Las convulsiones febriles: un impacto imposible de olvidar

Valeria · 28 diciembre, 2016

Las convulsiones febriles son comunes en niños de entre 6 meses y 3 años. Nuestros hijos se estremecen, tiemblan y convulsionan como respuesta a una infección derivando en un estado que siempre nos genera mucho temor y un impacto difícil de olvidar.

Ahora bien, los pediatras nos indican que casi el 25% de los bebés lo experimentarán en algún momento de su vida. Es una reacción normal del cerebro a ese proceso infeccioso, sin embargo, por etiquetarlo como inofensivo no quiere decir ni mucho menos que debamos bajar la guardia. Si este fenómeno dura más de 10 minutos y los niños se quedan con el cuello rígido y se acompaña de vómitos frecuentes, es necesario acudir a urgencias.

No obstante, debemos quedarnos tranquilos por un detalle esencial: no existe bibliografía médica que relacione las convulsiones febriles con ningún problema clínico como puede ser epilepsia o retraso madurativo. Los procesos en los que han surgido complicaciones se debían a otras enfermedades subyacentes como puede ser, por ejemplo, meningitis.

Puesto que es un tema sensible y de interés común, en “Eres Mamá” queremos profundizar en ello para ofrecerte todos los datos y herramientas.

Qué son las convulsiones febriles

convulsiones febriles niños

A veces, no hace falta que un niño llegue a los 38º grados para experimentar convulsiones febriles. No obstante, el dato más curioso que cabe destacar de este fenómeno infantil es que acontece con mayor intensidad en niños que están empezando a andar.

  • Aunque puede aparecer en algunos casos en edades superiores a los 3 años, lo más común es que acontezca a partir de los 6 meses. En caso de que un bebé menor de 5 meses experimente convulsiones febriles es necesario que lo llevemos a nuestro pediatra.
  • Según el Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares (NINDS), esta reacción tan impactante como consecuencia a un proceso infeccioso, tiene siempre un origen genético. Algún miembro de la familia lo debió experimentar también en su infancia.
  • Asimismo, factores como fumar durante el embarazo podría propiciar también la aparición de las convulsiones febriles.
  • Por otro lado, las enfermedades más comunes asociadas a este fenómeno son las infecciones de oído, resfriados o las gastroenteritis. 

Características de las convulsiones febriles

espasmos del sollozo

Señalamos una vez más que, a pesar del impacto de este fenómeno febril es algo inofensivo. Algo sin trascendencia que aun así, hemos de controlar, supervisar y atender en todo momento.

Queda claro sin duda que el impacto es muy profundo. Lo es porque la primera vez que aparece es cuando nuestro bebé es aún muy pequeño (entre los 6 o 15 meses). Asimismo, los expertos nos indican que si aparece a edades tempranas es posible que vuelva a sucederse, sin embargo, si surge a los 3 años es muy poco común que vuelva a aparecer.

Veamos ahora cuáles son las características que acompañan a las convulsiones febriles:

  • El niño pierde la conciencia
  • Se queda rígido y convulsiona (bien en su totalidad, o solo la cabeza, los brazos o las piernas)
  • La mirada del niño se queda perdida y su piel adquiere un tono morado.

Es sin duda una experiencia muy impactante que pocos padres han podido olvidar si en algún momento uno de sus hijos lo ha vivido.

Qué debo hacer en estos casos

espasmos del sollozo

Ante todo, calma. Lo mejor en estos casos es tener claros dos aspectos: es algo normal y nunca durará más de 10 minutos. Nuestra función en estos casos demanda que hagamos lo siguiente:

  • Sitúa a tu bebé en una superficie donde no pueda hacerse daño. Ponlo sobre tu cama o en un sofá amplio donde no se caiga y no se golpee contra nada.
  • No debes sujetarlo cuando convulsione.
  • Para prevenir ahogos por posibles vómitos, debes poner al niño de lado.
  • Ponle un paño tibio en la frente o en el cuello (nunca le apliques hielo con el fin de bajar la fiebre).

Cuando terminen las convulsiones el niño se quedará muy cansado. Ahora bien, es importante que siempre llevemos a nuestros hijos al médico tras que suceda uno de estos episodios.

  • Serán siempre nuestros pediatras quienes determinen qué ha originado esas convulsiones.
  • Tratar la enfermedad (la otitis o el resfriado) hará que nuestro hijo no vuelva a experimentar este fenómeno.
  • Nos darán las medicaciones adecuadas para tratar la infección. Nunca recurriremos a la automedicación, es decir, a elegir nosotros el tipo de fármaco que darle al bebé.
  • También es necesario que nuestro pediatra lleve un control sobre las convulsiones febriles. Si estas duran más de 10 minutos o si se repiten cada vez que el niño cae enfermo se harán otros análisis para descartar problemas subyacentes.

Sin embargo, incidimos una vez más en que es algo normal, algo que no suele repetirse una vez los niños sobrepasan el umbral de los 3 años. ¿Lo ha vivido tu bebé en algún momento?