Cuando un hijo ríe feliz hay una mamá tocando el cielo

Valeria · 6 mayo, 2017

Cuando un niño ríe el mundo entra en calma y la propia vida se complace. Porque la infancia y la existencia de todo pequeño debe estar orlada por las risas y las carcajadas, por esos mofletes donde se hunden los hoyuelos de la felicidad y que toda madre disfruta viendo. Porque no hay mejor música para una mamá que la risa de un hijo.

Algo que resulta curioso a la vez que encantador en los niños es que a diferencia de los adultos, ellos no entienden de normas sociales y estallan en carcajadas cuando algo les divierte o llama su atención. Los bebés y niños de entre 2 meses y 5 años viven esa etapa tan significativa donde aún no hay normas culturales rígidas, donde si algo les gusta, les entretiene o les divierte, lo harán, estallarán en carcajadas.

A su vez, pocas cosas son tan contagiosas como escuchar a un niño que ríe. Ese gesto tan característico de nuestra especie y que a su vez, se adentra en ese código genético que nos conforma como seres sociales, es un acto de poder que nos une los unos a los otros, y de ahí, que nos agraden tanto las risas de los pequeños. Es el reflejo de la vida que se expande, de nuestra sociabilidad y de esa conexión que establecemos los unos con los otros a través de la complicidad.

Por otro lado, algo que nos dicen tanto los pediatras como los expertos en desarrollo infantil es que la auténtica sonrisa social, es decir, aquella que busca “intencionadamente” conectar con los demás surge entre los 7 y 8 meses. Hasta esa edad, un niño puede sonreír y reír a carcajadas, pero esos gestos son reflejos de su estado emocional, es la felicidad y la complacencia en estado puro, pero sin existir aún esa búsqueda expresa de querer llamar la atención de mamá y  de papá o de conseguir que también ellos sonrían.

Hoy en “Eres Mamá” queremos hablarte de las risas, esas que encienden el corazón de todo padre y de toda madre. El reflejo más auténtico de que lo estamos haciendo bien…

Las niñas ríen más que los niños

Estamos seguros de que muchas mamás pensarán que su bebé o su niño varón se pasa el día sonriendo. Queda claro que hay muchas diferencias individuales, pero tal y como nos explican en un artículo publicado en el espacio “Psychology Today” por término medio las niñas sonríen más que los niños por una razón muy concreta: la testosterona.

Esta hormona sexual masculina marca parte de nuestro carácter, y ante todo, la tendencia a ser más o menos reservados emocionalmente.

Madres que ríen a menudo, niños que sonríen mucho más

Ese momento de mágica complicidad que se establece entre la madre y el hijo cuando le da el pecho o el biberón es el más propicio para generar ese despertar de emociones positivas, donde las miradas y las sonrisas constituyen el primer lenguaje. Y no lo olvidemos: este es un lenguaje de poder que genera fabulosos cambios en el cerebro del niño.

  • Los bebés tiene un campo de visión muy limitado, tanto, que son los rostros que están cerca de ellos lo primero que aprenden a discriminar.
  • De este modo, si ya desde bien temprano se acostumbran a caras iluminadas por sonrisas y por el sonido de unas carcajadas, entenderán de inmediato que están ante un gesto agradable, un gesto que relaja, que divierte y que a su vez, le ayudará a “conectar” con papá y mamá. ¿Cómo no empezar a imitarlo lo antes posible?

Entre los 6 y los 12 meses el bebé va experimentar muchos tipos de risas y carcajadas

A partir de los 6-7 meses el bebé va a mostrar ya un abanico muy interesante de emociones. Es común que vaya del llanto a la risa y a la inversa, es habitual también que muestre un alto interés por su entorno y que busque ya un contacto más social con sus padres. Se abre a su vez el inicio del juego, ahí donde mantener ya la atención hacia ciertos estímulos interpretándolos como divertidos, amenazantes, atrayentes o incómodos.

El bebé de 6 y 12 meses organiza su mundo en base a los estímulos que les propician sus padres y por ello, empezaremos a notar cómo sonríen mucho más, cómo gorgojean con sonrisas emocionadas al hacer algo divertido o cómo estallan en carcajadas cuando papá, por ejemplo, hace gestos o sonidos “raros”.

Cuando nuestro hijo ríe se diluyen todas nuestras preocupaciones

Pocas cosas son tan relajantes y satisfactorias como llegar a casa y pasar tiempo con tu niño. Cuando lo escuchas reír, cuando lo ves inmerso en su lenguaje aún inteligible enseñándote sus juguetes, buscando tu atención y tu cercanía mientras sonríe, todas tus preocupaciones del día se diluyen, como el humo que escapa por una ventana.

Los niños tienen el poder de sanarnos, de recordarnos lo hermosa que es la vida con ellos y a través de su mirada siempre ilusionada, siempre pendiente de ti.

No dudes en enseñarle desde bien temprano que sonreír es como respirar, una actitud y una herramienta valiosa que nos conecta los unos con los otros para ser más felices…