Formas de negociación con los hijos: la asertividad

Fernando Clementin · 27 enero, 2018
¿Cómo regular la asertividad para que se convierta en un mecanismo constructivo? A continuación, te contamos de qué se trata esta aptitud fundamental a la hora de establecer límites en nuestras relaciones con los demás.

La asertividad es una habilidad que produce muchos beneficios para la persona que la sabe manejar de forma adecuada. En el mundo de las madres esto es, sin duda alguna, una gran herramienta para lidiar tanto con las rabietas como con las discusiones con los hijos.

Ciertamente el hecho de saber decir “no”, sin caer en el conflicto, es un elemento útil para establecer límites y transmitir autoridad.

El uso de la palabra “no” ante alguna exigencia de un hijo puede ser un arma de doble filo. Por un lado, si somos demasiado laxos, el niño podría considerarse con cierto poder sobre sus padres y manipularlos a su antojo. Debemos evitar esta pérdida de autoridad que no hará ningún bien a las dos partes.

Por otro lado tampoco debemos excedernos en su uso. Si vociferamos un “no” apenas el niño termina de pedirnos algo, provocaremos un sentimiento, casi una necesidad, de rebeldía que acabará con malos comportamientos de su parte.

¿Cómo regular la asertividad para que se convierta en un mecanismo constructivo? A continuación veremos algunas pautas para lograrlo.

¿Qué es ser asertivo?

La asertividad es un rasgo importantísimo para una persona, en muchos aspectos de su vida. Consiste, básicamente, en saber hacer respetar los derechos, el pensamiento y la postura de una persona, así como su voluntad de actuar de cierta forma.

Ya sea en lo social o en lo laboral, saber negarse a una requisitoria excesiva -o incluso abusiva- te ahorrará situaciones indeseadas. Es tan relevante que hasta podríamos evitar cuadros de estrés, ansiedad o frustración por hacer cosas que no queremos y no nos corresponden.

Lo mismo ocurre al dialogar con nuestros hijos. Por un lado está lo que ellos desean. Por otro está lo posible y lo que es conveniente. Es en este extremo donde nos situamos nosotros. Si no imponemos límites, transmitimos un mensaje equivocado de desatender responsabilidades o de actuar siempre como uno quiere.

Saber establecer límites es parte de ser una persona con asertividad.

La asertividad consiste en buscar el equilibrio

Sin embargo la cosa no es tan fácil. Si todos fuésemos por la vida diciendo que no a todo y nos opusiéramos a cada postura distinta a nosotros, el mundo sería un lugar terrible. No exisitirían los favores, los permisos ni las concesiones.

El objetivo, por ende, es encontrar el punto justo. Ser asertivo en una relación significa saber cuándo ceder y cuándo ser firme. Hay que identificar lo que es justo y lo que no.

Obviamente esto no es fácil, pero sí se puede lograr. A continuación te ofreceremos algunos consejos a tener en cuenta a la hora de negociar con tus hijos:

  • Proponer el diálogo. De nada servirá cerrarte en tu posición sin atender a sus necesidades. Por el contrario escucha y analiza su punto de vista.
  • Saber explicar. Así como debes escucharlo, procura manifestar tus argumentos con la mayor claridad posible. Imponer solo por imponer no tiene sentido. En cambio, si fundamentas tu decisión es más probable que, a la larga, te entienda.
  • Mantener la postura. Si estás convencido de una idea, defiéndela. Si cedes ante el ruego, el niño interpretará que eres vulnerable y lo usará cada vez que vea la oportunidad. Tampoco debes dudar, así que tu tono, mirada y gestos deben ratificar tus palabras.
  • Ser propositivo. Además de mantener tu posición, puedes ofrecerle alternativas a sus ideas, siempre que encajen con tu premisa. Probablemente encuentres alguna que le convenza y así evitarás una discusión innecesaria.
Una mujer con asertividad hace respetar sus derechos y su postura.

¿Por qué puede haber carencia de asertividad?

La asertividad está estrechamente ligada a la autoestima de una persona. Si me considero alguien capaz, coherente y seguro de mí mismo, seré capaz de comunicar mis pensamientos y decisiones sin titubear.

De no ser así, se crea un círculo vicioso. No hago respetar mi postura porque creo que no lo merezco. Como no me tienen en cuenta, mi autoestima disminuye aún más.

Asimismo la falta de asertividad también puede deberse a un vínculo indebido con los demás. Está bien que busquemos agradar y que nos quieran, pero esto no debe ser a cualquier precio. El amor de los hijos no debe ganarse a través de concesiones o límites débiles.

“Ser asertivo en una relación significa saber cuándo ceder y cuándo ser firme”

Finalmente es fundamental destacar que, ante todo, debe primar la calma y el respeto. Debemos mantenernos centrados y dispuestos a establecer una comunicación abierta y honesta con el otro.

Al fin y al cabo, la relación con los hijos se construye día a día y siempre nos pone a prueba. La asertividad, correctamente aplicada, puede ser nuestro mejor aliado.