El duro trago de despedirse de un hijo no nacido

Despedirse de un hijo no nacido puede ser mucho más complicado de lo que todos imaginan. Sin dudas, es uno de los tragos más difíciles de digerir. Una bofetada imposible de sortear, una caída tras la cual parece imposible ponerse de pie.

Lleva una inmensa cantidad de tiempo asimilarlo. Aunque jamás llega a comprenderse. Son horas y horas de pensarlo, recordar cada instante del embarazo. Sentir la decepción de haber estado tan cerca, y la tristeza de no haber podido llegar airosos al final.

Insume mucho más tiempo aún cambiar esas comprensibles y lógicas lágrimas de dolor por sonrisas. Pues cuesta dejar de pensar en lo que pude haber sido, aquello que soñamos y proyectamos. Y todavía es más complejo pensar en lo que la vida finalmente quiso que sea.

Es que llega un momento de tu vida en que despedirse se torna imperioso. Hacerlo de manera definitiva, para que ya no quede nada pendiente entre ambos. Dejarlo ir en paz a aquel lugar donde podrá descansar. Para ello, se torna fundamental implementar un ritual de despedida.

Aunque parezca descabellada, esta técnica sin dudas funciona. Porque los rituales son sanadores. Se trata de ayudas extra para procesar aquello que cuesta, que hiere. Superar las más crueles pérdidas y las emociones negativas que las acompañan.

Despedirse de un hijo no nacido, ¿cómo?

En esos instantes en que reina la confusión y la angustia, sobran las preguntas, los miedos y fundamentalmente la culpa. Probablemente jamás encuentres las respuestas que buscas. Lo cierto es que esos miedos se trabajan, tanto como esa culpa infundada que no para de crecer.

No importa la bronca que sientas porque la imagen de ese futuro próximo se desvanece. Ese mapa donde coexisten los más profundos deseos y las más arraigadas ilusiones se torna borroso. Por eso, el sufrimiento es inevitable y, con él, el bloque emocional se torna inminente.

El panorama se presenta de una manera devastadora. Y en este contexto, el ritual de despedida del hijo no nacido se convierte en una herramienta fundamental. Podría decirse que hasta vital. No es para menos, en tanto se trata de una herramienta útil para procesar el duelo.

¿Para qué un ritual de despedida?

Muchas personas se preguntarán por qué es tan necesario este ritual. En primera instancia, para despedir al bebé. Pues lo que seguramente desconocen es que existe un vacío legal al respecto. Por consiguiente, en nuestra sociedad no hay tiempo ni lugar para este triste adiós, que es más duro de lo que imaginan.

En segundo lugar, a partir de este tipo de medidas es posible otorgar al hijo no nacido una identidad. Del mismo modo, se designa así un lugar en la familia y también su espacio en la sociedad. Pues existe una serie de detalles concernientes al duelo perinatal que te sorprenderán negativamente por fríos y cruentos.

A la vista de lo anteriormente expuesto, el tercer motivo por el cual es imperioso realizar este ritual de despedida tiene que ver con el lograr digerir emocionalmente esta circunstancia desafortunada. De este modo es posible elaborar el duelo. No se trata de olvidar, sino de aprender a convivir con ello.

Cómo despedirse de un hijo no nacido

La realidad es que no hay nada pre-establecido respecto a los rituales de despedida. Lo cierto es que cada pareja, madre o padre, escoge el modo en que quiere dejar ir a esa esperanza que se escurre entre los dedos de las manos. Cada quien brinda paz al pequeño, y a uno mismo, como se le ocurra.

Desde luego, ello dependerá del modo en que se quiera recordar a ese hijo no nacido. Los especialistas indican que conviene recurrir a algo sencillo. Vale aclarar que no necesariamente hablamos de un ritual religioso, sino que bien puede ser simbólico.

Plantar un árbol, redactar una carta con todo lo que sentimos antes, durante y después de su partida. Sea en soledad o rodeado de afectos, puede desdoblarse el duelo en varias actividades al día, o en varias jornadas. Haz aquello que nazca de tu interior: velas, incienso, aceites aromáticos, lo que te transporte hacia ese ser tan especial.

Simplemente se trata de encontrar aquello que realmente te ayude a despedirse. Dejar descansar en aquello por lo que se optó tanto el pasado como esas emociones y pensamientos asociados. Solo así podrá disponerse a vivir el presente. Apreciar la riqueza que ese hijo, aun sin haber llegado a este mundo con vida, nos regaló.

Los restos de esa persona que fue, es y será nuestro mundo pueden descansar en ese lugar especial que no haga más que unirnos espiritualmente. En la naturaleza, abrazado por árboles centenario, a la orilla del mar o en la cima de una montaña.

Dedicar una canción, compartir palabras tan sentidas como sencillas, capaces de expresarlo todo. Otra opción es conformar un cofre de los recuerdos. Ecografías, memorias, la ropita que nos obsequiaron e incluso alguna foto del embarazo. Claro que son pruebas de su existencia y un bonito registro de este fugaz paso por nuestra vida.

Imagen de portada de Tagie Do

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