La relación entre desarrollo del lenguaje y alimentación

Nadyra Muhammad 30 enero, 2016

Así como nuestros pequeñitos se van haciendo cada vez más grandes, también van adquiriendo nuevas destrezas y van aprendiendo como esponjitas. En esa misma medida debe irse modificando su alimentación.

Es importante que tomes muy en serio la introducción de nuevos alimentos en la medida que el pediatra lo vaya recomendando y que no postergues la introducción de semisólidos y sólidos. Esto no solo tiene un importante valor nutricional, sino que impacta de manera significtiva en el desarrollo del lenguaje. Acá te decimos cómo.

Alimentación y desarrollo muscular

Una dieta rica en variedad de texturas, sabores y contexturas es necesaria, no solo para garantizar una alimentación balanceada y para que nuestros hijos aprendan a “ver de todo en el plato”, sino para contribuir al correcto desarrollo de la musculatura oral y facial que más tarde va a influir en el desarrollo del lenguaje.

Algunos especialistas resaltan que  los mismos músculos que usamos para comer son los que empleamos para hablar, y para esto es esencial tener una musculatura orofacial con el tono muscular adecuado y la coordinación precisa para poder articular de manera secuencial lo que deseamos comunicar.

Los músculos se van tonificando de acuerdo al tipo de alimentos que ingerimos (líquidos, semilíquidos, semisólidos y sólidos). Por esto es importante no estancarse en texturas que no estimulen la tonicidad, ten en cuenta que en ocasiones algunos niños que tienden a hablar poco o que presentan retardo en el desarrollo del lenguaje es debido a que a medida que se comunican su habla se vuelve poco entendible y manifiestan fatiga o cansancio al hacerlo. Es importante supervisar qué comen, cómo lo hacen y qué tiempo duran en alimentarse.

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Comida licuada: un gran error

Cada vez es más frecuente encontrar niños “grandes” de 2 y 3 años con retardo en el desarrollo del lenguaje que no comen alimentos sólidos y cuyas nanas o mamás han optado por darles todo licuado, pues de lo contrario no comerían.

Es cotidiano escuchar razones como “yo prefiero licuarle todo y así sé que se está alimentando bien”, “cuando siente algún trocito sólido lo escupe”, “tiene flojera de masticar”.

En este punto es importante que te asegures de diferenciar entre qué realmente es un mal hábito patrocinado por mamá y papá (o las abuelas o las nanas) y que tu chiquito tiene cierta dificultad real para tolerar y tragar alimentos sólidos.

¿Cómo hacer esta diferencia?

El niñito que tiene dificultad sensorial real para admitir sólidos tiene esta dificultad con cualquier sólido, incluyendo la comida chatarra y las golosinas, mientras que el niño que es selectivo al escupir el pollo pero no el chocolate, por ejemplo, necesita un poco más de perseverancia por parte de los adultos para alimentarse mejor.

Así pues, lo recomendable es que de acuerdo a las sugerencias de tu pediatra vayas incorporando alimentos sólidos en la medida de lo posible.

Empezando desde pequeños

Los bebés antes del año pueden comenzar a familiarizarse con el arte del masticado con algunos granitos de frijoles o cualquier otro grano que esté suave, puedes darle con la cucharita uno o dos granitos a la vez, es muy divertido ver las caritas que hacen. Seguramente le resultará un poquito difícil al principio mantenerlo en la boca, pero eso es justamente lo que hay que empezar a ejercitar.

Recuerda no forzarlo o regañarlo y permitirle irse adaptando a esto a su ritmo. Obviamente, además de este ejercicio debes darle su sopita o papilla habitual, no pretendas que la comida la haga de esta manera.

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Vegetales y frutas como primera opción

Puedes probar también algunos vegetales cocidos y muy fáciles de masticar para sus encías como zanahoria, aguacate, papa, remolacha, apio, plátano… lo importante es que los piques muy chiquiticos de acuerdo a la edad de tu bebé y que los incorpores en su dieta diaria, de manera tal que se familiarice con ello y ejercite toda la musculatura necesaria para la masticación y la deglución.

Si tu bebé es de los comilones que lloran entre una cucharadita de sopa y otra porque quiere más, haz este ejercicio a partir de la mitad de su platico o hacia el final, de manera tal que ya esté de buen humor para experimentar. Por el contrario, si es de lo que nunca quiere comer, pues hazlo a manera de juego para que disfrute la actividad.

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