La importancia del descanso en la niñez

Agetna · 16 abril, 2017

El descanso en la niñez es crucial para el óptimo desarrollo mental y físico. Los pequeños que no duermen bien ni descansan las horas necesarias tienden a estar irritables al punto de que se molestan o lloran por lo más simple.

La falta de atención y concentración, la somnolencia en horarios diurnos, el desánimo y el cansancio cuando otros están en plena actividad, son algunas de las consecuencias que el no descansar lo suficiente deja en ellos.

Un menor que no duerme bien tiene un bajo rendimiento al día siguiente y no puede usar la “explosividad” y energía que le caracterizan para desempeñarse tal cual es.

El sueño varía con la edad. Eso se sabe. Los niños pequeños no duermen lo mismo que aquellos con 2, 3 o 4 años. Sin embargo, el sueño reparador sigue manteniendo la misma importancia se tenga la edad que se tenga, porque se convierte en el único modo de reponer las fuerzas para estar en óptimas condiciones físicas y mentales durante las horas de vigilia venidera.

 

El sueño

Mamá, el sueño es una de las funciones vitales del organismo humano. Fisiológicamente, dormir y descansar son imprescindibles. Durante esas horas el cerebro lleva a cabo funciones significativas para su desarrollo y reparación: se eliminan residuos de las células cerebrales, se “repasa” todo lo que al niño le sucedió durante el día (aprendizaje), se potencia la memoria y se consolidan los recuerdos.

A pesar de que existen trastornos del sueño: patologías definidas, diagnosticadas y tratadas, en el caso de la niñez, la mayoría de los problemas de no dormir y descansar bien se debe a malos hábitos que tanto el niño como sus padres van estableciendo en casa.

 

Malos hábitos que dificultan el descanso en la niñez

Algunos de los malos hábitos que van en contra del descanso en la niñez son aquellos relacionados con los horarios del sueño. Digamos, cuando:

  • El niño no quiere irse a dormir temprano y pospone este proceso hasta las 11:00 o las 12:00 de la noche, no de un día excepcional, sino de todos
  • Los adultos permiten que el niño no tenga siestas durante los mediodías
  • Los padres se someten a la voluntad de su hijo y dejan que se ponga a jugar cuando se despierta a las 3:00 de la madrugada.

Dos factores que inciden en contra del descanso en la niñez

La ausencia de rutinas y las actividades excitantes en el horario nocturno son otros dos importantes factores que van en contra del descanso en la niñez.

 Las rutinas son mágicas. Apenas mamá y papá comienzan el ritual de cada noche es como si una vocecita invisible le dijera al pequeño: bosteza, haz que los ojitos comiencen a cerrarse. Ya estás cansado y quieres dormir.

Ahora bien, cuando no existe un programa a seguir que le indique al niño y lo prepare psicológicamente para el horario del sueño, este no pasa por el proceso de relajación que tanto necesita para lograr descansar.

“A las 8:30 hay que recoger los juguetes, ir al lavabo a lavarse los dientes, las manos y la cara. Luego hay que hacer pis, ponerse el pijama…”

El mejor modo de lograr que un niño se prepare para el acto de dormir y esté lo suficientemente relajado para conciliar el sueño y no despertarse, al menos, durante las siguientes 3 horas, es el de someterlo a una misma rutina.

Las actividades excitantes en el horario nocturno

niños jugando

Hay muchos niños que antes de la hora de dormir se vuelven más revoltosos que todo lo que fueron durante el día.

Saltan, corren, ríen a carcajadas y se someten a juegos que los alteran. Pero para lograr que esos niños se vayan a dormir tranquilos y puedan reposar sin estar dando saltos en sus cunas, moviéndose inquietos y despertándose a cada momento, es imprescindible evitarles dichas diversiones.

Las distracciones del horario nocturno deberían ser: ver un dibujo animado educativo (relajado), colorear, ver láminas, moldear plastilina, recortar figuras, levantar construcciones…

Toda vez que se esté acercando la hora del sueño esas actividades se harán más relajantes: leer un cuento, cantar una canción de cuna, o cualquier otra que signifique el principio de un sueño calmado, profundo y reparador.