Me esforcé todo lo que pude para educarte desde el corazón

Macarena46 16 enero, 2017

Miro hacia atrás y se me dibuja una sonrisa en el rostro. Pues todo el viaje juntos ha valido la pena, o mejor dicho el amor. Porque si de algo estoy segura es justamente del esfuerzo que hice para poder educarte desde el corazón.

Conforme ha pasado el tiempo, llegó la hora de rever el pasado. No puedo estar más que orgullosa de nosotros al comprender que todo sacrificio materno arrojó los más dulces frutos en tu crianza. Eso debe ser lo que todos llaman felicidad.

Con más tragos amargos que dulces en nuestra cuenta, hoy puedo decir que es un gusto pagarla. Porque construí más que la vida de un hijo, sino del ser más hermoso de la tierra. Pues supo levantarse con entereza e integridad ante cada caída y superar el resto de los obstáculos que colocó la vida en su camino.

Educarte desde el corazón

Educarte desde el corazón fue sacrificado, pero ciertamente gratificante. Hoy miro todas esas noches de insomnio a tu lado con ternura y no ya con desesperación. Enarbolo ahora la bandera de aquellas abnegadas madres que no sucumbieron, abatidas, frente a la maternidad.

Recuerdo aquellos dulces ojitos llenos de lágrimas, y mi culpa por no ceder ante la certeza de estar haciendo lo mejor por ti. En esta oportunidad no reacciono irascible ante las remembranzas de esas odiosas rabietas, sino que se me vienen a la cabeza de manera alegre.

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Educarte desde el corazón hace justamente que hoy todo aquello que me causó dolor de la maternidad me robe las mejores sonrisas. Ello confiere sentido a cada una de las decisiones que tomé en pos de ver crecer un hijo sano y feliz.

Se me vienen a la mente todos aquellos triunfos, grandes o chicos, celebrados juntos. Incluso los fracasos que sufrimos a la par. Se me presentan como dos caras de una misma moneda. Tan inevitables como necesarios para haber llegado a donde hoy estamos.

Se cuelan entre mi memoria tantas terapias y citas con diversos especialistas. Salir adelante como sea, ese era nuestro propósito compartido. Ahora veo con emoción que este esfuerzo -que tanto nos hacía renegar- tuvo sentido. No claudicar era la cuestión.

Lo bonito de educarte desde el corazón

Y así fue a lo largo de tu infancia. Con mucha paciencia, todo drama y preocupación fue sucedido por la aceptación y la superación. No sin ello haber implicado las más altas dosis de esfuerzo, sacrificio y dedicación.

Librando cada una de tus luchas con tenacidad, perseverancia y, fundamentalmente, esperanza hicimos frente a cada embestida de la vida. Que “un tropezón no es caída”, que “solo resiste quien pelea” y que “quien abandona no tiene premio”, entre frase y frase algo de mí se inmortalizaba en tu ser.

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Así, cada unos de los dolores en el corazón que implica ser madre no significaban nada. Pues vos me dabas esa fuerza infinita que tanto necesitaba para que todo esta aventura resulte. Una fortaleza desconocida hasta el día en que me enteré de tu llegada.

Y detrás de todo esto, el corazón, latiendo solo por vos. Gestionando también un amor tan puro, profundo, real e incondicional que logre imposibles. Que me haga entender que mi afecto a veces puede carecer de límites.

Es por todo esto y por mucho más aún, hijo mío, que no hoy no paro de ronreir. Porque ahora puedo confirmar que todas estos condimentos hicieron que el viaje valiera la pena a cada segundo. Sin dudas, resultar vencedoras en el reto de la vida no tiene precio.

Y no importa ya si soy la mejor madre del mundo, simplemente sé que me esforcé día y noche todo lo que pude para educarte con el corazón. Con errores y aciertos hice todo lo que estaba en mis manos y luché por lo imposible cuando lo posible se agotó.

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