¡Adoro ser mamá!

Macarena46 2 febrero, 2017

No me canso de repetirlo una y otra vez: ¡Adoro ser mamá! Desde el instante en que mis ojos, entre lágrimas, apreciaron el positivo, supe que mis días cambiarían de rumbo. La vida tenía preparado para mí el más bello regalo que jamás alguien pudiera obsequiarme.

Y así transcurrieron los días. De buenas a primeras, mi vientre comenzó a expandirse. Mi propio cuero se había convertido sin más en cuna. Allí comencé a experimentar una de las sensaciones más extraordinarias: sentí vida agitándose en mi interior.

Esas primeras pataditas no fueron nada. Las fichas cayeron todas juntas puntualmente en una consulta. Escuché por primera vez los latidos de su corazón. Entendí así que un pequeño ser formaba parte de mí, y me conocería como nadie.

Ese ser, que osó a redefinir la palabra felicidad de mi diccionario, llegó para enseñarme a vivir. Me explicó lo que es el amor de verdad. Me dotó de una fortaleza y valentía inigualable. Colmó mis días con su frescura e inocencia. Y, fundamentalmente, inculcó en mí el don del sacrificio.

Motivos por los que adoro ser mamá

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Son varios los motivos por cuales siento esto. Sí, no lo niego y me enorgullezco: ¡Adoro ser mamá! No hay forma de explicar lo esencial de la existencia de mi hija para mí. Pues en cada etapa de su desarrollo redescubrí mi capacidad de asombro, mi ternura y sensibilidad anestesiada.

Tan pronto como llegó, sentí mi corazón explotar de emoción, y de amor. Las noches eran duras, es imposible negarlo. También adoré cada madrugada levantándome solo para asegurarme que mi bebé esté bien. Ver su posición, sentir su respiración y dejar escurrir algún mimo agazapado.

Luego llegó la hora de poner a prueba mi valentía frente al dolor. Aprender a lidiar con los llantos, mientras sacaba a relucir mi lado artístico. Es momento de acudir a las nanas y la teatralidad. Posteriormente llegaría el momento de luchar entre purés y papillas de frutas y verduras.

¡Adoro ser mamá! Esa misma madre que comenzó a hacer atletismo tras su hijo. Primero arrancó la aventura con el gateo, luego con sus primeros pasos. Esa mujer que supo sacrificar un cuerpo de ensueño por uno que lleva, cual trofeos de guerra, las marcas de la maternidad.

Grítalo a los cuatro vientos: ¡Adoro ser mamá!

Grítalo a los cuatro vientos, no le ocultes a nadie esta maravillosa verdad: ¡Adoro ser mamá! Soy una mujer que comenzó de buenas a primeras a tropezar con juguetes. A hacer malabares entre tareas domésticas, responsabilidades laborales y necesidades de mi más preciado tesoro.

Lo mejor de todo es que a fuerza de la maternidad he aprendido muchas cosas. Una de ellas fue a apreciar los más simples pero gratificantes detalles. La suavidad de una piel, la sinceridad de unos ojos, la inconencia de su pequeño ser.

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Todo ello, en suma, me ha llevado a comprender hasta qué punto es fuerte el verbo amar. Entendí que tras mi embarazo acudí a una cita a ciegas donde conocí a quien se convirtió en el amor de mi vida. Descubrí un amor puro, real, profundo. Incondicional e infinito: simplemente inigualable.

No pude dejar de sentir admiración ni un solo momento. Al verlo jugar y tomarse ese juego tan enserio me enamoré de su inagotable imaginación. Al ver su curiosidad y esa insaciable sed por aprender sobre el mundo que lo rodea solo experimenté devoción.

Por todo ello y por mucho más no puedo hacer otra cosa que sentir un orgullo que no cabe en mi alma. Efectivamente, estoy orgullosa de haberme convertido en madre. Una madre que mata y muere por esa pequeña parte de mi ser.

¡Adoro ser mamá! Y eso nada lo cambiará. Amo a mi niño, con virtudes y defectos. Es el sol que puso color a mis días desde el instante en que me enteré de su existencia. La música de mis mañanas, la verdad de mi mundo. Mi hijo es esa estrella que, a tan corta edad, ilumina mis pasos.

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