El cerebro femenino y la depresión posparto

Raquel Aldana · 1 noviembre, 2015

Según las estadísticas más conservadoras, uno de cada diez cerebros femeninos estará deprimido durante el primer año tras haber dado a luz.

Que nuestros cerebros no se reequilibren a tiempo es algo normal teniendo en cuenta los enormes cambios hormonales que acontecen durante el embarazo y que siguen al parto.

Así, si bien los cambios psiquiátricos posparto pueden ir desde sentimientos de melancolía hasta episodios psicóticos, lo más normal es la depresión posparto.

¿Qué hay detrás de la depresión posparto?

La respuesta a esta pregunta es casi obvia, detrás de la depresión posparto están los cambios hormonales. Especialmente las variaciones de estrógeno, de progesterona  y de cortisol, todas ellas presentes en cantidades industriales durante el embarazo.

 

Sin embargo, también hay estudios que parecen indicar que nuestros genes tienen mucho que decir en cuanto al riesgo y la vulnerabilidad de vernos afectadas por el ciclo y el desequilibrio de nuestras hormonas sexuales.

Así, los datos epidemiológicos indican que durante las dos semanas posteriores a dar a luz un 80% de mujeres se verán afectadas por un estado de ánimo depresivo, el cual puede hacernos sentir tremendamente tristes o irritables.

De ese 80% inicial, alrededor de un 15-10% de las mujeres mantendrán desórdenes anímicos del tipo depresión o ansiedad durante el primer año.

Así, aunque nos cueste aceptar que una madre pueda sentir tanta oscuridad en momentos de luz es algo totalmente normal y justificable dada la oleada de cambios hormonales, psicológicos, sociales y físicos en los que una mujer se ve inmersa ante la llegada de la maternidad.

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El cerebro femenino en el posparto

Durante el embarazo el cerebro de la mujer tiene puestos los frenos como respuesta al estrés. Así, tras el parto estos pedales se sueltan de golpe, por lo que es difícil manejar y tolerar la afrenta que suponen los cientos de cambios que se presentan.

Así, en estos momentos de vulnerabilidad, el cerebro de la mujer se vuelve hiperreactivo al estrés, a lo que a su vez se suma una gran secreción de cortisol. Esta hormona es responsable del estrés, pero durante el embarazo ha cumplido una función bien distinta: la de protección y vigilancia.

Por eso no es de extrañar que los reflejos estén al alza, pues en estos momentos cualquier madre puede mostrarse nerviosa y sentir que cada pequeña cosa es un problema enorme.

Digamos que la mujer en el momento del posparto suplica un equilibrio tanto de manera consciente como inconsciente a través de su cuerpo y de su mente. Sin embargo, las atenciones y preocupaciones que necesita el bebé le harán sentirse hiperactiva e hipervigilante.

Esto contribuirá a que se sienta agotada e incomprendida, lo que generará a su vez un peor estado de ánimo. O sea que no solo son los cambios hormonales, sino también la vulnerabilidad genética, la falta de apoyo emocional y social y la incomprensión de los roles.

 

Así, la mujer que se enfrenta a una depresión posparto tendrá que lidiar con pensamientos y sentimientos devastadores que la hacen sentir como una mala madre. Asimismo, es probable que esta incomprensión percibida la retraiga a la hora de hablar de sus emociones mientras a su vez atribuye su estado a su debilidad y no a una enfermedad.

Esto hace que sea habitual que los síntomas depresivos posparto permanezcan ocultos, pues las mujeres se avergüenzan de no estar felices por el nacimiento de su bebé.

Sin embargo, este estado solo es una lucha por reequilibrar las hormonas cerebrales, la nueva identidad maternal, la lactancia (la cual también parece afectar a la respuesta hormonal ante las situaciones de estrés), el sueño, el bebé y la relación con la pareja y el entorno.

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Cómo tratar la depresión posparto

La depresión posparto debe tratar un médico especialista o un psicólogo, a fin de normalizar la situación y de revitalizar y reequilibrar al cuerpo en esos momentos tan duros.

No obstante, se suele recomendar tomar cantidades adecuadas de omega 3, mantener un nivel adecuado de azúcar en la sangre (un nivel bajo de azúcar exacerbaría la depresión) y una vida los más activa y saludable posible.

No nos olvidemos de que el objetivo prioritario del tratamiento siempre será restablecer el equilibrio hormonal, pues a través de este lograremos apoyar la estabilidad emocional que la madre necesita.

Sin embargo y dado que los cambios no son solo hormonales, se hace necesario un proceso de acompañamiento y asistencia en la vida diaria para garantizar que se cubran las necesidades tanto del niño como de la madre.

Por eso en estos momentos es imprescindible que en conjunción con la ayuda profesional se dé un apoyo emocional por parte de la familia y de los amigos. Al fin y al cabo la madre necesita toda la comprensión del mundo para superar la mala pasada que le ha jugado la cascada de cambios a la que se ha visto sometida.

Fuente bibliográfica consultada: El cerebro femenino de Louann Brizendine