Máximas de la maternidad que te sacarán una sonrisa

Macarena · 28 agosto, 2016

Ser madre es una bendición y un verdadero milagro de la vida. Por eso, en este artículo queremos reconocer tu entrega como mamá, sacándote una sonrisa al ironizar con algunas de las máximas de la maternidad con las que te sentirás identificada. 

Esta etapa de la vida de una mujer requiere de mucho amor para dedicar enormes cuotas de sacrificio, paciencia y perseverancia a su hijo. Aun así, te espera un crisol de situaciones: un sinfín de momentos gratos, adorables, enternecedores y divertidos, pero también situaciones capaces de sacarte canas verdes.

A continuación compartiremos máximas de la maternidad para valorar la labor de toda madre, así como también para arrancarte una mueca con frescos que no te serán ajenos. Por supuesto, esperamos que compartas otras que se hayan escapado de esta nota.

Máximas de la maternidad para recordar con una sonrisa

  • Tus hijos, tu despertador natural. De bebés, te levantarán llorando con la misma violencia sonora que un despertador antiguo, pues es su modo de expresar necesidades. Pasado un tiempo, tus despertares ocurrirán a fuerza de brincos en tu cabeza, apadrinados por el grito de guerra “¡Estoy aburrido! ¿Ya te despertaste?”.
  • Maratones dentro de casa. Entiendes la importancia de los horarios y exprimes al máximo tu tiempo en esos días donde corres carreras para atender de la mejor manera a tus hijos, mantener el orden de la casa y rendir en el trabajo. Aun así consigues tiempo para estudiar o ejercitar tu cuerpo. ¡Tus días superan las 24 horas!
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  • La casa, un verdadero cambalache. La palabra orden pasa a ser un bello recuerdo de tiempos pretéritos. Aprendes a convivir con cierto desorden ya que poner de pie la casa es un desafío: por cada juguete levantado, hay más ropa tirada fuera de los cajones, así como papel higiénico desparramado cual serpentinas y crema de afeitar esparcida en cada rincón. Ahora conoces el arte rupestre en base a crayolas sobre las paredes de tu casa, ¿acaso no habías soñado con una Frida Kahlo o Vincent Van Gogh en tu casa?
  • El momento de la comida, una inédita escena de película de terror. Cuando son bebés, peleamos con los pechos y biberones para luego batallar contra sus primeros purés y papillas. Con el tiempo, echas a volar la imaginación para alimentar a pequeños inapetentes o a los “caprichosos con la comida“. Nuestros aliados, frutas y verduras, suelen ser enemigos acérrimos de los chicos. “Amigarlos” es la misión secreta de cada día.
  • Los misterios secretos que encierra la palabra “baño”. Una de las máximas de la maternidad se relaciona con el momento de ir al baño, sea la madre o el niño. Como mamá, sabes que ni en el baño estarás sola pues el pequeño se las ingeniará para hacerte compañía hasta en aquellos instantes. También para lograr que el niño deje los pañales y haga sus necesidades libras una pelea a fuerza de cánticos de aliento.
  • Merecedora de una maestría en canciones y cuentos infantiles. Ya dominas la paleta cultural infantil como nadie: tienes una canción para cada momento del día o transición de desarrollo, conoces a cada artista y los horarios de los programas apropiados, ideas los más divertidos juegos para compartir con tu nene y, por qué no, te proyectas como la mejor cuentacuentos… al menos, para tu hijo.                                                                     befd7a563e05aaaf29f9b436d06fb468 (2)

 

  • La vida es un bricolaje. Con la escolaridad, descubres que tienes habilidades para hacer determinadas manualidades exigidas en el colegio. Un granadero con un rollo de papel higiénico, muñecas con pantymedias y muchos otros creativos inventos harán que te sorprendas de ti misma.
  • En negociar está el secreto de la maternidad. Ante cualquier capricho o pedido, te armarás de paciencia y buscarás el modo de hacer lo conveniente para la familia y la educación de tu hijo. Hasta dormir a tu pequeño implicará persuasión y negociación cuando él siga saltando mientras tú te caes a pedazos y, con paciencia de oro, bajas sus revoluciones.
  • Paladina de la sabiduría para responder en la edad de los porqués. Cual el famoso Libro Gordo de Petete, finges conocer todos los misterios de la humanidad que trae a colación tu pequeño curioso. Una de las máximas de la maternidad es responder preguntas que incluso quizás nunca antes te habías planteado.
  • Dejar de ser pacientes del hospital para convertirte en enfermera dentro de tu propio hogar. Pierdes miedo a conductas esperables y comunes de la vida, así como a los percances de la maternidad. Una especialista en fiebres, diarreas, vómitos, erupciones y todo tipo de síntomas con los que empiezas a lidiar a menudo dejando de considerarlo desagradable como antes.
  • Te transformas en una detractora y cuestionadora del anhelado silencio del hogar. Un niño en silencio es un menor haciendo travesuras o trastadas. Aunque valoras ese instante de paz, dudas de esa venerada ausencia de ruido: “algo está haciendo” indica tu instinto de madre… ¡y así es!
  • Dormir con posiciones de yoga o eutonía. Según las máximas de la maternidad, modificarás hasta tu descanso. Duermes tratando de no molestar al niño, evitando moverte o con posiciones extrañas. A veces, reposas cual bicho bolita en un territorio dominado por el pequeño que, por las noches, se convierte en bufanda, sombrero, separador de padres o tu mejor abrazo.