El trastorno distímico en los niños

12 Diciembre, 2019
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz Martín
El trastorno distímico presenta síntomas similares a los de una depresión. Sin embargo, estos son de menor intensidad y periodicidad crónica.

Cada vez somos más conscientes de la importancia de la depresión y otros trastorno del estado de ánimo. Sabemos de su alta prevalencia y que cada vez son más las personas que los padecen. Sin embargo, en ocasiones, nos olvidamos de que los adultos no somos la única población de riesgo. El trastorno distímico en los niños es una realidad y es necesario prestar atención a las señales para lograr un diagnóstico y tratamiento adecuados.

Frecuentemente, tendemos a pensar que los niños gozan de una existencia sin problemas o que su tristeza o mal humor son pasajeros. Restamos importancia a las alertas rojas o lo atribuimos a desobediencia y mal comportamiento. Sin embargo, debemos considerar la posibilidad de que el infante pueda estar mostrando síntomas de un trastorno que requiera intervención.

El trastorno distímico

También conocido como distimia o trastorno depresivo persistente, este trastorno del estado de ánimo presenta síntomas muy similares a los de la depresión. Entre ellos, el más característico es la presencia de un estado de ánimo depresivo o irritable durante la mayor parte del tiempo. Además, es frecuente encontrar:

Niño sentado en el suelo triste debido a su trastorno distímico.
  • Falta de apetito o exceso del mismo.
  • Insomnio o hipersomnia.
  • Dificultades para concentrarse.
  • Fatiga y baja energía.
  • Autoestima baja e indecisión.
  • Pensamientos negativos y de desesperanza.

Todos estos síntomas pueden ser comunes a un trastorno depresivo, pero la diferencia radica en la gravedad y la duración del trastorno. Mientras en la depresión los síntomas son de una gravedad elevada y suelen presentarse en oleadas, en el caso de la distimia, los síntomas son de menor intensidad pero se presentan de forma persistente.

De este modo, uno de los requisitos indispensables para diagnosticar distimia en niños es que los síntomas ocurran la mayor parte del tiempo durante, mínimo, un año. En el trastorno distímico no se presentan periodos de una mejoría significativa, pues se trata de una afección crónica.

La prevalencia de este trastorno es similar tanto en niños como en niñas y, debido a la menor gravedad de los síntomas, puede ser difícil detectarla. En la distimia la vida del niño no se ve tan claramente afectada como en el caso de una depresión; su rendimiento escolar y social pueden ser adecuados, por lo que resulta complicado detectar el problema. No obstante, debido a su persistencia, produce un gran desgaste psicológico en el menor.

Aspectos a tener en cuenta

La existencia de un trastorno de esta índole en un infante presenta diferencias importantes frente al caso de un adulto. En primer lugar, el niño no posee las capacidades cognitivas ni los recursos emocionales para comprender lo que le está ocurriendo. Así, puede sentirse confuso, solo e incapaz de expresar su necesidad de ayuda. Por otro lado, los síntomas, en ocasiones, se confunden con un comportamiento negativista por parte del niño y pueden llegar a castigarse en lugar de ofrecer apoyo y guía.

Es muy relevante, además, el papel del entorno familiar y social en el que el pequeño se desenvuelve. Los factores estresantes familiares, con frecuencia, contribuyen a empeorar el trastorno. Y, este, además constituye un factor de riesgo para otro tipo de conductas dañinas, como el consumo de sustancias o el padecimiento de un trastorno depresivo en la edad adulta.

Niño triste mirando por la ventana.

Recordemos que los niños se encuentran en un periodo clave de desarrollo en el que la presencia de la distimia puede acarrear importantes secuelas. Es el momento en el que su visión del mundo se forma y, por ello, es importante paliar los síntomas cuanto antes y ayudarlo a recuperar la funcionalidad por completo.

Tratamiento del trastorno distímico en los niños

La distimia es un trastorno crónico, por lo que requerirá una psicoterapia a largo plazo. En la evaluación será necesario contar con la colaboración de los padres (para informar sobre la conducta del menor) y del niño (para transmitir sus sensaciones subjetivas).

Respecto al tratamiento, el objetivo principal se centra en otorgar al niño herramientas para hacer frente a las situaciones adversas de una manera mejor. Se persigue la remisión de los síntomas de forma que el infante pueda recuperar el bienestar emocional.

En algunos casos, pueden utilizarse fármacos para ayudar al pequeño a comenzar la psicoterapia en mejores condiciones. No obstante, el trastorno distímico es tratable y con ayuda profesional se obtienen excelentes resultados. 

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  • Larraguibel, M. (2003). Depresión y distimia en niños y adolescentes. Boletín especial Sociedad de Psiquiatría y Neurología de la Infancia y la Adolescencia14, 21-4.