Estos consejos te ayudarán a entender a tu bebé

Pedro 14 julio, 2016

Entender a tu bebé o niño entre los 0 y los 2 años es una tarea compleja para muchas madres. No hay que olvidar que estos pequeños apenas han desarrollado su capacidad comunicativa y pueden sentirse incluso frustrados al no ser comprendidos por sus tutores.

Sin embargo, hay formas de lograr que un niño se sienta más entendido por sus padres. No siempre es fácil, pero hemos de hacer un esfuerzo, pues el pequeño lo agradecerá y nosotros también, ya que el ambiente en el que se desarrolle el chico será mucho más adecuado y productivo.

Cómo entender a tu bebé

Vamos a continuación a enumerar una serie de técnicas que te ayudarán a entender a tu bebé y te facilitarán la tarea. De esta forma reducirás los llantos y las rabietas y crearás el entorno más propicio para un desarrollo óptimo.

Usa la empatía

Cuando nace tu bebé, no debes olvidar eso, que es tu bebé. Es decir, él es en cierto modo parte de ti. Posee tus genes y se va a educar en el entorno que tú has creado para él. Así pues, no cabe duda de que el ejercicio de empatía será mucho más sencillo, pues solo debéis miraros tú y tu pareja para que sea más sencillo entender al pequeño.

No hay que olvidar que los niños nacen con un código genético concreto heredado de los padres. Además, aprenden por observación e imitación de sus mayores. Es evidente que ser empáticos con ellos es relativamente fácil, pues solo hay que mirarse una misma para encontrar muchas de sus actitudes y aptitudes que parecen calcadas de nosotras.

Además, es un buen ejercicio intentar recordar cómo éramos nosotras de niñas. Esta actividad nos ayudará a conectar con nuestro yo infantil, pero también con nuestros hijos. Así descubriremos mejor sus anhelos, necesidades y apegos. Si quieres entenderlo bien, has de intentar pensar como él. Esto mejorará mucho la comunicación.

Entender a tu bebé es fácil

Realiza una observación exhaustiva

Como hemos dicho, los niños aprenden por observación e imitación, pero también por prueba y error. Así pues, para entender a tu bebé, no pierdas ni un solo detalle. Aprovecha los primeros meses para mirarlo y aprender de él.

Es necesario saber cómo actúa, qué necesita, cómo se relaciona con el entorno, cómo juega, qué le gusta y qué no le hace gracia, qué cosas le hacen reír, cuáles le asustan… Es decir, que hemos de observar cada detalle de su personalidad.

Observando a nuestro niño, será mucho más fácil entender por qué hay cosas que no le gustan, por qué llora en ciertas circunstancias, qué es lo que le hace más feliz… De esta forma no solo podremos comprenderlo mejor, también seremos capaces de reconducir actitudes de forma temprana y ofrecerle un entorno bien adaptado a sus necesidades.

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Prueba, error y aprendizaje

Como la misma ciencia, la prueba, error y aprendizaje son la base de la evolución del propio ser humano. Cuando sientas que tu bebé trata de decir algo, ya sea a través del llanto o chapurreando palabras, has de tratar de desentrañar el misterio casi como si fueras una científica.

En primer lugar, ve desechando opciones. Investiga que su problema pueda estar relacionado con su salud. Toca su frente, observa si se palpa en alguna parte del cuerpo, lee qué problemas puede tener según su edad… O descubre si es una simple rabieta, un anhelo, un deseo, una comunicación frustrada…

Después, una vez aprendidas las lecciones, usa el conocimiento para aplicarlo en cada situación. Es decir, si tu niño una vez lloró porque le dolía la barriguita, quédate con los detalles. Si se enfadó porque le quitaste un juguete, o porque no le gustaba cierta comida… Aprende de cada situación.

Descubre cada detalle del tipo de llanto, sus palabras chapurreadas, su actitud, sus gestos, sus movimientos… Igual que ellos aprenden imitándonos, observándonos y probando para conseguir lo que quieren, nosotros debemos hacer lo mismo para entenderlos cada día mejor.

En realidad, entender a tu bebé puede convertirse en un juego de niños si sabes cómo hacerlo. Recuerda ser muy paciente, observadora, empática, cariñosa y comprensiva. En poco tiempo habrás creado un entorno excelente para los aprendizajes mutuos y tu niño crecerá sano, alegre, feliz y autónomo como nadie.

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