clima de empatía y calma, tienen mejores efectos que aquellos que se imponen a través del miedo o la evitación.

Beneficios de educar en positivo

Educar en positivo busca promover valores, formar niños y niñas responsables de sus acciones, que entienden el por qué de sus actos y  que pueden responsabilizarse por sus consecuencias.

Al final, este tipo de crianza trata de ayudarlos a comprender cómo los beneficia comportarse de determinada manera y no simplemente para escapar de un castigo o de un enojo. Esto también fomenta el desarrollo de su autonomía.



La teoría suena bien, pero la práctica es difícil

Claro que sí, la crianza en positivo es todo un desafío. Sobre todo, porque cada niño es diferente y lo que funciona en un caso, no sirve en el otro.

A esto hay que sumarle la historia personal de cada progenitor, sus propias dificultades y las preocupaciones de la vida. Sin embargo, la disciplina positiva nos permite reconocernos imperfectos, pero en constante reflexión, atentos a cómo podemos mejorar la próxima vez que buscamos poner un límite.

Fácil no es, sobre todo porque formamos parte de una sociedad que avala el autoritarismo y el adultocentrismo, ambos modelos muy lejanos a la empatía y a la asertividad. Sin embargo, implica mucho menos conflicto y desgaste y además, promete el desarrollo de mejores personas. ¡Intentémoslo!

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