Educa en ser feliz, no en ser perfecto

Vivimos en una sociedad donde la perfección está demasiado valorada sin tener en cuenta que la perfección, simplemente no existe. Cuando se persiga la perfección la felicidad queda relegada en un segundo plano y no se disfruta de la vida, solo se busca un fantasma que no existe, una perfección que nunca llega. Si se educa en la perfección el niño en vez de ser feliz, se convertirá en una pequeña persona triste, frustrada e insegura.

La importancia de encontrar el equilibrio

Unos padres exigentes solo conseguirán que sus hijos sientan ansiedad por no satisfacerlos pero no encontrarán la satisfacción personal de hacer las cosas bien hechas. Se les estará robando la oportunidad de aprender de los errores, de sentir esa maravillosa sensación de que si te equivocas: no pasa nada.

Una equivocación nos enseña nuestras debilidades y nos permite ver el camino para alcanzar nuestras fortalezas. En este sentido, hay que buscar el equilibrio donde el niño sea capaz de equivocarse y aprender de los errores, pero no para buscar la perfección, sino para superarse a sí mismo cada día un poquito más.

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La perfección de lo imperfecto

Si tuviera que escoger la perfección en la vida, escogería lo imperfecto. Porque lo imperfecto nos hace sentirnos libres, nos hace ver quiénes somos y cómo somos, nos ayuda a conocernos mejor y a conocer a los demás. Lo imperfecto es sinónimo de respeto y también de diversidad, lo imperfecto si se mira con buenos ojos, es sin duda lo más maravilloso y perfecto que puede haber en los niños.

Un niño no debe ser educado para sacar sobresalientes en todos sus exámenes, debe ser educado a esforzarse dentro de sus posibilidades e intentar superarse cada vez, sin tener tan en cuenta la notas, que son solo un número… una calificación. La perfección de la imperfección, está en estudiar, sacar una nota acorde a lo estudiado y darse cuenta de que puede hacer más y mejor… y superarse. 

En lo imperfecto nos encontramos con padres que no castigan a sus hijos si suspenden un examen o si no son los mejores en el partido de baloncesto, pero les dan herramientas para hacerlo mejor la próxima vez, y lo consiguen. Es la imperfección de lo perfecto, porque para poder superarse hay que ser imperfecto, y quererse igualmente. Sin comparaciones, sin etiquetas.

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La felicidad está en el ahora

Es necesario educar a los niños para que sepan que su felicidad no debe depender de las notas de un examen, o de si queda en mejor posición en una carrera o de si gana o no gana un premio en el recital de música. Es imprescindible educar a los niños para que sepan que la felicidad reside en el ahora, en vivir el momento presente, en saborear lo que está ocurriendo, lo que hacen, lo que sienten.

Porque la felicidad no es una meta, es un camino. Es importante que los niños entiendan que para ser felices hay que quererse, respetarse y aprender, que equivocarse no es algo malo. Los errores nos enseñan el camino y debemos ser humildes para verlo y seguirlo, porque de ese modo es cómo se llega al éxito.

Educar para ser feliz

Educar para ser feliz, significa vivir en un mundo donde las emociones son las protagonistas, donde la empatía y la asertividad deben estar siempre unidas de la mano. Donde los niños sepan ponerse en el lugar de otros, pero primero, deberán conocerse a sí mismos, valorarse y respetarse. Un camino en el que la disciplina positiva ayudará a lograr todo este recorrido.

Como padres, debemos dejar a un lado la competitividad que esta sociedad intenta inculcarnos, y permitir que nuestros hijos decidan, se equivoquen, lloren, tomen decisiones, aprendan, sientan frustración y también satisfacción… porque para ser feliz, hay que ser imperfectos.

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