El cerebro de mi mamá

Raquel Aldana · 24 octubre, 2015

Hola, mamá:

Hoy te vengo a hablar de lo que voy provocar en tu cerebro y de cómo mi presencia va a cambiar tu manera de pensar y de sentir para siempre. Empezaré desde el principio para que me entiendas, desde que tú y yo nos unimos.

Lo primero que sucede es que una hormona que se llama progesterona comienza a estar muy presente en tu cuerpo, mamá. Tus pechos se sensibilizan y tu cerebro se serena. Al principio te notarás somnolienta y sentirás la necesidad de descansar y de comer más de lo normal.

Yo soy responsable de que esas hormonas estimulen los lugares de tu cerebro que albergan la función de la sed y el hambre. Digamos que yo necesito comer, por lo que tendrás que producir un mayor volumen de sangre para garantizarme el aporte de nutrientes que necesito.

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No te asustes, es normal que no te quieras separar ni un momento de la botella de agua y que no quieras que el cuarto de baño esté muy lejos. Probablemente por la misma razón a tu cerebro se le antoje comer algo concreto o le repugnen ciertos olores.

Como no quieres comer nada que me haga daño, muchas cosas te darán asco y a veces incluso tendrás náuseas. No te apures, esto solo te pasará durante el primer trimestre. Todos estos cambios son normales.

Debes saber que la progesterona sube de diez a cien entre el segundo y el cuarto mes y que sus efectos son igual de potentes que un ansiolítico como por ejemplo un Valium. Piensa que tu cerebro está inundado de un sedante y relájate, solo quiero que nos protejamos del estrés.

Bebé en la barriga de su madre

A los cuatro meses

A partir del cuarto mes más o menos, tu cerebro ya se habrá habituado a los cambios hormonales. Entonces es probable que puedas comer normal e incluso con cierta ansia.

La parte consciente y la inconsciente de tu cerebro estarán pendientes de lo que pasa en tu útero, en mi hogar. Mamá, aquí se está muy bien, tu barriguita es reconfortable, me gusta escuchar tus latidos y sentir tu calor.

Pero no te acostumbres, mamá, quiero que sepas que estoy aquí. Así que a partir del quinto mes es probable que comiences a sentir algo así como burbujas de gas en tu abdomen. De hecho, es prosible que pienses que son los típicos gases que nos dan después de la comida, pero no.

Tu cerebro ya sabe que eso significa que me estoy moviendo. Comenzarás a tomar conciencia de mi presencia. Tu cerebro ha ido cambiando y ampliado los circuitos del olfato, de la sed y del hambre. ¿Sabes por qué? Por amor.

Ya estás comenzando a conocerme, ya notas mis pataditas, ya me notas moverme y ya fantaseas cada vez más con cómo será abrazarme y mirarme. Probablemente papá y la gente que está a tu alrededor también estén deseando notar mis movimientos y escuchar mi corazoncito a través de nuestra tripita.

 

El efecto tranquilizante de la progesterona

El aumento de los niveles de estrógenos nos ayudan a contrarrestar las hormonas del estrés mientras estoy dentro de ti, mamá. ¿Sabes? Tanto yo como la placenta que me protege producimos tanto cortisol (hormona del estrés) que al final del embarazado tu cuerpo estará tan invadido como un cuerpo que ha estado realizando un ejercicio físico agotador.

Sin embargo, estas hormonas no te llevan a sentirte estresada, o al menos no típicamente estresada. Lo que realmente hacen en ti es ayudarte a vigilar lo que comes, si el lugar en el que te encuentras es seguro y si todo a tu alrededor va bien.

Te ayudan a centrarte en ti y en mí, en nuestro cuidado. Además, también puede cambiar el tamaño y la estructura de tu cerebro. Puede que durante los seis meses de embarazo y hasta el parto tu cerebro se encoja.

Mamá, te encogí el cerebro… Pero no te preocupes por esto, también volverá a la normalidad, solo que tu cerebro está convirtiendo carreteras secundarias en autopistas de triple carril. O sea que no perderás capacidades, las ganarás. Y antes de que salga al exterior el tamaño ya se habrá normalizado.

Bebé con cara de pillo

Cuando se acerca mi nacimiento

Cuando estamos a poco tiempo de mi nacimiento te preocuparás mucho por mí. Probablemente pienses en cómo lograremos salir los dos sanos y salvos del gran momento que nos espera.

Entonces estarás muy alerta, caminarás como un pato y sacarás fuerzas de cualquier lado. Yo naceré cuando quiera, mamá. No esperéis que yo cumpla con vuestras expectativas temporales.

Cuando rompas aguas tu cerebro se inundará de oxitocina y favorecerá que tu útero se contraiga. Tus niveles de progesterona (esa hormona que nos “sedaba”) descenderán. La cascada de oxitocina y dopamina provocará que en tu cerebro se creen numerosas conexiones neuronales.

 

Entonces llegaré y te saludaré. Tú estarás tan exhausta que quizás veas todo borroso, pero tu cerebro te habrá preparado para amarme. En cuanto me huelas, me sientas y me mires podrás diferenciarme de cualquier bebé del mundo con asombrosa facilidad.

Tu fuerza y tu afán por cuidarme se implantarán en tu cerebro para siempre. Sentirás que puedes parar un camión con tu cuerpo para protegerme, no habrá nada que se nos resista.

Probablemente desarrolles una gran capacidad de memoria espacial, serás más flexible, más eficiente y más valerosa. Desde ahora y para el resto de tu vida. Tu cerebro te ha preparado para amarme y para mantenerme a tu lado.

Eso, mamá, ya nunca cambiará. Espero que ahora entiendas mejor cómo nos hemos llegado a querer tanto. Parece cosa de magia, ¿verdad? ¡Qué maravilloso resulta crecer juntos y hacernos cada vez mejores! No tengo palabras para expresarme..,  ¡así que a partir de ahora lo haré con abrazos, besos y mucho amor! ¡He aprendido de la mejor!