Una madre solo desea la salud de sus hijos

26 Mayo, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz Martín
Basta con ver a nuestro hijo enfermo o triste para recordar que no hay nada más importante en el mundo que su salud. Por ello, te invitamos a disfrutar cada día a su lado.
 

Desde que una mujer recibe la noticia de que va a ser madre, su única preocupación es la salud de sus hijos. Y este deseo se mantiene de por vida, y se convierte en su mayor propósito. Aunque a veces los sucesos cotidianos le hagan olvidarlo, una madre daría todo lo que posee a cambio de ver a sus niños sanos y felices.

No hay un vínculo más fuerte que el que se forja con aquel ser que ha crecido en tu vientre. Y es que nadie más sabe cómo suena tu corazón desde dentro. Cuando te conviertes en madre tus prioridades cambian y cualquier preocupación palidece al compararla con el bienestar de tu pequeño.

Una madre solo desea la salud de sus hijos

Cuando una mujer está embarazada todo su entorno comienza a preguntarle acerca de sus expectativas. “¿Prefieres niño o niña?”. “¿Crees que se parecerá a ti?”. “¿De qué color piensas que serán sus ojos?”. Y, aunque fantasear acerca de cómo será su futuro bebé le llene de ilusión, finalmente, la respuesta siempre es la misma: “solo deseo que esté sano”.

Madre abrazando a su hija altamente sensible.

Y es que no existe un amor tan incondicional como el de una madre. Para ella no importa si su pequeño es más alto o más bajo, rubio o moreno, tímido o inquieto, pues siempre será la viva imagen de la perfección.

 

Desde el inicio de la gestación, el bienestar personal pasa a un segundo lugar. Y, a pesar de que pueda quejarse de los cambios en su cuerpo, de las náuseas o de la incomodidad, bastará un toque de atención por parte del médico para abandonar todas sus rutinas y guardar reposo con el fin de preservar la salud de su pequeño.

Nadie como una madre sabe de noches en vela junto a la cama de su hijo enfermo. Nadie como ellas reconoce que el dolor ajeno puede llegar a causar más sufrimiento que el propio si es de un hijo de quien hablamos. Y es que todas ellas se cambiarían de lugar sin dudarlo para evitar a sus retoños pasar por el trago de una fiebre elevada, un hueso roto o un simple análisis de sangre.

Salud física y emocional

Si le preguntas a una madre qué quiere que sea su hijo de mayor, muchas te responderán simplemente que quieren que sea feliz. Y es que esta es la mayor aspiración que se puede tener respecto al futuro de un hijo. Deseamos que crezcan tranquilos, seguros de sí mismos, llenos de amor propio y sin miedo a la vida.

No en vano, las madres dedican gran parte de su tiempo y energía a informarse sobre los nuevos avances en materia de crianza y educación. Desean con toda su alma contribuir a que sus pequeños crezcan sintiéndose amados y contando con todas las herramientas personales para salir adelante.

El temor, la incertidumbre, las dudas y la culpa acompañan a las mamás en el crecimiento de sus niños, mientras se plantean incesantemente si estarán haciéndolo bien.

 

El dolor y la impotencia se asientan en ellas al observar a sus hijos atravesar sus primeras traiciones, decepciones y tropiezos. En esos momentos solo desearían poder restaurar la calma de sus pequeños, su confianza en el mundo y sus sentimientos heridos.

Madre viendo con sus hijos una película en el ordenados y deseando la salud de sus hijos.

Tenlo siempre en mente

Por ello, aunque esto es algo en lo que toda progenitora estaría de acuerdo, es importante recordarlo cada día. Las rutinas, obligaciones y vivencias cotidianas pueden hacernos perder el foco de lo que realmente importa. Y, por lo mismo, podemos vernos excesivamente preocupadas por sus calificaciones, por su aspecto o por la falta de orden en su habitación.

Y aunque, sin duda, todo esto es relevante, no debemos dejar que nos ciegue. Recuerda cada día abrazar a tus hijos, reír con ellos, jugar a su lado y recordarles cuánto los quieres. Muchas madres con pequeños enfermos no cuentan con la oportunidad de acudir al partido de fútbol de sus hijos ni de cenar con ellos cada día. Entonces, despreocúpate del resultado del partido y no magnifiques la importancia de que no se terminen la comida.

Finalmente cuentas con lo más valioso: la salud de tus hijos, su felicidad y su compañía. No esperes a que una gripe o un corazón roto vengan a reordenar tus prioridades. Por el contrario, agradece y disfruta cada día de ese maravilloso regalo.