El encuentro amoroso con el puerperio

Raquel Aldana 22 diciembre, 2015

Se llama puerperio o cuarentena a los 40 días posteriores al parto, momento que se constituye como una etapa de conocimiento y de readaptación a nuestra nueva realidad física y psicológica.

Debemos saber que aunque hoy en día el concepto es otro, el respeto hacia este período deriva de sociedades pasadas en las que las mujeres se hacían cargo de manera comunitaria de los niños y de la reciente mamá mientras que los hombres se encargaban de procurar el alimento.

No obstante, la realidad social que vivimos en la actualidad es muy distinta. Muchas veces vivimos aislados o alejados de nuestra familia primaria, la cual no puede apoyar y ayudar a sobrellevar tareas domésticas simples que los padres recientes necesitan.

Sin embargo, que la situación actual no nos permita mantener esa red de apoyo no quiere decir que ya no lo necesitemos. De hecho, todas las puérperas necesitan del sostén social para no desmoronarse antes las heridas físicas y emocionales derivadas del parto.

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Cuidarnos en el puerperio es garantizar la felicidad familiar

Tenemos que tener en cuenta que debemos recuperarnos y recomponer nuestros esquemas sociales, biológicos y psicológicos. El constituirse como “mamá-bebé” es sinónimo de convivir con el caos más absoluto y de “volverse un poco loca”.

Durante el puerperio, cada sensación nueva asusta aquí a la nueva mamá, la cual ni siempre está feliz ni siempre está alegremente dispuesta a dar el pecho a su hijo a las 5 de la mañana.

Por eso la madre en este momento necesita el apoyo emocional de aquellos que la aman y que le permiten abandonar el mundo racional de los horarios, las obligaciones y las decisiones lógicas para sumergirse en su sueño y en el abandono del mundo material durante ciertos instantes.

Esta es una de las sensaciones que la madre puérpera más echa de menos y, sin duda, es el sacrificio que más cuesta equilibrar en este duro proceso de comprensión hacia sí misma, hacia su hijo y hacia los demás.

Manita de bebé

La pérdida de la identidad durante el puerperio

Enfrentarnos a la nueva atmósfera de nuestra reciente identidad como mamá-bebé significa que debemos “salir fuera” del mundo que hasta ahora conocíamos o con el que hasta ahora compartíamos reglas.

Esto significa tener que aceptar ante nuestra propia perplejidad que el trabajo, las amistades y los intereses que hasta entonces consumían nuestra energía se convierten en recuerdos lejanos ahogados por el llanto de nuestro bebé.

Todo esto nos acontece interiormente como una especie de duelo, ya que acabamos creyendo que nunca jamás volveremos a ser esas mujeres maravillosas, activas, encantadoras, inteligentes y dedicadas que tanto tiempo nos había costado construir.

Esto sucede porque, en primer lugar y además de la desestructuración física y emocional a la que nos sometemos, también perdemos el contacto con nuestros lugares de referencia (el lugar de trabajo, nuestro ámbito de estudio, las zonas de ocio o recreativas a las que solíamos acudir, etc).

Madre e hijo recién nacido tumbados

En lugar de esto estamos sometidas a una rutina que sin serlo nos absorbe, generando a la vez la sensación de que hemos perdido el tren y ya nunca más volveremos a ese mundo que conocíamos.

Durante la cuarentena y mucho más allá nos convertimos en personas con un único rol: ser mamá-bebé. Algo que nos hace contemplar el mundo con los ojos del bebé y no reconocernos a nosotras mismas cuando nos miramos al espejo.

De hecho, la fuerte sintonía o vinculación con nuestra faceta maternal nos hace sentir extremadamente sensibles o emotivas, con el cerebro borroso, los sentimientos confusos y distorsión por bandera.

En la medida en la que comprendamos esto, sabremos que el apoyo afectivo no es un lujo en la madre puérpera, sino que es una prioridad. Por eso debemos invitar a las personas de las que nos rodeamos a comprender esto, así como a ofrecernos recursos emocionales que conviertan al puerperio en un lugar de encuentro con una misma y con los demás.

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