Si mi mamá está cerca, me curo antes

Valeria 16 enero, 2017

Cuando un bebé o un niño está enfermo, la cercanía de mamá actúa como un bálsamo. Es ese abrazo que mece y que a su vez, ofrece al pequeño una sensación de seguridad muy íntima donde apagar miedos, donde tener junto a él esa mano que acaricia como nadie y una voz suave que le promete en voz baja que “enseguida se pondrá bien”.

Lo que para muchos no son más que bonitas palabras, en realidad, tras estas frases se encierra una realidad patente de la que la sociedad y las organizaciones sanitarias son conscientes. La cercanía de la mamá (también de papá) fortalece el sistema inmunitario del niño y hace más fácil cualquier tratamiento médico que se le deba aplicar.

Tanto es así, que hace unos meses se ha popularizado una campaña que ha tenido su eco en la conocida plataforma “change.org“. En ella, bajo el hastag #MiMamáCura, se pide el ingreso conjunto de madres e hijos a los Ministerios de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

Somos conscientes de que no es fácil, de que no es una práctica que veamos con frecuencia. Sin embargo, es una demanda que organizaciones como UNICEF, el Consejo Europeo, la IHAN y la Carta Europea de los Niños Hospitalizados han explicitado en múltiples ocasiones, y que ahora, tiene su eco en esa sociedad que pide poder estar con sus hijos si estos, en algún momento, deben ser hospitalizados.

Te proponemos reflexionar sobre ello en “Eres Mamá”.

Mamá puede hacer que el niño se cure más pronto

A menudo suele decirse aquello de que “los niños enfermos hacen aún más valientes a sus padres”. Es una realidad muy cierta. Cuando nuestros hijos enferman todo el núcleo familiar queda afectado.

Sin embargo, tanto papá como mamá desarrollan una fuerte actitud donde no caben los derrotismos, donde se aúnan ánimos y donde por encima de todo, se dibujan sonrisas a cada instante para que el niño se sienta seguro, cómodo y amado.mamá está cerca

El apoyo emocional

La figura materna es esa referencia indiscutible donde se crea un primer apego imborrable. Pensemos en ello por un momento: pocas cosas pueden ser por ejemplo más traumáticas para un niño que separarse de su madre para ser hospitalizado a causa de una enfermedad.

  • Por un lado se halla la propia causa de hospitalización. Ya sea un apendicitis, unas anginas u otro problema de más gravedad, es algo que el niño ve con auténtico pánico. No sabe qué ocurre, e incluso muchas veces, y si son muy pequeños, no entienden por qué les hacen daño.
  • A ello se le suma además el hecho de ser separado de su entorno, de sus cosas, de su familia. Esa emocionalidad negativa intensifica aún más el malestar y sobre todo el miedo.

Algo tan sencillo como hacer un ingreso conjunto madre-hijo, hace las cosas mucho más fáciles: el niño sigue teniendo ese velo emocional de protección tan básico.

Los niños hospitalizados tienen derechos

nino-enfermo

No todos los padres lo saben, pero una sección de los derechos recogidos en la Carta Europea de 1986, y la Convención de Naciones Unidas sobre Derechos de Niños y Niñas habla claramente de la necesidad de atender no solo el aspecto médico. El apoyo emocional y la cercanía familiar es indispensable.

Veamos alguno de los principios que rige esta carta:

  • Los niños serán hospitalizados si no hay otro modo  de garantizar su salud.
  • Todo niño debe estar acompañado por su familia en todo momento.
  • Los niños deben ser informados sobre su estado de salud: los médicos ajustarán su lenguaje para hacérselo entender.
  • Deben ser tratados siempre por las mismas personas.
  • Si la hospitalización es larga, deben continuar con la formación escolar
  • Los padres deben dar su consentimiento ante cualquier intervención médica.
  • Los padres deben ser recibidos también de una forma adecuada y ayudados por psicólogos o trabajadores sociales.

Finalidad: humanizar la atención sanitaria

Hay padres que deben desplazarse a otras ciudades para ingresar a sus hijos. Largos viajes de ida y vuelta donde dejar al niño solo. Ahí, mientras dura la hospitalización, la familia debe buscarse la vida para comer, para asearse, para descansar unos minutos…

No hay intimidad ni confort en muchos casos y, lo que es peor, a menudo no cuentan con el permiso de sus trabajos para prolongar esa baja, hasta el punto de verse en la tesitura de perder o no perder el empleo por atender al hijo.

niño enfermo

Esto no debería ser así. La sociedad y las esferas políticas y sanitarias deberían ser más sensibles a esta realidad. La mamá o el papá debería ingresar junto a su niño en una misma habitación, tener una cama, un espacio donde poder acompañar, cuidar, animar, y a su vez, hacer también que médicos y enfermeras no tengan tantos problemas a la hora de interaccionar con el niño.

Esta realidad se hace aún más necesaria cuando estamos ante bebés lactantes. No obstante, queda claro que para lograrlo se necesitarían cambios muy relevantes, como crear habitaciones más amplias que garanticen esa intimidad madre-hijo. Esperemos que en poco tiempo esa demanda que aún sigue en marcha en”change.org” cumpla su objetivo.

 

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