¡Ayuda! Mi hijo le tiene miedo a las inyecciones

El miedo a las inyecciones es una de las fobias más comunes y suele manifestarse en niños con aproximadamente cinco años de edad. Sigue leyendo para ayudar a tus hijos a superar este temor.
La tripanofobia es el miedo a las inyecciones y afecta a cerca del 10% de la población de todas las edades. No obstante, es necesario destacar que esta fobia aparece en la infancia temprana, entre los cuatro y cinco años de edad, y puede ser influenciada por los adultos.

Seguro que te sorprende leer esto, pero es una verdad comprobada científicamente. En muchas ocasiones los temores que desarrollan los hijos son infundados por sus padres o cuidadores, quienes enseñan –consciente o inconscientemente– patrones de conducta que pueden ser perjudiciales.

En el caso del miedo a las inyecciones puede desarrollarse ante las advertencias reiterativas de los padres cada vez que necesitan llevar a los niños al médico.

Frases como “te va a doler”, “no vayas a llorar porque ya eres grande”, “si te mueves te puedes hacer más daño”, pueden tener una repercusión en la manera cómo los niños perciben las agujas.

Por supuesto que duele, pero exagerar no ayudará al niño. Al contrario, impedirá que esté relajado, sentirá angustia y los nervios pueden incrementar la sensación del dolor.

Es indudable que a los padres nos duele todo lo que sucede a nuestros pequeños, pero debemos ser cuidadosos en lo que respecta a los miedos que les estamos transmitiendo.

El miedo a las inyecciones puede ser infundado por los padres

Prohibido amenazar con las inyecciones

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Desafortunadamente algunos padres aprovechan la debilidad de sus hijos para manipularlos o amenazarlos.

Por ejemplo, no es extraño escuchar a una madre que dice a su hijo: “si no obedeces, voy a llevarte al doctor para que te inyecten”. Suena absurdo, pero esto es más frecuente de lo que creemos.

De esta manera solo estamos incitando al desarrollo de temores en nuestros niños, que asumirán que inyectarse puede significar una experiencia traumática y dolorosa.

Lo cierto es que si ya el niño muestra señales de su fobia a las inyecciones, es recomendable ayudarlo a superarlo.

Prepara a tu niño

Si notas que tu hijo se pone muy nervioso cuando deben inyectarle, explícale por qué es necesario hacerlo y los beneficios que obtendrá. Otras recomendaciones que podemos darte son:

  • Hablarle de las miles de personas que se inyectan a diario y viven sanas y fuertes
  • Una buena idea es que trates de llevar a tus hijos a tus consultas médicas, con el objetivo de que sean testigos cuando recibas una inyección
  • Si es posible, pídele al médico que te permita la compañía de tu hijo. Después de recibir la inyección da las gracias a tu doctor
  • No podemos subestimar las reacciones de nuestros hijos, lo ideal es ayudarlos a superar sus miedos
  • Es recomendable hablar con los pequeños acerca de la sensación que produce el pinchazo y el tiempo que tarda en desaparecer
  • Muéstrale tu comprensión y promete que los protegerás
  • Pídele a tu hijo que identifique en qué parte de su cuerpo le duele menos la inyección, de esta manera podrás preguntarle al médico si es posible inyectarle allí
  • Si el doctor no puede hacer concesiones, entonces explica a tu niño con palabras sencillas, que el medicamento debe suministrarse de manera correcta para garantizar su efecto.

Recomendaciones médicas

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También existe una serie de consejos que han sido puestos en práctica por los profesionales de la salud y que ayudan a los niños cuando deben recibir inyecciones:

  • Aplicar un anestésico de uso tópico para reducir la sensación de dolor minutos antes de inyectar al niño
  • Elevar un poco los pies del niño antes de que lo inyecten, de esta manera mejorará su circulación y esto ayudará a evitar desvanecimientos
  • A los niños podemos pedirles que respiren profundo y cuenten hasta diez, porque todo terminará incluso antes de que terminen de contar
  • Los padres deben distraer al niño incluso antes de que el médico coloque la aguja sobre la piel, la idea es disminuir su tensión y ansiedad al pensar en el pinchazo
  • Pídele que te mire a ti y no a la aguja, así no se enfocará en su tamaño ni en su forma.

El apoyo de los padres es fundamental. Por ningún motivo podemos subestimar el temor de los hijos.

Si ellos sienten la confianza de decirnos qué los inquieta, entonces debemos hacer todo lo que esté en nuestra mano para acompañarlos en esta fase que puede ser superada en poco tiempo.

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