¿Por qué es importante poner límites a nuestros hijos?

¿Por qué es importante poner límites a nuestros hijos?, te preguntas. Hay muchos porqués, uno de ellos es porque aprenderá a ser libre y a ser feliz sin hacerle daño a nada ni a nadie. El secreto para que tu hijo logre ejercer su libertad de manera consciente, radica, entre otros secretos, en educarlo con respeto y en establecer acuerdos con él, para que las normas no sean impuestas sino consensuadas.

Nacemos libres, todos lo somos. Podemos hacer todo lo que queramos y todo lo que imaginamos siempre y cuando realmente pongamos toda nuestra fe, nuestras ganas y nuestras energías en lograrlo.

Ser felices implica poder ejercer nuestra libertad, sin embargo, el hecho de ejercerla exige respeto hacia las libertades de los otros; ese es el límite que debe tener muy claro nuestra mente y la de nuestros hijos. Son los límites los que muestran donde termina tu libertad y donde empieza la del otro.

Es muy famosa la frase que dice: Tu libertad termina donde comienza la del otro. Definitivamente es una frase es muy acertada y muestra perfectamente cuál debe ser el límite de los actos de cualquier persona: Tus deseos, o tus actos, por más libre que seas de hacerlos, no deben perjudicar a nadie ni a nada.

¿Y cómo le enseño a mi hijo a ejercer su libertad sin dañar a nadie, cómo le enseño límites?, te preguntarás ahora. Una de las primeras cosas que debes enseñarle a tu hijo es a ser consciente de que todos sus actos, traen consecuencia. Todos debemos tener lo más claro posible, que cada acto, por minúsculos que sea, afecta a nuestro entorno, así como un efecto mariposa.

Cuando tu hijo aprenda a ver el mundo y sus actos de manera integral, será cauteloso, pensará dos veces antes de actuar y respetará la libertad de los seres que lo rodean; toda esa claridad responde a la interrogante: Por qué es importante poner límites a nuestros hijos.

madre hablando sobre comportamiento con su hijo

Establecer límites no significa ser un tirano

Es cierto, la mayoría de nosotros aprendimos a dejar de hacer o decir ciertas cosas porque simplemente nos decían que no. Aprendiste a no meter los dedos en un tomacorriente porque tu madre y tu padre te dijeron: No. Y tú reaccionaste a esa palabra.

No sabías por qué no podías hacer tal o cual cosa, aunque la desearas, pero hacías caso a tus padres, quienes, desde luego, procuraron, como todo padre, protegerte siempre.

Es muy positivo que tengas en consideración que establecer límites no significa que vas arrebatarle la libertad a tu hijo. El límite es un borde para tocar la consideración, la libertad y el respeto hacia el otro, no se trata de una barrera.

Lo ideal es que el niño se desenvuelva con un genuino deseo de cooperar. Ese “genuino deseo” se logra sin imponer reglas, sin amenazar al niño, sin castigarlo, sin chantajearlo… El objetivo es que el niño aprenda a “autoregularse”, a comportarse correctamente sin necesidad de vigilancia constante.

“La idea es que se convierta en guardián de sí mismo, que oriente su vida a partir de la ética y de los valores que ha decidido conscientemente incorporar en su bagaje emocional”, apunta Casilda Rodrigáñez Bustos  autora de varios ensayos sobre el parto y la maternidad.

-¿Y cómo logro esto?, te preguntarás de nuevo. El escritor Françoise Dolto, da algunas luces en su libro La cause des enfants.

madre-hija-hablando

Límites y respeto

 El autor analiza que el problema existente entre la falta de entendimiento entre los padres y los hijos radica en el trato que existe entre ellos. El trato habitual que las madres y padres dan a sus hijos cuando empiezan a ser autónomos, y que, salvo excepciones, consiste en darles órdenes sobre todos los aspectos de su vida cotidiana. Esta actitud asoma la desestimación que tenemos los adultos sobre las capacidades (intelectuales o motrices) de los niños.

Entonces, además de que estamos reprimiendo de alguna manera los deseos de nuestro hijo, lo subestimamos.

Para dejar de cometer este error, es preciso ser consciente de que cuando solo dices que no, estás cortando las alas del niño y él no está entendiendo de manera activa en por qué no debe hacer una cosa u otra.

La salida está en darle a conocer a tu niño las normas y las consecuencias de los actos, así, en lugar de decirle ¡no! cuando el niño va a meter el dedo en el tomacorriente, es mejor explicarle por qué es peligroso hacerlo. Trata de explicárselo en su nivel, ¡te entenderá!

“Aunque nos parezca que una criatura no entiende, siempre entiende; por lo menos mucho más de lo que nos creemos; y lo cierto es que casi siempre subestimamos su capacidad de comprensión. Creo que casi todas podemos recordar alguna anécdota en la que alguna criatura nos ha sorprendido ‘por la cuenta que se daba de tal o cual cosa’, ‘a pesar de lo pequeña que era’”, argumenta Casilda Rodrigáñez Bustos.

El secreto está en explicarle lo suficientemente bien al niño cuáles son las normas dentro de la casa, dentro de la sociedad y darle las suficientes pistas e información para que se desenvuelva bien.

Debemos darle derecho a los niños de comprender qué sucede, por qué sucede, de opinar de elegir, de sentir. Cuando el niño sabe los porqués, entenderá de mejor manera “la limitación” o los límites que tiene y se desenvolverá de manera libre, consciente.

“Si lo pensamos un poco, la actitud de los amantes en general es tratar de buscar la mejor manera para vivir en este mundo, manteniéndose cómplices ante los impedimentos y los límites, y buscando conjuntamente las mejores opciones que tienen”, afirma la autora española.

Poner límites por la vía de la armonía, de la confianza y del apoyo mutuo entre madres y padres e hijos excluye la autoridad y la jerarquía. Poner límites no se trata de dar órdenes se trata de explicar circunstancias, de llegar a acuerdos, de establecer normas en conjunto.

Categories: Educación Etiquetas:
Te puede gustar