Las calificaciones de tus hijos no determinarán su éxito

31 Agosto, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz Martín
¿Premias y castigas a tus hijos por sus calificaciones? Antes de hacerlo, analiza qué es realmente lo que representan esos números.

Si eres madre, probablemente, las calificaciones de tus hijos sean uno de los asuntos que más te preocupe. Al final de cada etapa escolar, llega la temida evaluación y, con ella, las notas; unos sencillos números que parecen determinar si un niño es válido, inteligente, adecuado y si tendrá éxito en el futuro.

Sin embargo, ese sistema de clasificación no solo está obsoleto, sino que, en ocasiones, puede resultar perjudicial e, incluso, cruel para los menores.

En nuestras sociedades, desde hace ya cientos de años, acostumbramos a evaluar a los estudiantes mediante un sistema numérico. Cuando las calificaciones obtenidas no son las esperadas, los padres experimentan una enorme preocupación, los niños se sienten inadecuados y el sistema familiar enfrenta grandes fricciones y conflictos.

Sin embargo, las notas de los niños no determinarán su éxito en el futuro. Por eso, es hora de que empecemos a comprender lo que verdaderamente significan estos números.

Niños contentos yendo al colegio porque saben que las calificaciones no determinarán su éxito.

¿En qué se basan las calificaciones?

Creemos que las calificaciones nos informan de la inteligencia de nuestros hijos, de las capacidades que poseen y del nivel intelectual en el que se encuentran. Pensamos que nos comunican el esfuerzo que el niño ha realizado, la atención que ha prestado y la buena voluntad que ha tenido para aprender.

De esos datos numéricos deducimos si un menor es válido, adecuado y exitoso. Nos enorgullecemos o nos avergonzamos, nos enfadamos, premiamos y castigamos con base en esta calificación. Pero ¿realmente podemos obtener toda esa información de un único número? La respuesta a esta pregunta es claramente negativa.

Al pequeño se le otorga una nota en función de su desempeño en uno o varios exámenes escritos. Dichas pruebas no solo suelen pasar por alto todo tipo de aprendizaje práctico, sino que, además, valoran, primordialmente, la memorización.

Es decir, aquel niño capaz de retener en su memoria datos precisos y “vomitarlos” en el examen obtendrá altas calificaciones, a pesar de no comprender lo que está escribiendo y olvidarlo al día siguiente.

Los exámenes no evalúan la comprensión real de la materia ni el aprendizaje significativo que se ha realizado de la misma. Tampoco tienen en cuenta el esfuerzo del niño, su interés ni su actitud. Valoran, únicamente, un resultado puntual y concreto, obviando el proceso.

Además, pasan completamente por alto las diferencias individuales de los menores. Todos han de adecuarse al molde que se juzga y, si no lo hacen, son etiquetados, literalmente, como insuficientes.

Las calificaciones de tus hijos no determinarán su éxito

Por todo lo anterior, es importante tener claro que las calificaciones de tus hijos no determinarán su éxito. En primer lugar, porque no son una medida fiable ni de inteligencia, ni de capacidad, ni de actitud.

Un menor puede ser muy capaz, curioso, hábil y competente y no ver esto reflejado en sus notas. Un niño puede tener una buena disposición a aprender y una gran perseverancia y, aun así, obtener calificaciones bajas.

Pero, además, las calificaciones no son determinantes porque lo que miden no es lo realmente relevante para el éxito en la vida adulta. En el mundo real, la capacidad de memorizar es escasamente útil, mientras que otras habilidades, como las competencias sociales, la creatividad o la confianza en uno mismo son lo que realmente se valora.

Niños en el colegio estudiando.

Encajar en el molde durante la etapa escolar puede suponer, incluso, un hándicap a la hora de enfrentarse a la realidad adulta. Por otro lado, se ha comprobado que los estudiantes menos exitosos en la escuela cuentan con ciertas ventajas a la hora de ser célebres emprendedores. Y es que, mientras el colegio premia al que se adapta, la vida premia al que se arriesga.

Céntrate en el proceso

Por ello, respecto a la educación de tu hijo, trata de centrarte en el proceso y no en los resultados. Asegúrate de inculcarle la curiosidad por aprender, el desarrollo de un pensamiento crítico, la perseverancia y la responsabilidad.

Por supuesto, anímalo a esforzarse y a superar los retos escolares, pero no pierdas de vista que las calificaciones son únicamente un número, algo que no define a tu hijo como persona y que no determinará su éxito.

Afortunadamente, ya comienzan a surgir pedagogías y métodos de evaluación más adecuados y diversificados. Pero, hasta entonces, dejemos de etiquetar a nuestros menores con base en un dato tan descontextualizado.

  • Roth, C. (2011). The Entrepreneur Equation: Evaluating the Realities, Risks, and Rewards of Having Your Own Business. BenBella Books.
  • Navas, L., Maicas, G. S., & Germán, M. A. S. (2003). Predicción de las calificaciones de los estudiantes: la capacidad explicativa de la inteligencia general y de la motivación. Revista de psicología general y aplicada: Revista de la Federación Española de Asociaciones de Psicología56(2), 225-237.