¿Cómo saber si mi hijo necesita gafas?

1 de cada 4 niños necesita usar gafas: aprende cuáles son las complicaciones de la vista más habituales a su edad y cómo elegir las mejores gafas para corregirlas.

Los niños, como los adultos, acceden al 80% de sus percepciones sobre lo que los rodea gracias a su sentido de la vista, por lo que disponer de una visión nítida constituye un hecho fundamental para su correcto desarrollo y aprendizaje.

Por fortuna, al contrario que nosotros, los más pequeños de la casa no suelen necesitar gafas porque la mayoría dispone de una visión excelente.

Pero hay, claro, excepciones: en torno a 1 de cada 5 niños en edad escolar sufre algún problema ocular (miopía, hipermetropía o estrabismo suelen ser los más comunes).

Y la mayor preocupación de los padres es la de cómo detectar a tiempo si su hijo necesita gafas, cuando él mismo puede no ser consciente de sus propios problemas de visión por no diferenciar lo nítido de lo borroso (o, si es muy pequeño, puede ser sencillamente incapaz de comunicarnos las dificultades que sufre).

Primeros meses de vida

Hemos dicho antes que los niños suelen contar con “una visión excelente”. Bueno, eso no es del todo cierto: en sus primeras semanas de vida, la mayoría de los bebés son hipermétropes. Pero esto se debe al pequeño tamaño de su globo ocular, problema que suele compensarse con el crecimiento.

Sin embargo, si la hipermetropía persiste o si existe algún problema complementario, es vital detectarlo lo antes posible para evitar que degenere con la edad. A eso se une que los niños prematuros (o nacidos con menos de 1,5 kg de peso) cuentan con una probabilidad mayor de desarrollar problemas de visión en el futuro.

Por todo esto, los oftalmólogos recomiendan que los bebés pasen su primera revisión ocular a lo largo de los primeros 12 meses de vida.

Encontrar las gafas perfectas no siempre es sencillo.

Signos de que algo no va bien

Con independencia de si ya has llevado a tu hijo al oftalmólogo, deberías plantearte volver a visitar su consulta si empieza a mostrar algunos de estos síntomas:

  • Cierra, guiña o se frota los ojos con frecuencia.
  • Entrecierra los ojos para enfocar.
  • Lee casi pegando la cara al libro o al ordenador.
  • Se pierde al leer o tiene que utilizar el dedo para orientarse durante la lectura.
  • Mira inclinando la cabeza hacia atrás o hacia un lado.
  • Sufre mareos, náuseas o dolores de cabeza regularmente.
  • Tiene los ojos irritados al final del día o a salir de clase.
  • Dejan de interesarle juegos al aire libre que venía practicando (por no ver la pelota).

¿Cuáles son los problemas visuales más frecuentes?

Miopía

Lo que antes se conocía como “corto de vista”. Está provocado porque el tamaño del globo ocular es ligeramente mayor de lo normal, lo que le lleva a enfocar claramente los objetos cercanos, pero no los lejanos, que se perciben de forma borrosa al formarse la imagen delante de la retina.

Una vez aparece, es habitual que tienda a aumentar progresivamente… Pero lo bueno es que a tu hijo le bastarán unas gafas para volver a ver bien.

Hipermetropía

El caso contrario de la miopía: un ojo demasiado pequeño provoca que el niño enfoque los objetos por detrás de la retina, dificultándole la tarea de enfocar y ver las cosas de cerca. Los casos más leves suelen desaparecer antes de los 10 años sin requerir el uso de gafas.

Astigmatismo

La curvatura de la córnea es irregular, lo que provoca una visión ligeramente deformada, con zonas claras y zonas borrosas. Suele ser un defecto de nacimiento, por lo que no empeora con el tiempo. Si es lo bastante leve como para no provocar fatiga visual ni dolores de cabeza, no requiere usar gafas.

Ojo vago

Es el problema que aparece cuando el cerebro detecta que cada ojo ofrece imágenes distintas, que no encajan, y aprende a ignorar sistemáticamente la información ofrecida por uno de ellos.

Esto puede ocurrir por dos razones: porque dicho ojo sufre de uno de los problemas citados más arriba en mayor proporción que el otro, o porque hay un problema de coordinación muscular de los ojos (estrabismo o vista desviada). Esto puede generar problemas graves de desarrollo de la vista en el futuro, y pérdida de visión binocular.

Hay muchos nombres en inglés que marcan tendencia para niñas para escoger.

Y si al final no hay otra opción que usar gafas…

Si, tras visitar al oculista, la conclusión es que vuestro pequeño debe ponerse gafas, habrá que ser cuidadosos con su primera toma de contacto con ellas: ante todo, resulta fundamental no presentárselas como algo negativo, sino como un accesorio genial –casi mágico– que le permitirá ver de repente cosas tan pequeñas o lejanas que antes no podía ni ver.

Para facilitar que el niño acepte las que les compremos, lo ideal es ofrecerle la opción de elegir su montura. En lo que respecta a los cristales, deberemos elegir una opción compatible con su vida activa, que evite que el primer golpe durante un juego las haga añicos: la mayoría de los especialistas recomiendan los cristales orgánicos para estos casos.

Y puede ser útil dotar a las patillas de las gafas de talones de silicona para evitar que se las claven en caso de golpe.

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