La ‘mamitis’: ¿es tan mala como se considera?

Francisco María García · 28 junio, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga María Alejandra Castro Arbeláez el 22 diciembre, 2018
La mamitis no es ninguna patología o enfermedad. Se trata de un apego continuo del bebé o del niño hacia su madre. ¿Cómo se deben tratar estos casos? En este artículo te damos alunas claves, pero ten en cuenta que se trata de una situación que está dentro de la normalidad.

No se trata de ninguna enfermedad infantil ni materna. Se habla de ‘mamitis’ cuando un niño pequeño pide atención continua por parte de la madre. Sobre la ‘mamitis’ hay muchas opiniones. Que no es positivo, que hay que atender a cada demanda de atención… La madre escuchará las diferentes versiones del famoso ‘déjale llorar’, entre otros remedios. Estos consejos suelen transmitirse de generación a generación como un preciado bien de familia.

¿’Mamitis’ o apego seguro?

Quienes tienen la opinión del ‘bebé independiente’ quizá no sepan que todo niño pequeño necesita sentir la existencia de un vínculo sólido con su madre. Esta relación tiene que ser firme, constante e imbatible para que, en sus primeros años, el niño pueda sentirse seguro.

Por supuesto, este vínculo puede establecerse también con el padre o con quien estén a cargo de su cuidado la mayor parte del tiempo; aunque suele ser de mayor intensidad con la madre.

En la práctica, quien cumple con los requisitos de este apego seguro suele ser la madre. Sobre todo en los primeros dos años de vida, cuando el pequeño necesita el contacto y la contención de quien lo alimenta y sostiene.

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¿Qué significa una relación de apego entre el hijo y la madre?

Que un niño aprenda a ser independiente es uno de los deseos de la mayoría de las madres. Sin embargo, alcanzar este objetivo requiere de ciertos pasos que en un principio pueden sonar contradictorios.

Una dependencia positiva

Cuando nace y durante sus primeros meses, el bebé es absolutamente dependiente de la madre. De hecho, el pediatra Carlos Gonzáles habla de los primeros tres o cuatro años para referirse a esta necesidad permanente de atención y cuidados. De esta forma, hablar de ‘mamitis’ como algo negativo solo apuntaría a entorpecer un vínculo que necesita construirse día a día, en favor de la autonomía del niño.

El niño necesita que su contacto con el mundo esté acompañado de manera segura por un adulto. De este modo ganará confianza en sí mismo.

Cada pequeño detalle de la vida cotidiana que para un adulto es rutina, para los pequeños se trata de algo completamente nuevo. Sentirse acompañados en este descubrimiento constante es parte de una necesidad fundamental en el desarrollo de los más pequeños.

Así como ocurre con los cachorros de cualquier especie animal, el bebé humano se despertará varias veces en la noche para asegurarse que su madre está ahí, cuidándolo. Poco a poco, en algunos niños antes y en otros después, la inmensa y caótica realidad va cobrando forma, palabra y sentido. La ‘mamitis’ no sería otra cosa que pretender afrontar esa realidad desde el afecto antes que desde el temor.

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¿’Mamitis’ o vínculo primario saludable?

¿Qué pasa si los primeros años de vida un niño se siente solo y desprotegido? El modo en que el pequeño es recibido por su familia, su entorno y, sobre todo, su madre, será crucial en su futuro desarrollo y personalidad. En este sentido, es la madre la que se adapta a las necesidades del bebé y no al revés.

¿Qué es lo normal en un bebé? Que se duerma solo, juegue solo, no llore, se quede quieto, coma en su horario normal y no se despierte en toda la noche. En el marco de la salud, este niño no existe. Más bien se puede pensar todo lo contrario a la independencia infantil. ¿Acaso se puede pensar en un bebé que se cae y golpea y no necesita el consuelo de la madre para saber que todo estará bien?

En conclusión, una relación de apego, mal llamada ‘mamitis’, es lo deseable para cualquier bebé. La confianza de un vínculo estable y predecible acompañará al sujeto toda su vida, pudiendo trasladar ese bienestar a todas sus relaciones sociales futuras.

En otras palabras, cuanto más cuidado y apoyado esté un bebé, es más probable que crezca con autonomía, empatía y respeto hacia sí y hacia el entorno.