Consecuencias de la depresión materna en el niño

Todo en la vida está relacionado. Nada pasa por casualidad, por mucho que creamos en la suerte y las coincidencias. Sin embargo, nosotras gestamos y gestionamos nuestro futuro con nuestros actos, fortalezas y debilidades. Y precisamente en este último punto, hemos de saber que una depresión materna puede ser demoledora para nuestros hijos.

Es evidente que no elegimos tener depresión. Al igual que no es decisión nuestra estar enfermas o no. Sin embargo, sí que podemos ser previsoras. Tanto pensando en nosotras mismas como en el fruto de nuestro vientre, hemos de ser fuertes y cuidadosas. No solo nosotras dependemos de nuestros actos, también nuestros hijos. Si queremos cuidarlos y quererlos, primero hemos de hacerlo con nosotras mismas.

Porque no podemos olvidar que como madres, estamos enlazadas a nuestros pequeños con una fuerza inusitada y que no tiene igual en todo el mundo. De esta unión tan potente se crea un vínculo enorme, tanto para lo bueno como para lo malo.

Y si hay algo malo en el mundo, es la depresión materna. Una madre deprimida sufre la devastación mental de una enfermedad incomprendida y dolorosa. Pero también nuestros pequeños retoños se ven inmersos en un mundo que no comprenden, pero saben que les duele.

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Influencias de la depresión materna sobre los niños

Como decimos, la relación y la propia influencia de los padres sobre los hijos marcará de forma determinante el desarrollo de un niño. Por ello el estado de ánimo con que se cría a un pequeño será de vital importancia en la correcta educación del chico.

No obstante, es normal sentir miedo y vértigo ante el nacimiento de un pequeño. De repente, una débil criatura depende absolutamente de nosotras. Su alimento, su cuidado y su sustento está totalmente en nuestras manos.

Sin embargo, jamás debemos caer ante estos pensamientos hostiles que nos atacan. Hemos de superar el miedo, sobreponernos y ser conscientes de que ese pequeño es fruto del amor. Ninguna depresión o enfermedad debe ser capaz de detenernos ante la crianza de esa criatura que es fruto de nuestro vientre.

Cómo actúa la depresión materna sobre los niños

Por eso es necesario ser previsoras. Hemos de ser muy cuidadosas con nuestra salud, tanto mental como física. Especialmente si deseamos contraer la enorme responsabilidad de traer un niño al mundo, debemos saber que lo primero es amarnos, pues no hay otra forma de amar sinceramente a los demás.

Y si nos amamos, nos cuidamos. Todos cuidamos aquello que queremos. Por eso nuestro cuerpo y nuestra mente deben estar por delante. Porque solo desde la salud mental y física seremos capaces de proteger como se merece a aquello y aquellos que no son capaces por sí mismos.

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Porque de lo contrario, podemos provocar serios problemas de salud en nuestros pequeños y quienes nos rodean. Por ejemplo, debido a la preocupación que generamos en nuestros hijos, creamos en ellos mundos de inseguridad, pérdida de peso, inapetencia, falta de autoestima, desarrollo inadecuado e incluso represiones, maltrato propio o situaciones mucho más graves de necesitan de la intervención de profesionales.

La depresión materna

Porque la depresión materna actúa directamente en la línea de flotación de todo hijo. Esa falta de energía, impulso vital y afectividad hacia el niño es demoledor en su joven y poco desarrollada psique.

Un niño necesita cariño, seguridad, atención, referencias paternas, etc. Pero ante la falta de un referente por culpa de la depresión, el chico intentará satisfacer al progenitor, en lugar de a sí mismo. Y este es un periodo en el que el pequeño ha de enfocar sus energía ante su propio yo, no puede estar satisfaciendo a otros, pues esto actúa directamente en su correcto desarrollo.

Así pues, esta situación deja al pequeño en un lugar de indefensión total. Puede generar incapacidad para establecer relaciones personales adecuadas. Y ello por el simple hecho de necesitar complacer incluso a quienes no quieren o no lo desean.

Por eso, como madres, necesitamos hacer gala de una fuerza de voluntad enorme. Si hemos dado el paso de tener niños, la previsión y nuestra fortaleza mental han de ser óptimas. Por ello es importante informarse, cuidarse y tener muy claro cada paso que damos, por mucho miedo o inseguridad que pueda provocar.

Y por eso tampoco debemos ceder ante la depresión materna ni ninguna otra enfermedad. Hemos de ser fuertes, proactivas y haciendo gala del pensamiento positivo. Si nos rodeamos de buena gente, grandes profesionales y mucho humor y ganas de vivir, nada ni nadie podrá pararnos en esta vida.

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