Si lo que tienes que decir a tu hijo no es bello, no lo digas

Amanda 21 mayo, 2016

Las palabras pueden hacer más daño que las acciones, a veces podemos recordar cosas que nos dijeron hace muchos años; las cosas negativas pueden acompañarnos por mucho tiempo, pero las positivas, mucho más. El amor de madre es capaz de llegar al extremo de la comprensión, pero como seres humanos que somos, quizá podamos llegar a decir cosas que no sentimos en realidad.

Cuando sentimos que hemos perdido el control y deseamos decir cosas que no son hermosas a nuestros hijos, es preferible no decirlas. El afecto por los niños es de mucho valor, para ellos como personas y para la familia, en ocasiones los efectos de las palabras podrían dañar mucho las emociones de los pequeños.

Es común que lleguemos a tratar a los niños como si fueran adultos y pudieran comprender todo lo que decimos o hacemos; por eso, es posible que ciertas palabras no sean apropiadas. El caso de las burlas, las comparaciones o las críticas pueden llegar a ser muy hirientes, aunque no lo hagamos con mala intención.

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Las palabras bonitas son las que cuentan

Que aconsejemos el uso de palabras bonitas para hablar a nuestros hijos no implica que descuidemos la disciplina, sabemos que hay situaciones que merecen mayor firmeza, pero no es necesario volvernos agresivos. Intentemos en todo momento elegir las frases apropiadas para ayudarlos a reflexionar sobre su comportamiento y démosle la oportunidad de explicar, sin gritos y sin ofensas.

Las memorias infantiles tienden a ser un poco más sensibles, recordemos que son muchas las cosas que los niños no entienden  y que en gran medida se encuentran indefensos ante la mayor parte de las situaciones que viven. El hecho de que solo cuenten con sus padres para defenderse del mundo que desconocen, los vuelve más dependientes de estos; por lo cual, cuando son reprendidos se sienten muy solos.

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Pensemos por un momento en que solo tenemos a una persona en el mundo y que de pronto esa persona se vuelva en contra nuestra y nos torture con palabras. Así pueden llegar a sentirse los niños, pueden sentirse además de solos, poco queridos y viviendo con el enemigo; cuando se trata de adolescentes, puede ser mucho peor para ellos y las consecuencias aún más.

No solo se trata de evitar las palabras negativas, sino también de saber expresar las positivas. Los niños necesitan recibir el afecto que sentimos, esperan escuchar que los queremos y que cuentan con nosotros en todo momento, es una manera de acercarnos a ellos y conseguir que se consolide la unión en la familia.

Aprende a decir a tu hijo lo que sientes

Decir a tu hijo lo que sientes también implica que debas decirle cosas que no son totalmente positivas, pero si aprendemos a decirlas, muchas tormentas se pueden evitar.  No es evitar decir que estamos molestos o hacer algún reclamo por un mal comportamiento, se trata de poder expresar nuestros sentimientos de la manera correcta.

Tu hijo debería saber que te sientes mal por su actitud, pero no tratemos de pagar con la misma moneda; por ejemplo, haciéndolo sentir mal también a él. Es normal que sintamos que uno de nuestros hijos es más listo o más guapo, pero él no necesita saber eso; si lo que tienes que decir a tu hijo no es bello, no lo digas.

Otras maneras de ser amables con nuestros hijos es cultivando su seguridad personal y su amor propio; celebrar sus éxitos y decirles que son capaces, pueden ser las mejores maneras de demostrar cariño. También es oportuno para que desarrollen su autoestima y se sientan seguros de tomar riesgos sanos; saber que alguien se siente orgulloso de nosotros es a veces la mejor motivación.

 

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