Amamantar, una maravillosa forma de amar

Raquel Aldana · 30 enero, 2016
La fantasía de amamantar se traduce en un enorme gozo que hace que el olor, los latidos del corazón, el calor y la voz de la madre acompasen al bebé al ritmo de su alimento.

Amamantar es una decisión de tal trascendencia, que no solo influye en la mujer sino también en el bebé. Todo lo relacionado a la lactancia resulta no solo curioso sino también impresionante, hermoso.

Si bien se podrían describir técnicas, posturas, tipos de leche, los nutrientes que aporta, las complicaciones, los beneficios para el sistema inmune, etcétera, a continuación trataremos acerca del gesto, del sentimiento de amor que implica el hecho de amamantar.

Amamantar a un bebé es una maravillosa forma de amor. ¿Por qué? Porque todo egoísmo se desvanece y se prioriza el cuidado del bebé. Al preocuparnos por su nutrición, nos desinhibimos e, incluso, vencemos el temor a lastimarnos por procurar la salud y el bienestar del bebé.

La lactancia, además de ser un proceso en el cual intervienen una serie de hormonas (como la oxitocina), también es un proceso de reflexión, compenetración con una misma y, a la vez, con el bebé. Bien pudiera decirse, que es una de las primeras formas en que madre e hijo se comunican de una forma no verbal.

Laura Gutman, en su libro titulado: La maternidad y el encuentro con la propia sombra, afirma que amamantar es sencillo en el momento en el que nos damos cuenta de que es como hacer el amor.

La lactancia es un proceso en el cual interviene principalmente, la hormona de la oxitocina.

Para amamantar sin presiones tenemos que conseguir conciliar la idea de que no importa el tiempo que pase o la frecuencia, sino que madre e hijo nos entendamos. Un día, su cabecita estará más arriba, otro día nuestro brazo más abajo y puede que en algún momento haya que cortar la toma porque nos sentimos incómodos.

La idea de amamantar no solo es ofrecer alimento, sino también sustento afectivo. Este es un punto muy importante. Si nos obsesionamos por prefijar objetivos y por adecuar el reflejo de succión de nuestros bebés a unas expectativas, terminaremos por dificultar el primer paso hacia la lactancia.

Como es bien sabido, la Organización Mundial de la Salud recomienda amamantar de forma exclusiva hasta que el bebé alcance los 6 meses de edad y de forma complementaria hasta los 2 años de edad. Esto permite tanto a la madre como al bebé tener un margen de tiempo amplio para conocerse, quererse y sencillamente pasar tiempo juntos.

Amamantar es una necesidad

El bebé necesita a su madre, así como la madre necesita sentir con emoción a su pequeño. Es sumamente importante amamantar dándole más importancia al amor que a la técnica, pues será la primera impronta afectiva que marcará la relación con nuestro(s) hijo(s).

En el caso de que no podamos darle pecho a nuestro bebé, debemos igualmente poner atención a sus miradas, sus gestos, sus caricias y sus ruiditos. Esos pequeños chasquidos son sus primeras formas de comunicación y en ellos, hallaremos la inocencia encarnada. Además, podremos maravillarnos del milagro de la vida.

Amamantar es un acto que estrecha el lazo entre madre e hijo.

Lo importante es que al amamantar ofrezcamos un contacto cálido, pleno y dispuesto. Sin prisas y sin agobios, pues además de producir la leche para ellos, lograremos generar una hermosa huella de amor en esta primera etapa de sus vidas.

La mamá es siempre para el niño su cobijo predilecto y su sostén emocional más especial. Por eso debemos disfrutar de esto, pues es absurdo negar el pecho porque ya ha comido o porque no le toca.

El amor no es un capricho, el amor es un sentimiento inmenso del que toda madre y todo hijo quieren impregnarse. Cuando un bebé reclama alimento, también está reclamando calor, cariño y cobijo, al igual que la mamá cuando necesita abrazar a su pequeño.

Dado que los bebés no saben decir: quiero tu atención, tu afecto, tu calor y tu proximidad, esto lo expresan a través del llanto y del reflejo de succión. Si bien es cierto que esto también es una estrategia de supervivencia, todo ser humano requiere afecto, y sin él, simplemente no vive.

Por eso solo tenemos que tener abiertos los ojos del corazón para comprender que amamantar es ante todo y con todo la mejor manera de amar.