La ciencia demuestra que los bebés son altruistas

27 mayo, 2020
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Elena Sanz Martín
Varios experimentos han puesto de manifiesto que los más pequeños tienden a ser altruistas, incluso cuando esto les supone un coste personal.

El altruismo es un rasgo, sin duda, deseable en cualquier ser humano. Todos disfrutamos de rodearnos de personas consideradas, atentas y dispuestas a ayudarnos. Y, aunque indudablemente la educación y los valores que inculcamos a los pequeños juegan un papel, la ciencia ha demostrado que los bebés ya son altruistas.

Cuando hablamos de niños mayores o de personas adultas, el altruismo está mediado por el proceso de socialización. Es decir, muchas veces, ayudamos para obtener reconocimiento o por labrarnos una reputación positiva.

Sin embargo, en los bebés, estos razonamientos todavía no tienen lugar. Y, aun así, varios experimentos han puesto de manifiesto que los pequeños ayudan sin esperar nada a cambio, incluso cuando esto les supone algún coste personal.

La ciencia comprueba que los bebés son altruistas

Dos psicólogos, Michael Tomasello y Felix Warneken, pusieron en marcha un experimento con el fin de comprobar si el hombre es bueno por naturaleza.Mamá hablando con su bebé durante la etapa prelingüística.

Para ello, seleccionaron una muestra de varios niños de entre 14 y 18 meses que, por su edad, aún no habían sido socializados formalmente. Colocaban a los pequeños en una habitación con cámaras de grabación instaladas y los exponían a diferentes situaciones para comprobar su reacción.

Los bebés colaboran

Se crearon varias situaciones en las que el adulto necesitaba de la colaboración del niño para lograr su objetivo. Por ejemplo, se muestra un tubo con un mango o asa en cada extremo; el adulto agarra uno de los lados y trata de tirar. El pequeño, al comprender que se necesita que alguien haga lo mismo del otro lado acude rápidamente a hacer su parte.

Ayudan sin esperar nada a cambio

Quedó clara la disposición de los pequeños a colaborar para conseguir un objetivo conjunto. Pero ¿ayudarán también cuando se trate del objetivo individual de otra persona? Para comprobarlo, se crearon diversos escenarios en los que un adulto se mostraba en problemas. Por ejemplo:

  • Un hombre carga con unos libros en sus manos y se dirige a un armario para guardarlos. Muestra su intención de meter los libros en el armario, pero no lo consigue, ya que las puertas están cerradas. Ante esta escena, la mayoría de los pequeños, espontáneamente, se levantaba y abría las puertas del armario para el hombre.
  • Una persona está tendiendo una prenda de ropa en una cuerda y se le cae una de las pinzas. Hace el amago de alcanzarlas pero no lo logra. Los bebés, rápidamente, acuden en su ayuda recogiendo la pinza del suelo y ofreciéndosela.
  • Lo mismo sucede cuando una mujer trata de escribir en un cuaderno, pero no alcanza el bolígrafo. Y cuando a un hombre se le cae la cucharilla con la que está removiendo su bebida. Los niños acuden en su ayuda sin dudarlo, alcanzándoles los objetos que necesitan.

Es importante recalcar que durante estos experimentos reina el silencio. Los experimentadores no median palabra y únicamente hacen muecas y gestos para expresar lo que les ocurre. Es decir, los niños no reciben ningún tipo de orden ni instrucción para actuar; lo hacen por completa voluntad propia.Bebé jugando con El cesto de los tesoros y mostrando que los bebés son altruistas.

Tampoco reciben ningún halago, reconocimiento o recompensa por sus acciones. Incluso, se comprobó que el utilizar recompensas externas era contraproducente y socavaba la tendencia natural de los pequeños a ayudar.

Los bebés son altruistas incluso cuando esto les supone un coste

Otro estudio quiso llegar más allá y comprobar si los pequeños estarían dispuestos a ayudar incluso cuando hacerlo les supusiera un coste personal. Para ello pusieron a prueba a 100 bebés de 19 meses a los que se les fue mostrando cómo un adulto que iba a comer unas frutas las dejaba caer accidentalmente fuera de su alcance.

Los pequeños, al percibir los intentos del experimentador por alcanzar las frutas, se las dieron. Es decir, renunciaron a ellas (podrían habérselas comido) para dárselas a la persona que mostraba quererlas. Y esto sucedió incluso cuando el experimento se llevó a cabo en las horas en que los bebés estaban más hambrientos por llevar un tiempo importante sin comer.

En esta última condición fueron menos los niños que escogieron darle la fruta al experimentador. Pero, aun así, un grupo significativo de ellos mostró este comportamiento altruista.

En definitiva, los estudios muestran que los bebés, de forma natural, se muestran dispuestos a colaborar y a ayudar, sin ganar nada e incluso en detrimento propio.

  • Warneken, F., & Tomasello, M. (2009). The roots of human altruism. British Journal of Psychology100(3), 455-471.
  • Cortés, R., Brooks, R., & Meltzoff, A. N. (2020). Altruistic food sharing behavior by human infants after a hunger manipulation. Scientific reports10(1), 1-9.