Cuáles son tus recursos emocionales para amar y criar

Cada bebé del mundo nace con una capacidad plena de amar. Pero para conservar y desarrollar esa capacidad infinita de amar necesitan recibir amor incondicional de parte de sus padres. Ambos deben esforzarse todos los días para nutrir las capacidades de sus hijos y lograr criarlo en un ambiente donde se ame sanamente.

Al principio, las necesidades del niño parecen muy simples. Mamá y papá pueden proveerlos de muchas experiencias de placer. La lactancia a demanda, por ejemplo, le brinda muchas experiencias de placer, pues de ahí puede obtener la satisfacción inmediata de sus necesidades de contacto, nutrición y cuerpo materno.

Succionar la leche tiene un efecto tranquilizante para él. Y además cuando lo tienes entre tus brazos, tienes una oportunidad para estimularlo con tus miradas y mimos. Así que en esa etapa brindarles estimulación, mirada, presencia y amparo constantes, equivalen para él a sentirse amado incondicionalmente.

Cuando un niño no obtiene lo que demanda –que es contacto, nutrición y cuerpo materno- siente miedo, se siente abandonado, se siente solo y conceptualiza al mundo fuera del vientre de mamá como un ambiente lleno de hostilidad y violencia. Mientras más pequeño es el bebé más vulnerable se siente, por lo tanto la sensación de abandono le resulta más intensa.

Nos hacen falta recursos emocionales

Hasta ahora nos han criado con doctrinas hostiles con respecto a las necesidades de la infancia, las cuales tienen una mirada absolutamente distante a la esencia infantil y a sus necesidades legítimas. Estos modelos de crianza insanos imponen una demoledora distancia entre lo que un bebé necesita y lo que recibe.

Lo peor de todo es que en la medida que el niño no recibe lo que espera o necesita, vive momentos de mucha confusión, miedo, soledad, hostilidad y se ve ante la necesidad de desplegar mecanismos de sobrevivencia, como llorar o hacer pataletas, para obtener seguridad o atención.

Algunos expertos afirman que en este punto se establece una herida tan profunda a la que han llamado “herida primal”, la cual luego de recibida hace réplica el resto de la vida creando depresiones, ansiedad, accidentes emocionales, enfermedades, conflictos violentos, discapacidad para amar, empatizar y cuidar niños que tengan a sus cargos.

Para evitar  las terribles secuelas que deja en la humanidad un modelo de crianza -que aunque es mayoritario- está basado en el desamor, la rigidez y el autoritarismo, debemos aprender a amar incondicionalmente.

Aprender a amar incondicionalmente

Los adultos debemos reaprender a amar y sobre todo debemos hacer un esfuerzo para amar a los niños tal y como ellos esperan y necesitan ser amados; hay que aprender a amarlos en general, independientemente de que se refiera a tus hijos, sobrinos o primos, lo ideal es que los niños reciban un trato igualitario.

Para aprender a amar a un niño incondicionalmente debes dispuesto a registrarte y descubrir en qué medida fuiste realmente amado o desamparado en los primeros años de crianza, pues muchas veces, a causa de la propia experiencia de hostilidad que se vivió en la infancia que no se es capaz de reconocer que a veces somos injustos con los niños.

La verdad es que muchas veces los adultos actúan hacia los niños desde un lugar inconsciente. La mayoría, en general, nos encontramos desnutridos de recursos emocionales para amar y cuidar a los niños tal y como ellos esperan y necesitan.

Es necesario revisar las vivencias que tuviste como niño o niña, solo desde allí lograr encontrar un lugar emocional desde donde validar, comprender, empatizar, acompañar y atender con paciencia los pedidos del niño que es nuestro hijo o que está a nuestro cargo.

Cuando no lo hacemos su soledad, miedos, llanto, gritos, berrinches, sus expresiones de disconformidad, su alma de niño inquieto nos resuena; y eso muy probablemente estará respondiendo al resultado de tu propio miedo y soledad no atendidos oportunamente.

Es probable que esos males del bebé respondan a tus propias emociones y necesidades legítimas no validadas ni satisfechas oportunamente cuando eras niños; y estas ahora se actualizan perpetuando la transmisión de la “herida primal” a las nuevas generaciones.

La crianza es una ventana para sanar heridas

Para criar con verdadero amor a nuestros hijos, todos los adultos del mundo, especialmente los padres, deben asumir la responsabilidad evolucionar en adultos comprometidos capaces de criar a niños y niñas felices en lugar de niños y niñas que los hagan felices.

Los niños deben crecer en libertad, para que puedan mantenerse en sintonía su esencia, con esa capacidad plena de amar. Los padres deben velar porque estén siempre en contacto con su brújula interior, con su capacidad natural de amar, que mantengan intactos sus valores, creatividad y pasiones originales. La meta de todo padre debe ser criar a niños capaces de poder de pensar por sí mismos, para atreverse a explotar, crear y perseguir sus propios sueños.

 

 

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