Mi hijo tiene un tic

Los niños en ocasiones tienen tics nerviosos que suelen coincidir con los exámenes u otras situaciones estresantes. No nos tenemos que preocupar porque la mayoría de estos tics remiten de forma espontánea antes de llegar a la adolescencia.

Además suelen desaparecer sin llegar a requerir ningún tratamiento. También suelen estar relacionados con alguna situación de ansiedad o cambio que les está afectando. La llegada de un hermanito o la vuelta al cole pueden ser algunas de estas circunstancias. Si la situación persiste más de un año tendremos que consultar con el especialista.

Lo que no debemos hacer nunca es regañar al niño cuando tiene un tic. Si nos enfadamos con él, lo único que vamos a lograr es aumentar su angustia. El niño sentirá que está haciendo algo mal y el tic seguramente persistirá.

Cuanta menos importancia le demos más pronto desaparecerá. Los padres debemos tranquilizar al niño y no dar importancia al problema. Lo mejor es hacer como si no existiese y remitirá poco a poco.

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Algunos consejos para un superar un tic

Lo primero que tienen que hacer los padres es no dar importancia al tic. Si se lo recrimináis o le preguntáis la razón por la que lo hace seguro que la situación se agravará. Un tic suele ser un gesto o movimiento involuntario y repetitivo que se produce por la contracción de uno o varios músculos del cuerpo, normalmente de la cara.

Se suelen dar con más frecuencia en los niños de entre 7 y 12 años. Los tics simples son breves movimientos repentinos como parpadear, encoger los hombros, fruncir el entrecejo o sacudir la cabeza. Los complejos son distintos modos coordinados de movimiento sucesivos. Pueden incluir saltar, olfatear objetos, tocar la nariz o tocar a otras personas.

Tenemos que descubrir cuál es la situación que provoca el nerviosismo. Hay que analizar esta circunstancia y tratar de evitarla. La causa de los tics nerviosos muchas veces no está clara. Pueden influir una suma de distintos factores psicológicos, ambientales, genéticos y neurobiológicos.

Su agravamiento, como hemos señalado, suele coincidir con situaciones de cambio que les puede provocar ansiedad. Por ejemplo la llegada de un nuevo hermanito, la vuelta al cole, el fallecimiento de un familiar o un examen complicado. También en ocasiones los tics pueden ir variando. Se pueden ir quitando unos y aparecer otros y puede aumentar su intensidad. Hay que buscar ayuda médica cuando interfieren de forma negativa en la vida cotidiana del niño. A veces esos tics pueden influir en las relaciones con sus compañeros y amigos.

Una buena terapia es intentar reforzar positivamente su conducta. Una vez encontrada la causa o situación que lo provoca hay que intentar que cambie su conducta de forma proactiva y positiva.

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Tratamiento de los tics

Si podemos evitar lo que le da miedo, ansiedad o le pone nervioso, seguro que el tic remitirá. Pero en muchas ocasiones el niño tendrá que superar su miedo a la situación. No se puede dejar de hacer un examen, estudiar una asignatura complicada o evitar a un profesor con el que no conecta. Los niños tienen que ser capaces de superar esta situación.

Lo normal es que los tics desaparezcan en unos meses. Si el tic persiste durante más de un año, debemos consultar con el pediatra o el especialista. También debemos acudir si lo tiene más a menudo o si le impide desarrollar sus rutinas diarias. Puede no tener importancia o ser el síntoma de una depresión infantil o una situación de bullying. Además hay descartar enfermedades como el síndrome de Tourette un trastorno neurológico. Este trastorno se caracteriza por la asociación de tics motores múltiples y tics vocales complejos. Puede ser también ser síntoma también de un TOC, trastorno obsesivo compulsivo.

La medicación suele tratar el síntoma del tic pero no la causa. Por ese motivo en muchas ocasiones es bueno consultar con un psicólogo o un neurólogo infantil que les ayude a descubrir cuál es la causa si los padres son incapaces de hacerlo.

Además el especialista les dará pautas para que los niños se enfrenten a la situación que les afecta. Una buena idea puede ser aprender  técnicas de relajación y otras herramientas como el yoga o el mindfulness que los ayude a controlar sus tics.

 

 

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