Ser “mamá-bebé” significa conocer el caos más absoluto

Ser mamá-bebé implica que una se vuelve un poco “loca”, abandona el mundo racional, vive en un mundo paralelo y se mantiene lejos de las decisiones lógicas, de los horarios, de las obligaciones, etc. En este sentido, una mamá-bebé necesita el apoyo de quienes la aman para sostenerse en un momento en el que el mundo interno y el externo se envuelven en el caos más absoluto.

Al fin y al cabo, cuando una mujer es madre-bebé se somete a una rutina desequilibrada de llantos, de pañales, de tomas y biberones que le hacen sentirse en otra dimensión, no reconocerse a sí misma y sentir que, en cierto modo, ha perdido el tren de su propia identidad.

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El rol de una mamá-bebé

Si bien el caos es más acusado durante el posparto, la primera etapa de edad de nuestros niños suele requerir que miremos hacia el mundo con los ojos del bebé y establezcamos nuestras prioridades en base a sus necesidades.

Estas necesidades se vuelven nuestras al mismo tiempo que nos sentimos agotadas, con el cerebro borroso, sentimientos encontrados y una gran obnubilación.

Quizás la expresión que mejor define cómo se siente una mamá-bebé es aquello de “estoy como en una nube”. O sea, en estos momentos se tiene la sensación de estar en un mundo paralelo con otros ritmos y en el que todo parece estar distorsionado o difuminado entre llantos, noches sin dormir, cólicos y pañales.

Madre abrazando a su bebé

El apoyo emocional a la mamá-bebé

En cualquier caso es indispensable que cada madre se permita sumergirse en ese mundo onírico que originan la lactancia, los llantos, los consejos y recomendaciones, los horarios y demás aspectos característicos de esta etapa.

Para acompasar estos momentos de desconexión con “el mundo real” resulta beneficioso buscar referencias que se basen en el aquí y el ahora. Un ejemplo sería hablar con otras mamás que se encuentran en la misma etapa.

De este modo podremos normalizar situaciones, sensaciones, experiencias y pensamientos, pues nos daremos cuenta de que son similares y eso nos fortalecerá. Es decir, crear un ambiente en el que lo que nos sucede no solo resulta ser compartido, sino que se recrea y se tiñe de positivo.

Mano de una madre con su bebe

O sea, que aunque el caos en esta etapa es un elemento negativo, el hecho de compartirlo y de sentirnos acompañadas en nuestro tránsito fomenta que aceptemos de manera positiva nuestra identidad como mamá-bebé con el caos que conlleva.

Es normal sentirse alterada y sumergirse en la locura, pues la cantidad de sugerencias, consejos y experiencias contradictorias nos desorienta y nos conduce a desesperarnos en la búsqueda de la manera correcta de hacer o ser mamá-bebé.

Rodearnos de otras mujeres que son mamá-bebé a la par que nosotras, fomenta la contención afectiva, la aceptación de nuestras emociones y la confianza para conectar con nosotras mismas.

Amamantar a un bebé es un gran acto de amor

Funcionar como mamá-bebé

Funcionar como mamá-bebé significa oscilar entre la conexión con nuestro aspecto adulto y nuestro aspecto bebé. Esto, como es natural, es en cierto modo lo que nos guía a sabe “lo que está bien” y “lo que está mal”.

Es bueno para ello buscar la conexión con otras mamás, lo cual nos ayudará a saber qué es lo que nos conviene y cómo gestionar este momento.

Dan igual los consejos que recibamos, pues solo aquellos que guardan relación estrecha con la historia emocional de cada mamá-bebé serán útiles y fructíferos. Esto nos hará darnos cuenta de que la única persona que sabe lo que nos conviene somos nosotras mismas, lo que ocurre es que una mamá-bebé no sabe que sabe todo lo que sabe.

Comprender que cada díada mamá-bebé tiene un tiempo y un ritmo será la mejor pista para que, cuando llegue el momento, recuperemos esa normalidad que tanto tememos haber perdido.

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