Aprender a ser felices desde la infancia

Adrianazul · 20 junio, 2017

Todos los seres humanos venimos al mundo con un cuerpo que está cargado de genes que nos impulsan a perseguir lo que nos hace felices. No obstante, el medio familiar y social en el que cada niño se desenvuelve moldea este equipaje genético; por eso es importante que los padres y cuidadores contribuyan a fomentar la alegría y la salud emocional del niño.

Aunque todos vengamos con genes para ser felices, la calidad de nuestras relaciones y de nuestras circunstancias pueden fortalecer esa tendencia innata de perseguir lo que nos hace felices –sea cual sea, tu concepto de felicidad- pueden modificar esa condición con la que venimos.

Lo ideal es que todos los niños del mundo aprendan a ser felices; pues, según ha demostrado la ciencia, no solo nacemos con la capacidad innata de ser felices sino que también aprendemos a serlo.

Y en esta tarea de aprender a ser felices desde la infancia es necesaria la contribución de padres, madres y cuidadores, quienes ayudan a construir la autoestima del niño y además pueden promover y protagonizar un ambiente lleno de alegría dos de los principales pilares necesarios para construir una personalidad saludable.

Vivir plenamente es imprescindible para aprender a ser felices

Papá, mamá y los cuidadores de los niños deben hacer todo lo posible por facilitarle a los niños actividades gratificantes que propicien los estados de ánimos placenteros. La felicidad más que aprenderla se vive, según dicen los expertos, quienes les explican a los padres que los niños viven este tipo de sentimientos de manera genuina cuando las interacciones que realizan son placenteras, seguras y asertivas.

Una crianza afectiva y una adecuada educación contribuyen a que los niños puedan alcanzar la tan anhelada felicidad. Y en esto los padres también son protagonistas, pues ellos son quienes promueven progresivamente su autonomía y, especialmente, la seguridad en sí mismos.

Y la labor de los padres no termina ahí, pues es muy importante que los niños sean estimulados a tener un comportamiento empático y solidario, lo cual los lleva a establecer relaciones sociales de calidad.

Así mismo, los psiquiatras que han estudiado cómo se puede aprender a ser felices desde la infancia, también ilustran a los padres sobre la crítica, dicen que esta debe existir pero desde una perspectiva constructiva. Los comentarios deben ser positivos, que inviten a una vía de salida y de acompañamiento por parte del adulto de referencia.

Crecer en un ambiente positivo nutre para toda la vida

Y aunque el hecho de que los padres se esfuercen por darle una infancia feliz a sus hijos no garantiza que ellos vayan a mantener este estado de satisfacción y bienestar para siempre, ser felices desde la infancia les da a los niños un soporte genuino y rico que para afrontar todas las etapas de su vida.

El psiquiatra Rojas Marcos, autor de libros como “Nuestra felicidad”, “La fuerza del Optimismo” o “La autoestima”, explica en un artículo que disfrutar de una infancia feliz ayuda a mantener una perspectiva optimista y esperanzadora durante la vida.

Todos esos factores, según refiere el experto, “fortalecen nuestra capacidad de adaptación, nuestra confianza y vigoriza esa mezcla natural de resistencia y flexibilidad que hoy llamamos resiliencia, y que nos ayuda a superar adversidades”.

Elementos que en definitiva contribuyen a que se conviertan en hombres y mujeres con una personalidad equilibrada, que tengan caracteres flexibles, capaces de adaptarse a los cambios y retos que implica vivir intensamente. Por eso es tan importante que los padres de ahora se esfuercen por cambiar el paradigma de crianza.

Al hacerlo, es vital que no solo se guíen por las voces de los expertos o de terceras personas, pues aunque es importante nutrirse de herramientas pedagógicas, también es muy esencial darle voz a tus propios hijos.

A lo largo de su vida, interésate por él, por lo que piensa sobre su familia, sobre la vida escolar, sobre sus derechos y sus aficiones; ayúdalo a construir un ambiente interno saludable, una personalidad serena. Enséñalo a ser consciente de sus actos; todo esto contribuirá a que tu hijo se sienta satisfecho con su vida, lo cual es otro de los pilares fundamentales que todas las personas necesitan para aprender a sentirse felices.