Mamitis aguda, solo quiere estar con mamá

 

Probablemente tu hijo, que ya ronda los dos añitos, no se separe de ti ni un minuto, y cada vez que no podáis estar juntos sea todo un drama. Si estás en esta situación, tu bebé se encuentra en una fase de mamitis aguda ¿sabes lo que es?

¿Qué es la mamitis?

Podemos decir que un niño tiene mamitis cuando ya con el grado suficiente de autonomía física para poder desplazarse, busca constantemente a mamá y tolera mal la separación de ella. Aun pudiendo quedarse con otras personas con las que también tiene una relación de confianza.

Un bebé no puede valerse por sí mismo y necesita la protección de sus padres, sobre todo en los primeros meses.  La madre, es todo su mundo, su figura de apego. Pero, a medida que crece y adquiere nueva habilidades, va necesitando menos ayuda y haciéndose más independiente.

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¿Cuándo se produce la mamitis?

El principal pico de mamitis lo encontramos entre los 10 y los 18 meses, en esta fase los niños empiezan a ser más conscientes de sí mismos y se hacen más autónomos. Esto quiere decir que ya pueden andar, correr y desplazarse, su principal objetivo es explorar el mundo que les rodea y siempre acompañado de su mamá.

La siguiente fase la podemos encontrar un poco más adelante , concretamente entre los dos y los tres años. Los bebés se relacionan tanto con el mundo que les rodea como con las personas que viven en él. Todo eso conlleva conocer mucha gente nueva y, se sienten más cómodos si su madre está cerca para darles seguridad.

Y por último, puede darse una tercera etapa de mamitis sobre los cuatro o cinco años, momento en el que todo lo quieren hacer con mamá, ir a comprar con mamá, cocinar con mamá,… es una especie de “enamoramiento” de mamá que en la teoría psicoanalítica ha recibido su propio nombre.

Además de estas fases de mamitis, que sufren todos y cada uno de los niños. Hay veces que en determinados momentos pueden sufrir momentos de regresión, es decir, una fase de mamitis, que no son más que períodos de inseguridad en los que se aferran a mamá para intentar recuperar su estabilidad interna.

Existen muchos motivos que pueden desencadenar estas situaciones de apego excesivo, unos debidos al momento evolutivo que están atravesando, o a otras razones externas, como una enfermedad o celos ante la llegada de un hermanito.

La buena noticia es que suele tratarse de episodios pasajeros y fáciles de solucionar.

¿Qué podemos hacer ante la mamitas aguda?

La solución es muy sencilla: paciencia y mucho sentido común.

Debemos ayudar a nuestro hijo a recuperar la confianza perdida en sí mismo, y tratar de que sea capaz de estar con otras personas.

También es muy importante que aprenda a estar solo con papá o con los abuelos, así que debemos dejarles solos. Primero intentaremos que hagan cosas agradables, como jugar o leer cuentos y tras unos días ya podrán hacer cosas más rutinarias.

La mejor manera de dar independencia a nuestro hijo, en esta edad tan temprana, es mediante el juego.

Podemos empezar jugando con nuestro niño, con construcciones, con pelotas de colores, puzzles o algo que sepamos que le gusta y le entretiene. Y luego cuando ya esté entretenido, levantarnos y separarnos de él unos centímetros, luego algún metro, sin dejar de hablarle para que note que estamos ahí con él. Es simplemente cuestión de tiempo, cariño y mucha paciencia.

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Lo que nunca debemos hacer…

En esta fase evolutiva de  nuestro hijo, el papá también sufre mucho. Es duro que solo quiera estar con la madre, y con él no quiera hacer nada. Debemos tener muy claro que en esta edad el pequeño no es consciente de que negándose a estar con su padre podría hacerle sufrir, aún no tiene la capacidad de empatía, es decir, de ponerse en el lugar del otro. Simplemente, con mamá le resulta todo más fácil.

Además debemos evitar caer en el error de pensar que nuestro hijo está rechazando conscientemente a otras personas, cuando atraviesa una de estas fases. Por lo que debemos ser comprensivos y hacérselo entender también a otros familiares, abuelos y abuelas, que pueden sentir o decir  frases inoportunas que no arreglan la situación.

Finalmente lo que tenemos que tener muy claro es que el establecimiento de un vínculo afectivo fuerte y confortable entre el niño y la madre favorece el desarrollo óptimo de la persona el resto de su vida.

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