El cerebro borroso durante la lactancia

Raquel Aldana · 1 noviembre, 2015

Es probable que si eres madre de lactante te sientas cada vez más distraída y olvidadiza, que se te pasen por alto veinte cosas al día e incluso que la confusión te defina hasta el punto de sentirte frustrada.

Esta falta de concentración suele ser un efecto secundario de la lactancia materna. Esto se debe a que las hormonas hacen de las suyas y arman un gran revuelo en nuestro cerebro, cegándonos e inundándonos de sustancias que obnubilan nuestra razón.

Las madres pueden alarmarse por la nebulosa mental, lo que contribuye a generalizar un estado de nerviosismo que puede jugar malas pasadas. Además, no nos olvidemos de que a esta cascada hormonal se le une la falta de sueño e incluso de tiempo.

¿Qué le ocurre al cerebro en este período?

Digamos que esto ocurre porque las partes del cerebro que cuidan de la precisión y de la concentración se ocupan de proteger y de seguir al recién nacido durante los primeros seis meses.

Como consecuencia es posible que la mamá de un lactante no sea capaz de articular palabras o de seguir conversaciones medianamente exigentes intelectualmente. O sea, que de alguna manera se pierde agilidad y agudeza mental.

Bebé mamando y mirando a su madre

Sin embargo, los beneficios de la lactancia sobrepasan por mucho a los costes. Los bebés son perfectos socios neurológicos y el intercambio comunicativo que se realiza a través en el amamantamiento genera una explosión de conexiones neuronales en el cerebro materno.

El grado de respuesta hormonal cerebral dependerá  del tiempo y de las veces que un bebé mame. Así, cuanto más lo haga, mayor será el estallido de respuesta de sustancias como la prolactina y la oxitocina (hormonas principalmente responsables del fortalecimiento del vinculo afectivo).

Así, bastará una simple mirada, un simple gesto o un pequeño roce para que surja la idea de dar de comer al bebé y los pechos comiencen calentarse y a gotear leche. Para el niño esta recompensa es inmediata, pues no solo se alimentará sino que sentirá el amor y el sustento que recibe por parte de su madre.

Estas sustancias del bienestar también son transmitidas al pequeño, el cual a su vez libera oxitocina, lo cual contribuye a sosegarle y a hacer sentir confortable.

Madre amamantando

La abstinencia en el destete

Es frecuente que las madres sufran síntomas de abstinencia cuando están separadas de sus retoños. En este sentido, es probable que sientan miedo, ansiedad e incluso pánico.

Estos síntomas se derivan más bien de un estado neuroquímico más que psicológico. Al parecer esto ocurre como consecuencia de que el cerebro está sutilmente preparado para trastornar los niveles hormonales si se produce una separación entre madre e hijo.

Lo que ocurre es que descienden bruscamente los niveles de oxitocina responsables de regular el estrés. No debemos olvidar que la oxitocina solo dura unas 3 horas en sangre.

Bebé en su cunita

Así que cuando se produce el destete las madres experimentan estos mismos síntomas. Además, suele darse la circunstancia de que el abandono de la lactancia coincide con la reincorporación laboral, por lo que esto acaba haciendo mella en el estado psicológico de la madre.

Como consecuencia es habitual que se produzca un estado de angustia y agitación, pues el flujo de oxitocina que inundaba el cerebro ante la lactancia se interrumpe casi bruscamente.

Muchas madres suavizan este estado extrayendo leche de sus senos en su trabaja cada vez que pueden, logrando así reducir de manera más gradual el hábito de dar el pecho. Luego, por ejemplo, los fines de semana dan de mamar a sus hijos.

De esta manera no solo se garantiza la producción de leche sino que se permite la obtención del placer afectivo y fisiológico que genera la lactancia tanto a la madre como al bebé.

Fuente bibliográfica consultada: El cerebro femenino de Louann Brizendine