El amor de mamá desde los ojos de una hija

Maite Córdova 23 agosto, 2017

Si bien es cierto que nos dedicamos a todo lo relacionado con la maternidad, hoy queremos mostrarles el amor de mamá desde los ojos de una hija. 

La historia que les presentamos a continuación fue escrita por un miembro de nuestro equipo de redacción que se animó a compartirla con nosotros y todo aquel que desee leerla.

Estimadas lectoras, aquí también tenemos espacio para aquellas mujeres que no son madres.

Primavera, 2017

La primera vez que nos subimos juntos a un autobús mi pareja y yo, aún éramos veinteañeros. Como había mucha gente, solo yo pude conseguir asiento.

Mi novio se quedó de pie, lo más cerca de mí que pudo entre el gentío.

Frente a mí estaba una mujer con un bebé que hacía pucheros y estaba a punto de llorar.

Entonces lo miré a los ojos, y él encontró y siguió los míos. Yo empecé a hacer muecas pícaras y él comenzó a reírse. Subió alguien más y yo cedí mi asiento, pero permanecí de pie, cerca del bebé.

De mi brazo, colgaba el abrigo que había llevado puesto casi todo el día. Tenía una capucha con pelo de peluche y me aproveché de eso para hacer reír al pequeño. Tomé el borde apeluchado y lo uní para que ya no fuese un abrigo sino una especie de peluche.

Entonces, con delicadeza, rocé las piernitas del bebé como si fuese un perro con el juguete improvisado. ¡Guau, guau, guau! decía y y el bebé se estremecía de la risa en su coche.

amor de mamá 3

La madre me miró divertida y me agradeció con un gesto. Supongo que me agradeció por haber evitado que el puchero pasase a mayores. Creo que a su vez, yo le agradecí haberme regalarme un momento bonito a través de su bebé.

La vi cansada, pero contenta. Entonces supe que era una buena madre.

Muchos en el autobús susurraban que posiblemente yo podría ser una buena madre. Y lo sentí así, aun cuando no me he planteado ser madre.

Bajé del autobús junto con mi novio. Ninguno de los dos dijo nada en ese momento.

Luego él sonrió y me dijo: ”Aunque no quiera tener hijos, admito que serías una buena madre. Pareces llevarte tan bien con los niños como ellos contigo”. Un amago de fantasía se evaporó y continuamos caminando por la calle.

Yo aún no me planteo la maternidad, por mucho que me puedan gustar los niños. Mi novio se ríe y no añade nada más.

Mi percepción del amor de mamá

Recuerdo que mi mamá varias veces ha dicho que cree que nació para ser mamá.

Ella dice que no hay nada que más ame en este mundo que a sus hijos, que no hay nada ni nadie que la colme más de satisfacción que ver a sus hijos superarse. Dice que se enorgullece tanto, tanto que pude sentirse autorrealizada por tener la oportunidad diaria de brindar el amor que siente.

De una forma u otra el amor de mamá consigue inspirar profundamente.

Al contrario que mi mamá, muchas piensan que una mujer no nace exclusivamente para ser madre. Sé que es cierto.

A pesar de ello, creo a mi mamá, porque más allá de la convicción en su voz, creo en la dicha que la invade cuando me lo dice sin palabras. También cuando se lo dice a sí misma, en silencio, mientras cree que yo solo la veo sonreír.

Esta historia no tiene que ver con mi propia maternidad pero sí con la forma en que he percibido el amor maternal a lo largo de mi vida.

Gracias por todo tu amor de mamá

A mis 28 años de edad solo he sabido ser hija.

Mi madre ha sido excepcional conmigo y con mis hermanos. Con sus virtudes y sus aspectos a mejorar, pero siempre incondicional. Siempre haciéndome sentir su amor.

Yo crecí viendo las mil y una maneras en que mi mamá podía amar a un ser humano, más allá de mí, de mis hermanos, del entorno familiar.

Infinitamente agradecida a ella

Gracias a mi madre, aprendí a percibir el amor plenamente y a brindarlo.

Soy tía de cinco niños (hasta ahora), y más de una vez he visto, cuidado y querido a mis sobrinos como si fuesen míos. Y cuando veo un bebé, en el autobús, en la acera o en cualquier lugar público, recuerdo lo hermoso que es haber recibido el ejemplo de amor de mi madre.

El mayor regalo para mí –entre los muchos que he recibido de mi madre– más allá de la maternidad, es la capacidad de conectarme con una criatura. La inspiración instantánea. Presente sin predeterminación alguna.

Sé que aprendí sin querer a ser mamá.

Si algún día elijo esa opción de vida, tengo la certeza de que podré amar a mis hijos por encima de todo lo demás y que aun así, si me encuentro con los ojos de una criatura, podré conectarme con ella. A través de algún gesto del más puro y sincero afecto de quien es feliz siendo mamá. Con una capacidad… no, con un don para amar, vasto.

Y si decido no ser madre nunca, me quedaré satisfecha con lo grande y hermoso que he logrado vivir el amor de mamá.

Gracias mamá. Hoy, mañana y por siempre. Por todo

Sobre todo quiero darte las gracias por hacer que el amor no se me quedara grande sino que me engrandeciera el corazón.

Si me he dejado algo, es porque tiene que escribirse una vez próxima contigo.

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