Nunca es tarde para tener una infancia feliz

Aunque parezca descabellado: Nunca es tarde para tener una infancia feliz. Traer un hijo al mundo no abarca solo llevar el futuro como bandera, sino más bien, retomar el pasado. Revivir infancias, recordar juegos, remembrar buenos y malos momentos.

La maternidad es sin dudas la posibilidad de aprender, de crecer. Tomar aquellos errores de nuestras madres o padres y construir el presente en base a ellos. Es entender los porqués de nuestros progenitores que, desde la óptica infantil, no pudimos desvelar.

Nunca es tarde para tener una infancia feliz. Ser madre o padre es entonces, de alguna manera, renacer para sanar. Abrir paso a nuevas posibilidades. Educar y enseñar, pero también dar paso a las enseñanzas que traen nuestros hijos, otros grandes maestros de la vida.

Ser padres: permitirse tener una infancia feliz

Ciertamente, ser padres es permitirse tener una infancia feliz. Al nacer tu bebé, llegan muchas oportunidades para crecer y desarrollarte a nivel personal. Es volver a nacer, crecer a la par de tu hijo. Entonces, con este panorama, resulta inevitable conectar con tu niña interior.

No importa cuán sepultada hayas mantenido a tu pequeña, pues nunca es tarde para vivir y disfrutar de una infancia feliz. Llegó la hora de liberarse en cuerpo y alma de aquellos límites sociales que te impusieron en aquella sociedad más “cerrada”.

Aprovecha para jugar todo lo que te ha faltado, comete locuras e idea travesuras. Tu hijo lo disfrutará tanto o más que tú. Ponte en la piel de esa niña que fuiste, siente y somete todo a esa óptica infantil. Vive sin preocupaciones, transcurre alegremente.

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Una infancia feliz basada en la reconciliación con el pasado

En esta etapa tan importante de tu vida, será tan posible como necesario conectar y reconciliarse con el pasado. Es decir, rever aquellos conflictos de la niñez, con ojos de adulto pero mirada de niño. No habrá visión más completa que aporte el sentido cabal de cada actitud y frase de tu madre o padre.

Sumérgete en esa lluvia de razones, explora los porqué y para qué que tanto dolieron mas nunca cuestionaste. Pese a que no modificarás tu pasado, puedes cambiar los lentes con que lo observas. La vida te está regalando la oportunidad de arribar a una sabia interpretación de las decisiones y actos paternos.

Deshazte de la mochila del resentimiento y llena tu cartera de comprensión y serenidad. Acaricia el perdón y abraza con todas tus fuerzas el reconocimiento y agradecimiento eterno para esos seres que dieron todo para que llegues a ser esta madre que eres hoy.

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Mi infancia feliz con raíces en el futuro

Nunca es tarde para tener una infancia feliz: ¡Ve por ella! Apúntate a las clases dictadas, aun sin saberlo, por tu nuevo maestro de la vida: tu hijo. Conecta con la frescura, inocencia y espontaneidad. Inspira ternura y expira el asombro y la curiosidad por el mundo que te rodea.

Aprende a disfrutar las cosas básicas de la vida, observa cómo la pasión nace en tu interior y la ilusión hace mecha en cada acto diario. Vive el hoy y ahora, pero de una manera particular, como los niños: disfrutando cada minuto de vida como si fuera el último.

La vida de tu hijo es un regalo que, a su vez, te obsequia vida. La ocasión para volver a tener una infancia feliz está en tus manos. Olvida los prejuicios, las vergüenzas y los miedos para transitar este camino plenamente junto a tu niño.

Al fin y al cabo, la vida es una sola, por lo cual vale la pena vivirla con todas nuestras fuerzas. Sintiendo, experimentando y manifestando todo aquello que deseemos o sintamos con absoluta libertad e intensidad.

Aquellos dones que solo se les confieren a las almas más puras de la humanidad, te serán prestados nuevamente. ¿Tú qué harás con ello? ¿Estás a tiempo de revivir una infancia feliz? Recuerda que nunca es lo suficientemente tarde.

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