Alimentación e hijos: aciertos y errores

 

Alimentación puede que sea una de las palabras más escuchadas en los últimos años. Aunque el tema sea polémico, cada vez más se busca saber qué es acertado poner en nuestra mesa.

Cuando se trata de nuestros hijos, la preocupación se multiplica ya que se añade la pregunta: ¿Cómo hacer para que nuestros hijos coman?

A veces puede ser complicado en la alimentación de nuestros hijos hacerles aceptar los alimentos más sanos. Pero la verdad es que, después de ver tantas madres y padres lidiando con el tema de la alimentación de sus hijos, yo continúo creyendo que somos nosotros, los adultos, los que nos complicamos la vida.

¿Concederles o no un capricho en su alimentación?

No sé qué nos pasa, pero cuando estamos educando a nuestros hijos muchas veces nos olvidamos completamente de cómo somos los adultos: personas con fallos, caprichos, fragilidades, etc. ¿A que nos puede pasar que lleguemos a casa por la noche y no nos apetezca cenar? ¿Que a veces, por ejemplo, solo nos apetezca fruta?

¿Por qué cuando toca a nuestros hijos sentir esas ganas les decimos: “Si tienes hambre para el postre, tienes hambre para la comida”?

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¿A que no se trata de hambre, sino de un capricho? ¿Y por qué tenemos pánico de conceder un capricho de este tipo a nuestros hijos si es lo más natural del mundo que eso también nos pase a nosotros?

Es como si quisiéramos arreglarlo todo desde el principio para evitar problemas futuros, como si la vida fuera un gráfico de crecimiento hacia arriba sin altibajos. O como si quisiéramos presentarnos a ellos como sujetos sin fallos para excluir la posibilidad de que ellos también cometan fallos.

¿Por qué complicamos las cosas?

Una de las cosas más difíciles para el ser humano es aceptar que la vida es cambiante y actuar dentro de esta perspectiva.

Casi todo lo que le pasa a un niño, al menos antes de los siete años más o menos, es bastante cambiante. Por eso debemos evitar cerrar las cuestiones o ponerles rótulos.

Yo suelo decir que es la época en que más caso nos hacen, ya que siempre podemos insistir en cosas que para nosotros son importantes y que tarde o temprano tu hijo irá aceptando y asumiendo lo que esperas de él.

Con el tema de la alimentación pasa lo mismo. Por ejemplo, si un día cocino frijoles, le ofrezco a mi hijo y a él no le gusta, la próxima vez que hayan frijoles, yo cometo el error y me adelanto a diciendo: “No le gusta”. Entonces ya está, el niño se lo cree y los frijoles pasan a estar fuera del abanico de sus opciones.

La crianza no deja de ser un juego de palabras cruzadas: o tú le convences a él o él a ti. En el ejemplo citado antes, él te ha acabado convenciendo de que no le gustan los frijoles. Otra manera de actuar sería soportar que él no coma los frijoles ese día, ofrecerle otra comida(si te resulta fácil y si no estás muy agotada), y al cabo de unos días volver a ofrecerle los frijoles.

Lo que suele pasar es que cuando vuelves a ofrecer lo mismo una y otra vez, ellos suelen comerlo. Si es el caso de que realmente no les gusta una comida, seguirán diciendo que no y entonces no queda otra que respetarlo.

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Muchos padres dudan si deben hacer otra comida para sus hijos cuando no quieren comer la que está en la mesa. Yo opino que eso depende mucho más de lo cansado que uno está que de otra cosa.

Cierto es que eso no debe en absoluto volverse una regla. Cada uno debería intentar diferenciar cuando su hijo dice que no quiere comer algo solo por llevarte la contraria, para en este caso poder decir con toda la calma: “Mira, lo siento, es lo único que hay para comer.”

Evitemos hacer un drama cuando nuestros hijos no quieran comer. Intentemos simplemente tomárnoslo con calma y seguir ofreciéndoselo con estrategia. Al final, estoy segura de que su nevera está llena de opciones y que hambre no pasará.

Lo que sí suele pasar es que las madres o padres nos ponemos nerviosos cuando nuestros hijos no quieren comer o a veces bordes cuando tienen algún capricho, y si el niño acaba percibiendo que ese es un tema que nos saca de quicio ¡ya está! Le estás poniendo en bandeja qué es lo que tiene que hacer cuando quiera imponer su no.

Mejor intentar dejarle otros espacios para imponerse, que no ese de la alimentación, que es un tema tan vital y tan importante para ellos.

 

 

 

 

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