El amor de mamá desde los ojos de una hija

Maite Córdova · 23 agosto, 2017

De una forma u otra, he notado que el amor de mamá consigue inspirar profundamente a las personas, incluso a las mujeres que contemplan la maternidad como parte de sus vidas.

Mi mamá siempre ha dicho que cree que nació para ser madre. Me lo asegura con algo que va mucho más allá de la convicción y que se adentra en el gran misterio que hay detrás de todas las cosas.

Ella me explica que no hay algo que más ame en este mundo que a sus hijos, que no hay nada ni nadie que la colme más de satisfacción que vivir todo lo que implica la maternidad. El cuidar y el amar en su vasta gama de claroscuros.

También me asegura que se siente satisfecha solo por el hecho de tener la oportunidad de ser mamá y brindar a sus hijos el amor que siente, a diario, por siempre.

Afortunadamente, yo crecí viendo las mil y una maneras en que mi mamá podía construirse como ser humano, no ejerciendo la maternidad sino habiéndola interiorizado mucho tiempo antes de que yo me diese cuenta. Más allá de sí misma, de mis hermanos, de mí.

A diferencia de mi mamá, muchas personas piensan que una mujer no nace exclusivamente para ser madre. Yo creo que se trata de una elección muy personal y que no hay caso igual a otro.

Cuando me comparte su historia como mamá, con pasión y entusiasmo, percibo la trascendencia del asunto para ella. Y no puedo evitar creer en la dicha que la invade, incluso cuando me lo dice sin palabras.

Infinitamente agradecida a ella

Hasta ahora, soy tía de cinco niños y no me he planteado la maternidad. Pero más de una vez he visto, cuidado y querido a mis sobrinos como si fuesen míos.

Y cuando veo un bebé, en un autobús, una acera o en cualquier lugar público, de inmediato me siento muy contenta por haber recibido un gran ejemplo de amor de mamá.

El mayor regalo para mí –entre los muchos que he recibido de mi madre– más allá de la maternidad, es la capacidad de conectarme con una criatura. La inspiración instantánea. Presente, sin predeterminación alguna.

Sé que aprendí, sin querer, a ser mamá

Si algún día elijo esa opción de vida, tengo la certeza de que podré amar a mis hijos por encima de todo lo demás y que aun así, si me encuentro con los ojos de una criatura, podré conectarme con ella.

A través de algún gesto del más puro y sincero afecto de quien es feliz siendo mamá. Con una capacidad… no, con un don para amar, vasto.

Y si decido no ser madre nunca, me quedaré satisfecha con lo grande y hermoso que he logrado vivir el amor de mamá.

Gracias a ti mamá. Hoy, mañana y por siempre. Por todo.

Sobre todo, quiero darte las gracias por hacer que el amor no se me quedara grande sino que me engrandeciera el corazón. Si me he dejado algo en esta breve reflexión, es porque tiene que escribirse una próxima vez, contigo.