¡El día en que nació nuestro hijo!

Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Elena Sanz Martín al
03 Mayo, 2020
Es imposible olvidar el nacimiento de un hijo, porque con él nacen las ilusiones, las esperanzas y los sueños. Es el día en que tu vida cambió por completo.
 

Lo planeaste día y noche, aún sin saberlo, desde que eras pequeña, hasta que al fin un test anunció que habías dado el primer paso para cumplir tu deseo: lograste concebir. Superaste esa larga e interminable espera marcada por las manecillas de la ansiedad y, tras nueve meses, llegó el día más anhelado de tu existencia. Llegó el día en que nació tu hijo.

Quizás la realidad se alejó de aquello que viste en películas y novelas rosas desde tu corta edad. Seguramente la circunstancia distó mucho de lo que esperabas. Incluso puede que las cosas no salieran, en muchos aspectos, como lo esperabais tu marido y tú. Pero, a fin de cuentas, lo importante es que llegó: vuestro hijo llegó a este mundo llenando de sentido vuestras vidas.

Amor a primera vista

Probablemente no se trató de un parto simple y perfecto como en la ficción, ni luciste tan arreglada como las actrices de las películas. Pues a toda madre le queda claro que dar a luz es una de las grandes batallas que la mujer debe librar contra el tiempo y contra los dolores que le genera su cuerpo, con quien también debe trabajar en sintonía.

 

Sin embargo toda la dificultad que implicó el parto es sólo un recuerdo capaz de valer cada cada segundo de dolor cuando ves por primera vez materializado el fruto del amor mutuo en la carita de tu hijo. Y en ese preciso instante comprendes que el amor a primera vista existe y está frente tuyo.

¡Nuestro hijo está aquí! Y aún no lo crees. Todavía no lo han limpiado y quedas atontada observando cada facción de su rostro, embelesada con toda su ternura y su paz. Inspiras vida, expiras amor del más puro y sincero. Ganas emocionalmente, pues te aseguras la mejor compañía para toda la vida.

Y ahí están sus pequeñas, débiles e indefensas manitas. Le acercas un dedo a su mano para que lo tome y lo hace de un modo que puedes sentir sus largos y delgados dedos abrazando con fuerza tu índice, como si no quisiera dejarte ir jamás, como si pidiera, a su manera, “no me sueltes la mano”.

Bebé recién nacido
 

Tiene un poder hipnotizador con el simple vaivén de sus brazos y piernas; sus movimientos son música, incluso en el más profundo silencio. Son también el despertar y explorar de quien descubre por primera vez el aire, el espacio, el tiempo, la vida.

Nació nuestro hijo tras un camino complejo

Sin embargo, la llegada de nuestro hijo no fue sencilla, sino que implicó emprender un camino complicado. Se necesitó el amor y la paciencia de su madre durante varios meses, así como también información en cualquier soporte capaz de convertirse en conocimiento.

Se precisó una nueva disposición y organización del hogar, deshacerse de elementos poco adecuados para esta etapa y adquirir muchas otras más oportunas. Fue menester aprender y crecer para encaminarnos en la aventura de ser padres, sometiéndonos a su enseñanza como hijo, quien nos forma cada día.

Y llega el momento de firmar el primer gran trato con tu pequeño tesoro que te dio la vida: tú le cambias el pañal, él te cambia la vida. Promesa cumplida a rajatabla, aun en la letra pequeña del pacto: pues con cada sonrisa, cada lágrima, cada abrazo y cada juego comprendes que ya estás respirando y soñando por dos.

 
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Recordar el día en que nació nuestro hijo

¿Cómo no recordar el día en que nació nuestro hijo? Ese día, con él, nació la esperanza en nuestro corazón. Nuestro hijo, desde entonces, significa reflexión, futuro, aprendizaje y vida. Lo más maravilloso del mundo había sucedido, el milagro de la vida se hacía presente frente a nuestros ojos.

Y aquellas lágrimas que se deslizaban por nuestros rostros no eran fruto del miedo o la duda típicos de cualquier padre o madre primerizos, sino de la más absoluta felicidad y plenitud. Eran lágrimas de ilusión por tu llegada, por tu vida, por el inicio del amor más puro y verdadero que pudimos haber conocido.

Desde que naciste nada volvió a ser igual, el mundo se impregnó de los colores de tu infancia, de la frescura de tu risa. Y nos robaste el corazón para nunca devolverlo.

 
  • Aldana, R. (2019, julio 13). Hay cicatrices que nos recuerdan lo más bello de la vida: los hijos. Recuperado mayo de 2020, de https://lamenteesmaravillosa.com/hay-cicatrices-que-nos-recuerdan-lo-mas-bello-de-la-vida-los-hijos/
  • Roda, C. (2019, septiembre 14). Parir con dignidad: no más violencia obstétrica. Recuperado abril de 2020, de https://lamenteesmaravillosa.com/parir-dignidad-no-mas-violencia-obstretica/