¿Cómo se manifiesta el duelo migratorio infantil?

Durante el proceso de duelo migratorio, es habitual que los niños presenten ciertas manifestaciones emocionales, conductuales y físicas. Conocerlas es fundamental para brindar apoyo y comprensión.
¿Cómo se manifiesta el duelo migratorio infantil?
Sharon Capeluto

Escrito y verificado por la psicóloga Sharon Capeluto.

Última actualización: 18 junio, 2023

Hablar del duelo migratorio infantil es más que pertinente. Por diferentes causas, cada vez son más los niños que abandonan su hogar. Al dejar atrás todo lo que conocen y enfrentar la incertidumbre, su mundo se ve sacudido por una avalancha de cambios y desafíos emocionales que vale la pena atender.

Este duelo puede manifestarse de forma muy diversa en cada niño. Sin embargo, sabemos que la tristeza, la ansiedad, los miedos y las alteraciones de comportamientos, son esperables en esta situación. A continuación, profundizamos en el tema y brindamos recomendaciones para acompañar en el proceso de desarraigo y adaptación.

¿Qué es el duelo migratorio infantil?

Existen varios motivos por los cuales una familia puede tomar la decisión de partir. Entre los principales, encontramos la búsqueda de mejores oportunidades laborales y/o económicas, los conflictos bélicos y la persecución social.

Si bien hay razones más traumáticas que otras y la migración puede darse en condiciones muy heterogéneas, el hecho de mudarse de ciudad o país siempre implica un proceso de duelo.

Se trata de un acontecimiento que provoca cambios considerables en la vida del niño y supone un gran esfuerzo psicológico.

El término duelo migratorio infantil se utiliza para describir el proceso de adaptación y las respuestas emocionales habituales que los niños experimentan al dejar su lugar de origen.

De acuerdo con las afirmaciones Joseba Achotegui, un reconocido psiquiatra especialista en migración de la Universidad de Barcelona, el duelo migratorio es múltiple, ya que involucra una serie de pérdidas significativas.

Ya sea de forma permanente o temporal, las personas se alejan de su hogar, de sus tradiciones y de su cultura. También, de las amistades o vínculos familiares e incluso, en algunos casos, del idioma natal. En este sentido, es imposible pensar que esta desconexión generalizada pase desapercibida y no produzca efectos psicológicos.

¿Cómo se manifiesta?

Las manifestaciones del duelo migratorio infantil dependen de muchos factores, como la situación socioeconómica familiar, el acceso a apoyo y servicios, las circunstancias individuales o las nuevas relaciones que los niños establecen o no en la escuela. No obstante, hay ciertas exteriorizaciones que aparecen muy a menudo, como las que comentaremos a continuación.

Sentimientos ambivalentes

Es habitual que surjan emociones mixtas o contradictorias, ya que el hecho de descubrir un nuevo hogar y forma de vida puede tanto estimular a los niños, como generar miedo y preocupación. Muchas veces no entienden por qué deben despedirse de sus amistades y hogares, lo que dificulta el proceso de separación.

Por otro lado, cuando los chicos son más grandes y comprenden lo que están viviendo con mayor claridad, pueden sentir esperanza de vivir una vida mejor. Sin embargo, la sensación de nostalgia, soledad y tristeza por abandonar su lugar se presenta con intensidad.



Agresividad o aislamiento

Tal como indica un estudio realizado en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya en Perú, la frustración que algunos niños sienten ante la mudanza puede llevarlos a adoptar conductas sociales perjudiciales, como la agresividad física, verbal o el aislamiento voluntario.

En el caso de los niños refugiados, la situación de vulnerabilidad es notoria. Es habitual que se sientan excluidos o diferentes debido a las barreras culturales o lingüísticas. Esto puede llevarlos a evitar el contacto social o asumir comportamientos desafiantes como una forma de expresar su dolor, ira o frustración.

Quejas somáticas

Es posible que los preadolescentes y adolescentes manifiesten su malestar de forma explícita a través del lenguaje, mientras que los más pequeños lo hacen mediante el cuerpo. Entre los síntomas físicos más frecuentes encontramos los siguientes:

  • Cefaleas.
  • Fatiga.
  • Cansancio.
  • Dolores abdominales o vómitos.
  • Pérdida o aumento del apetito.
  • Alteraciones del sueño o pesadillas.

Ansiedad

La incertidumbre y los cambios asociados con la migración son aspectos que alimentan la aparición de ansiedad. Es común que los niños sientan preocupación por adaptarse a un nuevo entorno, hacer amigos nuevos y acoplarse a las costumbres del país de acogida. A su vez, pueden sentir miedo a lo desconocido, como el idioma nuevo o situaciones que deben enfrentar.

Detención o regresión en el desarrollo

Cuando la migración es confusa o traumática, es usual que aparezcan retrocesos en el control de esfínteres o en el lenguaje (vuelven a hablar como bebés), además del desconcierto o la desorientación espacio-temporal. Así lo explica un estudio realizado por la revista Journal of Applied Developmental Psychology sobre niños refugiados en el Líbano.

Asimismo, el desempeño académico puede verse obstaculizado, ya que las prioridades se reorganizan de acuerdo al momento particularmente desestabilizador que están atravesando.

¿Cómo acompañar el duelo infantil?

Acompañar a los niños durante el proceso es fundamental para ayudarlos a hacer frente a los desafíos y así contribuir a su bienestar. En primera instancia, y en caso de ser posible, debemos brindarles información sobre la migración considerando su nivel de comprensión, así como su situación social.

Lo mejor es involucrarlos desde el minuto cero para evitar que la decisión sea percibida como una sorpresa amarga y brusca. Sin embargo, es desaconsejable anticiparles la mudanza si aún no está confirmada.

Por otro lado, es esencial validar sus emociones por más confusas o intensas que sean. Juzgar o minimizar lo que sienten, es algo que debemos evitar. Brindar apoyo significa también ofrecer una comunicación abierta y honesta.

Asimismo, es imprescindible mantener algunas rutinas o estructuras en su vida diaria, aunque el contexto haya cambiado. Por ejemplo, sostener los hábitos de higiene o sueño y los momentos comunes de juegos en familia, es muy útil para contrarrestar la posible sensación de pérdida de identidad.



El duelo migratorio infantil puede requerir ayuda profesional

Como vemos, no son solo los adultos quienes se ven afectados ante la migración. Los niños también se ven en la obligación de atravesar un proceso de pérdida para reconstruir su vida. En tanto, es esperable que aparezcan berrinches insólitos, sentimientos de estrés, tristeza e ira, además de ciertos comportamientos sociales adversos.

Aunque no siempre es necesario, los niños pueden requerir de acompañamiento profesional. Si los síntomas emocionales o conductuales se prolongan a lo largo del tiempo o son desproporcionados, es importante considerar la búsqueda de apoyo psicológico para ayudarle a enfrentar los desafíos que supone el cambio de residencia.


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