Enseña a tu hijo a escuchar

Agetna · 2 febrero, 2017

Así como otros saberes durante la infancia, enseñar a un niño a escuchar a los demás puede ser una tarea ardua; no obstante, no debe postergarse como se postergan otras instrucciones. Desde pequeñito, todo ser humano debería recibir una minuciosa “capacitación” sobre ello.

¿Por qué es importante escuchar a los demás?

Escuchar a los demás es dar señales de la buena educación que se tiene. Todo aquel que sabe escuchar da muestras de ser una persona atenta, tratable, sociable… Escuchar al otro es un indicio de respeto hacia esa persona y de que realmente importa lo que ella está diciendo.

La buena comunicación entre los seres humanos establece mejores relaciones interpersonales y mejora la convivencia aun cuando todos tengan diferentes caracteres y maneras de pensar.

728px-get-your-daughter-to-do-what-you-ask-step-4-version-2

Cuando se escucha a los demás se aprende, se intercambian ideas y se sabe cómo piensan ellos. Quien escucha a los otros se alimenta de las experiencias ajenas y tiene menos probabilidades de cometer errores.

Si tu niño aprende a escuchar toda vez que ingrese al colegio, tendrá en clases una mejor concentración y asimilará las instrucciones que reciba de una mejor forma.

¿Cómo enseñar al niño a escuchar?

Lo primero es predicar con tu ejemplo. Si no pones en práctica esta disciplina en casa y con los restantes miembros de la familia, ¿cómo vas a pretender que tu niño la aprenda?, y ¿con qué moral vas a hacerlo? Recuerda que los niños, incluso los más grandecitos imitan a los adultos y pueden ser copia fiel de los hábitos y rutinas que estos tienen, tanto las malas como las buenas.

Si eres una buena oyente, si sabes esperar a que los demás terminen de hablar y pones atención a sus pláticas tu hijo verá en ti a su mejor instructora y le será más fácil aplicar lo que hayas podido enseñarle en materia de comunicación oral.

Es imprescindible que lo escuches. Esto es un significativo ejercicio para que aprenda que cuando unos hablan los demás están en silencio y prestan asunto a la conversación. Además, le levanta la autoestima. El niño que se siente escuchado, que ve cómo su familia se calla y pone atención a lo que él dice, se sabe importante dentro del grupo y se siente como una persona valorada.

Evita hacer interrupciones en las pláticas tanto las de tu hijo como las de los restantes adultos de casa. Todas las opiniones son importantes y hay que saber esperar cuando dos o más interlocutores intercambien ideas. Eso debes inculcárselo.

728px-paint-with-children-step-8-version-2

Cuando conversen míralo a los ojos y no desvíes la vista para hacer otra cosa, menos, lo interrumpas para pararte a hacer algo más. Espera tu turno para hablar y hazle saber que él también debe aguardar el suyo. Resulta imprescindible trasmitirle en la práctica cómo debe ser el diálogo entre dos personas. Él también debe sentir en carne propia lo bien que se siente una cuando se sabe escuchada.

No dejes para después cualquier llamado que quieras hacerle. Si le hablas y tu hijo no te atiende es bueno que le llames la atención en ese mismo instante y le pidas que te mire y escuche.

Enséñale también que una buena manera de comprobar si nuestro interlocutor nos escucha, o de hacer saber que lo estamos escuchando con atención, es compartir el diálogo: comentar su idea o transmitir una opinión al respecto. Hacer y responder preguntas, asentir con la cabeza, responder a sus estados de ánimo frunciendo el ceño, sonriendo, asombrándonos… según las emociones que este trasmitiendo con su discurso.

Por último, para que tu hijo quiera escucharte, antes, debes hablarle sobre un tema que le interese y con un lenguaje que entienda. De lo contrario, muy pronto dejará de prestarte atención y en el mismo comienzo tu meta de convertirlo en un exponente de la buena comunicación habrá perecido.

Si le hablas con palabras que él conozca y cuando te dirijas él, ya sea para llamarle la atención, trasmitirle una idea de juego, pedirle un favor…, te paras enfrente, lo miras, le tomas las manitas, le sostienes delicadamente el rostro o cualquier otro ademán que te funcione, estarás sembrando las primeras semillas de lo que podría convertirse en una buena cosecha.